El cardenal a juicio - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 05 de Mayo, 2018
El cardenal a juicio | La Crónica de Hoy

El cardenal a juicio

Manuel Gómez Granados

La noche del lunes 30 de abril de la Ciudad de México, mañana del martes 1 de mayo en Melbourne, Australia, Belinda Wallington, magistrada de aquel país, anunció que había suficiente evidencia en contra del cardenal George Pell para enjuiciarlo por el supuesto papel que habría tenido en el encubrimiento de una red de sacerdotes católicos, pederastas y abusadores sexuales que operaba en los setenta desde una parroquia de la diócesis de Ballarat, pequeña ciudad a poco más de 100 kilómetros al poniente de Melbourne, en el extremo sureste de Australia.

De igual modo, en un segundo juicio, deberá enfrentar cargos por su posible papel en el manejo de acusaciones de abusos contra sacerdotes de la arquidiócesis de Melbourne, que presidió de 1996 a 2001.

La decisión de la magistrada fue posible gracias a que el papa Francisco decidió que Pell estuviera disponible para limpiar, como ha dicho de manera repetida, su nombre. Tristemente, esa decisión ha sido —ya desde que se hizo pública— motivo de críticas de la extrema derecha católica. Esos grupos, lejos de apostar a la transparencia y la rendición de cuentas, apuestan a la secrecía y la opacidad sin aceptar que, al hacerlo, hunden a la Iglesia en un pantano de mentiras e hipocresía cuya consecuencia inevitable es mayor desconfianza en la Iglesia.

Ellos hubieran preferido la repetición de la fórmula de 2002, cuando otro cardenal, Bernard Law, quien enfrentaba cargos similares por su trabajo al frente de la arquidiócesis de Boston, eludió un juicio en EU al ser llamado a Roma. Quienes ahora se quejan porque el papa Francisco no repitió esa fórmula, olvidan a las muchas personas que se han alejado de la Iglesia, de los sacramentos y de Dios, por la percepción que se tiene de ese tipo de maniobras. No son suposiciones; son procesos que están documentados en la caída de la confianza en la Iglesia como institución, así como en la caída en el número de personas que se acercan a los sacramentos en las diócesis que han tenido el cuidado de investigar este tipo de situaciones, que lamentablemente no son pocas.

Es una de las razones por las que, después del difícil viaje del papa Francisco a Chile, el cardenal de Boston, el franciscano Sean O’Malley, quien preside la Comisión para la Protección de los Menores de la Santa Sede, no perdió tiempo y voló a Perú. Ahí se reunió con Bergoglio, a pesar de la estrechez del tiempo, para hacerle ver la necesidad de un drástico golpe de timón que sacara a la Iglesia del pantano en el que lo habían colocado la insuficiente información que los obispos y el nuncio en Chile habían dado al papa acerca de Fernando Karadima. Por ello envió a Joseph Scicluna a reabrir la investigación y, por eso, el papa se reunió el pasado fin de semana con tres de las víctimas de Karadima, gesto que se completará con la reunión de finales de mayo del papa con el pleno de los obispos chilenos en Roma.

Estamos, pues, en una situación paradójica en la que un sector de la jerarquía de la Iglesia, el que encabezan el papa Francisco y el cardenal O’Malley, han reconocido la gravedad de los casos de abuso y la necesidad de profundizar la reforma de la Iglesia para evitar que se repitan este tipo de problemas y otro sector de la jerarquía y de organizaciones de laicos, los de la extrema derecha, que tratan por todos los medios de aferrarse a los privilegios que hundieron a la Iglesia en la situación que vivimos ahora. Ojalá prevalezca el papa Francisco.


manuelggranados@gmail.com

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