Narran las emociones y dolores que generan los cinco sentidos | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 08 de Mayo, 2018

Narran las emociones y dolores que generan los cinco sentidos

Patricio Betteo presenta su libro de relatos cuyo eje son el gusto, oído, tacto, vista y olfato. Las historias muestran como se exaltan o disminuyen éstos, añade el autor

Narran las emociones y dolores que generan los cinco sentidos | La Crónica de Hoy
Una de las historias que están en el libro Cinco.

Un hombre buscó el sabor perfecto y lo encontró en la carne de una mujer pero con ello, cavó su sentencia a muerte; la desilusión que vive un joven ciego cuando su amor se va sin despedirse y la historia de cómo en el Club del Silencio se guardan los sonidos en un frasco, son algunas de las historias que cuenta a través de ilustraciones Patricio Betteo (México, 1979), en su libro Cinco.

“Mi primera inquietud fue evitar una historia larga, me siento más cómodo en los formatos narrativos cortos y me di cuenta que los cinco sentidos eran un terreno muy fértil, provechoso para hacer algo que no tenía idea de cómo resolvería. El reto imaginativo y creativo fue hacer exploraciones para que cada historia tuviera  personalidad diferente”, comenta el autor.

Esta publicación editada por La Cifra Editorial, contiene relatos que exaltan o disminuyen los cinco sentidos: un hombre perdió la vista por el golpe de un rayo, un pintor no posee el sentido del olfato, unas niñas han decidido comunicarse sin palabras, un condenado a muerte no ha encontrado la comida que le satisfaga y una curiosa chica que entra a un tactorama.

En cada una de las historias, Patricio Betteo utilizó una técnica diferente. “Es parte de mi estilo, me gusta hacer exploraciones visuales y más que pensar en un estilo, me gusta tener un vocabulario visual diferente. Mi experimentación tiene que ver con que me aburro fácil y usar ese vocabulario es una forma de mantenerme despierto y entusiasmado”, señala.

 En este libro, el ilustrador mexicano utiliza en 80 por ciento la técnica digital, excepto en Los videntes, historia del joven ciego ­desilusionado y Tactorama, relato en donde ciertas texturas le recuerdan a una joven sus momentos perfectos. Para ambos, el autor realizó dibujos a lápiz.

¿Siente una fascinación por la muerte?, se le pregunta. “Sí. Mato a mis personajes o siempre los pongo en situaciones trágicas y dramáticas. Me gusta incluir la presencia de la muerte combinada con un dibujo que no es para adulto pero que atrae a un público infantil o juvenil y con temáticas más complicadas”.

Por ejemplo, señala, en las historias más satíricas y negras como Tres tiempos y Técnica mixta, la ilustración es sencilla pero con lenguaje policiaco y de suspenso. En contraste, añade, “la historia El Club del Silencio, es una versión muda y minimalista, casi infantil por la forma de contar la historia y las pocas palabras en los diálogos. Creí que eso funcionaba para esa historia porque versa sobre la inocencia”.

¿Qué piensa de la asociación de historietas y mensaje moral?

—Alguna vez me preguntaron si quise dar un mensaje a la sociedad sobre las personas con discapacidad. Pienso que quizá y me encanta que ese tipo de enseñanzas salgan solas y que cada lector las encuentre e interprete a su manera; por eso me gusta la poesía porque no hay una regla de cómo leerla, no hay ninguna interpretación real.

Patricio Betteo también trabaja como ilustrador para diversas editoriales: Fondo de Cultura Económica, Alfaguara, Santillana y SM, ¿cómo cambia el valor del ilustrador cuando su trabajo es acompañar con imágenes el libro de otro autor?, se le pregunta.

“Hay momentos en que el texto ya está escrito y puede ser de un autor muerto hace décadas, en esos casos no hay ninguna interacción. O momentos en que escritor e ilustrador pueden dialogar para una forma de visualizar el texto. La valoración del ilustrador depende de cada caso, hay veces en las que soy considerado productor y en otras, nada más un colaborador invisible que puso su parte para darle un empujón a un libro”, responde.

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