Faltan pocas reformas para ser un país moderno: SHCP | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 07 de Mayo, 2018

Faltan pocas reformas para ser un país moderno: SHCP

El titular de la SHCP, en un encuentro con el Consejo Editorial de La Crónica de Hoy, expone los retos que enfrenta el país, más allá de quien gane la elección

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El secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio González Anaya, llama a no cuestionar el rumbo económico del país, porque estamos “a nada del punto de no retorno” para hacer que México sea, definitivamente, un país moderno. También dice que el buen desempeño económico se debe a una “política monetaria y fiscal conservadora y sólida” y a las reformas estructurales que, por no ser clientelares, no han sido apreciadas en toda su magnitud.

En reunión con miembros del Comité Editorial de Crónica, González Anaya consideró que no hay condiciones políticas, técnicas o financieras para echar para atrás la reforma energética y que es positivo que todos los candidatos a la Presidencia estén de acuerdo con el libre comercio, pero advirtió que no se debe subestimar el daño que puede hacerle un mal presidente al país.

Aquí, un resumen de la conversación, en la que el titular de Hacienda se mostró siempre de buen humor:

El Secretario introdujo la plática con una visión general de la situación económica del país. Es una visión positiva desde la primera frase.

“México ha tenido un buen desempeño económico, sobre todo en los últimos años”; empieza diciendo.

Subraya que enfrentó un entorno económico complicado: en primer lugar por la baja en los precios internacionales del petróleo, luego por la caída en nuestra propia producción de crudo; también tuvo que enfrentar una recesión en Estados Unidos y mercados financieros signados por el nerviosismo. Hace hincapié en que el choque petrolero fue “bien grande”: una caída del 70% en los precios del crudo.

González Anaya subraya que, a pesar de eso, el PIB en México creció a una tasa promedio de 2.8 por ciento anual; “más que Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Estados Unidos o la Unión Europea”.

El secretario de Hacienda se pregunta: “¿Qué se hizo diferente?”, y se responde. Por un lado, se mantuvo “una política monetaria y fiscal conservadora y sólida”, ya que “no hay país que pueda crecer de manera sostenida sin una política fiscal responsable”; por el otro, la serie de reformas estructurales aprobadas en los primeros años de la administración de Peña Nieto.

Enumera virtudes de las reformas. Sobre la energética señala que ha atraído inversiones por 200 mil millones de dólares, y acota, “no hay manera de que Pemex pudiera invertir esa cantidad”. Sobre la de telecomunicaciones, que las tarifas se han reducido a la mitad y la cobertura se ha cuadruplicado.

Un punto interesante es sobre la reforma fiscal, tan vilipendiada. González Anaya subraya que ahora hay menos dependencia presupuestal respecto al petróleo (17 por ciento) y concluye que “sin reforma fiscal la caída en los precios del petróleo nos tendría ahorcados”. Finalmente, sobre la reforma financiera, asegura que hay más crédito y con intereses más bajos.

También enunció el tema de carreteras como parte de lo que se ha logrado cambiar en el país. “Ahora tenemos carreteras de cuatro carriles como decía el viejo anuncio: de Mérida a Ensenada”.

El secretario termina su exposición inicial diciendo que los énfasis fueron: estabilidad macroeconómica, reformas estructurales y vigencia del estado de derecho; y que ahora deberían mantenerse, pero en orden inverso, con el tema del estado de derecho al frente.

La primera pregunta fue por qué, si el diagnóstico sobre la economía es tan positivo, la popularidad del gobierno es baja, y al candidato del PRI no le está yendo bien en las encuestas

González Anaya empieza con una admisión: “Hay una profunda desconexión entre la clase política y los funcionarios con el resto de la población”. Acota que es un fenómeno mundial, que ha tenido expresiones electorales en otros lados.

El segundo punto es que, “las reformas –afortunadamente- no fueron clientelares” y que, si bien benefician al grueso de la población, no están destinadas a ningún grupo beneficiario en específico. “Con políticas clientelares tienes a un grupito de gente y das rentas, por lo que te defiende muy fuerte, pero sacrificas a 120 millones”. Pero, por lo mismo, “si le preguntas a alguien en la calle de qué sirvió la reforma en telecomunicaciones”, no te va a responder, aunque pague menos que antes.

La tercera razón, considera, han sido los escándalos de corrupción de algunos gobernadores. Recuerda que algunos están en la cárcel –“algo inédito”-, pero que eso se toma menos en cuenta que el daño patrimonial que causaron.

También, asegura, se creó la idea de un país rico, que lo tiene todo. Y si se educa a las personas creyendo esto, si algo va mal siempre la culpa será del gobierno.

Finalmente, dice, “lo que nos falta en el tema de estado de derecho”.

Un segundo tema obligado era la pregunta sobre la posibilidad de que las reformas estructurales puedan ser revertidas. González Anaya inicia su respuesta con una reflexión de más fondo.

“Estamos a nada de estar en un punto de no-retorno”, dice. Lo explica: sólo se requerirían unas pocas reformas más para hacer irreversible el proceso de modernización en México, independientemente del partido en el poder. Evidentemente, esas pocas reformas tendrían que hacerse en el próximo sexenio.

Llama a no cuestionar el rumbo. Dice que podemos ir más rápido y mejor, “pero de eso, a tomar modelos de hace 40 años…”. Advierte igualmente: “No hay que subestimar el daño que un mal presidente puede hacerle al país”.

Ya sobre el punto, González Anaya recuerda que muchas son reformas constitucionales, y requieren un camino largo y sinuoso para ser echadas para atrás. Requieren dos tercios en el Congreso de la Unión y también la aprobación de la mayoría de los congresos locales. Al respecto recordó que ningún partido ha tenido esos dos tercios desde 1988.

Y siendo más específico, el también exdirector de Pemex dice que, en el tema de la reforma energética, la dura realidad superará cualquier intento de echar atrás la reforma. Recordó que todas las empresas petroleras del mundo trabajan en alianzas, ya que ninguna puede con todo, y sólo las alianzas son, realmente, sujetos de crédito.

“Pensemos en la proporción de la inversión. Para un pozo en aguas profundas se requiere una inversión de 11 mil millones de dólares; de esos, se necesita invertir 4 mil millones antes de sacar el primer barril de petróleo”. Con esas proporciones, concluye el funcionario, no hay empresa que pueda sola.

Para concluir recuerda que una cosa positiva es que “el libre comercio no es tema de esta elección. Todos están de acuerdo”.

Una pregunta final fue sobre el por qué él pondría al revés los énfasis a futuro. ¿Por qué primero el estado de derecho?

González Anaya dice que porque hay mucho qué hacer en esa materia. Considera que es necesaria una interacción menos difícil con el sistema judicial mexicano (y da como ejemplo las dificultades para castigar a las bandas que roban combustible) y que también se requiere actuar con lógica para derrotar a la impunidad.

Pone como ejemplo positivo el alcoholímetro. No hay manera de esquivar el castigo pero, sobre todo, se trata de un castigo proporcional a la falta cometida. Castigos excesivos crean mecanismos que complican la procuración de justicia.

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