Violar en grupo, disolver en ácido… misma cosa

Marcel Sanromà

Ayer en la mañana desperté con un mensaje de una amiga catalana que me mandaba, escandalizada, una noticia sobre una violación en grupo a una adolescente india, a la que después quemaron viva dentro de su casa. Sí, le dije, yo mismo escribí la nota en el periódico. No me sorprende que una monstruosidad semejante llame la atención en Barcelona y en España en general, que estos días vive inmersa en el debate sobre la suave sentencia a La Manada, el grupo de cinco cobardes miserables que aprovecharon la borrachera en los Sanfermines de Pamplona de 2016 para acorralar, acosar, violar, grabar, humillar y robar a una joven de 18 años.

Ellos no la mataron (como sí ha ocurrido a otras chicas en situaciones parecidas en España), porque en los últimos años el debate feminista ha ganado fuerza en todo el mundo, pero muy especialmente en el país ibérico. Así, dicha sentencia, que ha recibido críticas desde el propio gobierno español, de derecha conservadora, y de la ONU, despertó protestas multitudinarias en ciudades de todo el territorio español.

Y no la mataron porque en España la ley se aplica. Misma razón por la que estos ladrones de oxígeno, que tenían un grupo de Whatsapp en el que se jactaban de sus fechorías sexuales y planeaban nuevas violaciones, llevan casi dos años en prisión preventiva. Y les va a tocar cumplir, si las apelaciones no modifican la sentencia, siete más.

En la india, los agresores prendieron fuego a la vivienda de la familia de la menor, con ella dentro, porque estaban enojados por la sentencia de uno de los consejos vecinales, llamados panchayat, que, en zonas rurales o remotas, ejercen su particular ley sin ningún tipo de respaldo oficial del gobierno. La sentencia fue pagar 50 mil rupias, unos 750 dólares y hacer 100 abdominales. Sí, no es broma. Sí, abdominales. Y se enojaron. Y quemaron viva a la joven.

Las autoridades indias se han apresurado a detener a los culpables y a asegurar que se hará justicia, pero ocurre en casos que, mediáticamente, traspasan las fronteras del país y llegan a miles y miles de kilómetros. La realidad es que el problema de las violaciones es especialmente grave en la India porque el Estado no alcanza a aplicar sus leyes. De hecho, este nuevo caso salta a la luz ni dos semanas después de que el gobierno aprobara endurecer las penas contra los violadores, e incluso legislara permitir condenar a muerte a violadores de menores de 12 años.

Este problema se llama impunidad, y es bien familiar en México y en buena parte de América Latina. La semana pasada aquí amanecimos escandalizados por la truculenta muerte de tres estudiantes de cine en Jalisco, a quienes un cártel confundió con narcos, y se sospecha que los disolvieron en ácido. ¿Cómo puede suceder esto? Porque no pasa nada. Porque no hay consecuencias. La corrupción ha permitido que el narco penetre hasta lo más profundo de las estructuras del Estado mexicano. Los policías, o son corruptos o no tienen recursos para arrestar a los delincuentes. Los jueces, o son corruptos o no tienen recursos para juzgar a los delincuentes. Y los gobernantes, o les da lo mismo o no pueden hacer mucho tampoco si no pueden apoyarse en jueces y policías.

Y las agresiones sexuales no son una excepción. ¿Cuántas madres han relatado, por ejemplo en el Estado de México, que los agentes les sugieren que si quieren que sigan adelante con la investigación deben buscar ellas mismas las pruebas?

Por un lado, esto ocurre porque los policías no tienen recursos para investigar la cantidad ingente de casos de violencia sexual que se les acumulan en los despachos, y por el otro, porque las ganas de investigar estos casos están, cuanto menos, en duda. No olvidemos que el machismo está profundamente arraigado en la sociedad mexicana que hace menos de tres semanas un juez de Oaxaca llamado Luis Salvador Cordero Colmenares redactó en una sentencia que debe haber eyaculación para acreditar una violación. Sí, en abril de 2018.

Cada problema debe contextualizarse para entenderse en su totalidad, pero la causa que subyace en todos los grandes problemas de América Latina y en buena parte del mundo menos desarrollado es la impunidad que impregna todas las esferas de la sociedad.

 

marcelsanroma@gmail.com

 

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