Nacional

La voz inaudible de las víctimas

Víctimas de la violencia en el país fueron convocadas, llegaron desde sitios lejanos de México para un evento en el que no tuvieron voz. Una ironía, considerando que “Voz de las víctimas” era la leyenda que acompañaba al evento. Silenciados continuamente al increpar a algunos de los candidatos presidenciales, contuvieron una vez más la impotencia.

Margarita Zavala, la esposa del expresidente que inició la guerra contra el narco, canceló su participación, se disculpó por su inasistencia argumentando que se debía a “un tema exclusivamente de agenda”.

Víctimas y candidatos fueron citados en El recinto de lo que no debió haber ocurrido, el Museo Memoria y Tolerancia, edificación que contiene la histórica de crímenes de odio y contra la humanidad.

A cuatro filas de distancia entre las butacas y los presidenciables, la madre de la joven Rubí, quien se encuentra desaparecida desde 2012, escuchaba atenta y silenciosa. Araceli Salcedo no saltó a la luz pública por las tareas de búsqueda de desaparecidos en fosas comunes, sino por la tarde en que increpó al exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, por la impunidad e indiferencia gubernamental hacia los desaparecidos.

Butacas atrás, sentados juntos, se encontraban Patricia Espinosa, hermana del fotoperiodista Rubén Espinosa, quien fue asesinado en el multihomicidio de la colonia Narvarte en 2015; Juan Carlos Trujillo, quien busca a cuatro de sus hermanos, cinco de sus compañeros de trabajo y es miembro fundador de la Brigada Nacional de Búsqueda. Estaba también Angélica Rodríguez, quien pertenece a la morelense Regresando a Casa, ella se integró a  la organización después de que su hija Viridiana Anaid desapareciera el 12 de agosto de 2012, en San Pedro Tlanixco, Estado de México.

Ricardo Anaya entró al auditorio en compañía del exombudsman Emilio Álvarez Icaza y del poeta Javier Sicilia, ambos miembros del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Sicilia sufrió el homicidio de Juan Francisco Sicilia, su hijo de 24 años.

Anaya llegó tarde y se tomó su tiempo para saludar a la primera fila del auditorio. Fue hasta el lugar donde se encontraba la fundadora de Causa Común, María Elena Morera, la mujer que ha puesto en la agenda pública la ausencia de formación de las policías mexicanas. Eso fue  una referencia continua en la presentación de Ricardo Anaya.

Como es costumbre del candidato Ricardo Anaya, pasaban entre sus manos las presentaciones de Power Point que le dan continuidad a su discurso.

El candidato más joven de los presidenciables se mostró menos seguro que otras veces, en otros escenarios; esta vez debió hablar frente a las víctimas del “problema más grave que tiene el país”.

Desde su puesto de moderadora, Elena Varela expuso cuales serían los cuestionamientos que surgieron desde organismos de la sociedad civil y que tendrían que responder los candidatos: si abrogarían la Ley de Seguridad Interior; la agenda para retirar al Ejército de las tareas policiales; si se conformaría una fiscalía anticorrupción autónoma e independiente, y si considerarían la legalización de la mariguana en casos de consumo personal.

Asegurando que nos encontramos como país “peor que nunca” indicando que los años más devastadores han sido el 2017 y lo que va del 2018, Ricardo Anaya aseguró que diez años habrían sido más que suficientes para resolver la inseguridad en México. Sin embargo, cuando fue cuestionado sobre el plazo en el que él resolvería el problema de llegar a ser presidente, expuso: “Fijar un plazo me parece demagógico”. El presidenciable cuestionó a los moderadores sobre porqué inquirían si se abrogaría la Ley de Seguridad Interior... no hubo una respuesta clara.

El candidato presidencial de Macuspana Tabasco, Andrés Manuel López Obrador, sorprendió al auditorio y si quería generar empatía entre las víctimas de violencia, lo logró: hizo una invitación pública al padre Alejandro Solalinde para presidir la Comisión Nacional de Derechos Humanos. No sólo esa invitación causó impacto entre los asistentes, Obrador invitó a sumarse a Javier Sicilia, quien tras la muerte de su hijo Juan Francisco fue precursor del Movimiento Por la Paz con Justicia y Dignidad.

En su participación, Obrador evitó un pronunciamiento definitivo en torno a la legalización de la cannabis, tema que envió a consulta pública: “Afecta más a la salud pública el tabaquismo y el alcoholismo que otras drogas. Si eso es lo que conviene y se decide por todos, será asumido”.

Las causas de muchos males las atribuyó a la arraigada pobreza y la erosión de los valores. Al finalizar su participación se acercaron a él cariñosamente María Elena Morera, Araceli Salcedo y el padre Solalinde.

Una tercera parte de los asistentes se esfumó detrás de Obrador, dejando con varias butacas vacías la participación de Jaime Rodríguez Calderón, el gobernador con licencia inició el diálogo asegurando que de todos los aspirantes presidenciales él es el único que en carne propia ha experimentado la violencia que azota al país: “Mi hija de dos años fue secuestrada, mi patrimonio destruido y mi hijo mayor murió por la delincuencia”.

El candidato neoleonés fue increpado por los familiares de víctimas, después de ser cuestionado sobre la Ley de Seguridad Interior de la que se pronunció a favor. El malestar aumentó entre los espectadores al tocar el tema de la tendencia de aumento de las violaciones a los derechos humanos. El aspirante presidencial independiente aseguró que son escasos los militares señalados y que están siendo juzgados por esas faltas. Por propia experiencia y conocimiento las víctimas no concordaban con El Bronco.

Para José Antonio Meade el escrutinio de los asistentes fue más aún más severo.

Su argumentación fue fluida, así como su precisión en el conocimiento institucional sobre la violencia en México, pero fue quien más recibió reproches de quienes lo escuchaban, más aún después de afirmar sobre la capacidad gubernamental de construir instituciones funcionales.

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