La Unidad priista - Wilfrido Perea Curiel | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 08 de Mayo, 2018
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La Unidad priista

Wilfrido Perea Curiel

Estrictamente por rigurosidad analítica no se puede aseverar que José Antonio Meade ha quedado fuera de la contienda presidencial, es decir, sus posibilidades, de existir, rayan en lo hipotético, casi en probabilidades matemáticas, mismas que no encuentran asidero en la realidad concreta. En el imaginario colectivo Meade ya perdió desde hace varias semanas y en política la percepción lo es casi todo. 

El mal curso de la campaña de Meade puede tener muchas explicaciones, pero su principal causa habita en Los Pinos. Su promotor se equivocó en el personaje, en el método y en su diagnóstico político. A destiempo jugaron al tapado con todo y su anacrónica liturgia, lo cual, hacía adentro, irritó al priismo que ya estaba bastante agraviado por los excesos de la camarilla de Videgaray. Hacia afuera, la ciudadanía vio con repugnancia como un partido altamente cuestionado y un gobierno con una popularidad exigua ignoraban el reclamo popular e insensiblemente sacaban de su sarcófago a Fidel Velázquez para restituir el viejo dedazo.

Ochoa Reza fue enviado a presidir el tricolor hace poco menos de dos años. Llegó por la ventana, con una credencial de militante hechiza. Peña Nieto lo mandó para que todo mundo entendiera el mensaje: el presidente podía hacer del PRI lo que quisiera y los priistas tenían que aguantarse.

Un verdadero déspota ilustrado, miembro de la burbuja de Videgaray, Ochoa Reza, ya sea por desconocimiento o deliberadamente, poco abonó a la cohesión del partido que dirigió y que nunca llegó a conocer. De hecho, puede ser señalado como uno de los principales factores de la separación que hoy media entre la militancia y la campaña de Meade. 

En el papel funcionaría un servidor público de blanca trayectoria, sin militancia tricolor y de probada capacidad técnica: José Antonio Meade, sólo que la maldita realidad complicaría tan bonito trazo en el bosquejo.  La formula debió de haber sido algo muy difícil de procesar para los cuadros históricos del PRI, un candidato presidencial, un dirigente del partido y un jefe de campaña sin militancia tricolor.

La campaña de Meade nunca despegó porque adentro del PRI lo vieron como ajeno, una suerte de turista, en tanto, el grueso de la sociedad lo veía, como lo que es: un encumbrado miembro de la élite gobernante y el candidato de Peña Nieto. No hay más nada que decir.  La primera fase de su campaña radicaba en aglutinar al priismo, fraguar a la militancia, garantizar la causa interna. Esta etapa salió mal, deberían preguntarle a Ochoa a cuántos liderazgos maltrató o cuántos acuerdos incumplió.

Finalmente, al cuarto para las doce, cuando ya todo parece estar perdido, Meade Kuribreña llama a jugársela a muerte, ya no se avergüenza de ponerse chamarra roja —aunque sin logo— y aparece en público con Carlos Romero Deschamps. No hay tal unidad priista, este partido está muy partido y por más que René Juárez le pegue duro a la tambora eso no va a lograr encender el ánimo de una militancia que fue brutalmente apaleada por el primer priista del país.

René Juárez no llega para relanzar nada, aunque sí para intentar aminorar el éxodo que se viene, de priistas hacia Morena. Pocos apuestan en realidad a esta campaña fallida y depositan ya su atención a la tragedia de “un día después”. Juárez Cisneros podría, si acaso, contener un poco las tensiones y evitar que el tricolor se rompa en el segundo semestre de este año. Gobernadores como Del Mazo, mueven ya sus fichas para quedarse con el trozo mayor, dejando a un lado su compromiso para con Meade. Grupos internos empezaran a manifestarse y a presionar más, una vez que a los priistas de ocasión, unos verdaderos boy scouts en busca de aventura, se les acabe la fiesta y vengan a cobrarles la factura por la peor derrota electoral del PRI en su larga historia. El priismo ha entrado en fase de control de daños, la nave se estrellará, hay perspectivas cruzadas, muchos intereses en medio y la lucha ahora es por imponer la narrativa de la derrota.

pereawilfrido@me.com

 

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