“La fotografía se convierte en una disciplina de observación”:Rafael Doníz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 09 de Mayo, 2018

“La fotografía se convierte en una disciplina de observación”:Rafael Doníz

Rafael Doníz habla de su reciente libro De Gigantas y otras Quimeras, conformado por 235 imágenes que narran escenas imprevistas de la Ciudad de México, París…

“La fotografía se convierte en una disciplina de observación”:Rafael Doníz  | La Crónica de Hoy

"En la ciudad habitan quimeras. La urbe tiene una parte de ebullición, es una gran fuente de imágenes que aparecen y desaparecen constantemente”, comenta en entrevista Rafael Doníz (Ciudad de México, 1948), quien desde sus 25 años cuando era alumno de Manuel Álvarez Bravo hasta hoy que celebra sus 70 años, fotografió lo efímero de ciudades como México, Alemania, Francia y España. Ahora ese trabajo se reúne en el libro De Gigantas y otras Quimeras.

La publicación editada por Artes de México y que se presentará este sábado en el Museo del Estanquillo, muestra en 235 fotografías, la ironía de los espectaculares y algunos momentos insólitos como un elefante en una calle de Xochimilco, un señor orinando sobre una promesa de campaña política o el anuncio con varios rectángulos que forman la imagen de una mujer desnuda.

“Hace unos años empecé a revisar mis archivos y encontré una imagen que me llamó la atención. Era de 1975 y vi una frase pintada sobre una barda, era una frase de campaña política que decía: `el más alto deber´. Ese letrero terminaba en una esquina y de las tantas veces que fui, se me dio la gran oportunidad de que un muchacho se parara en la esquina y orinara”, recuerda.

La fotografía quedó guardada. Rafael Doníz no se la enseñó a su maestro porque a Álvarez Bravo no le gustaban imágenes irreverentes, temía que lo regañara.

“Don Manuel nunca daba una clase de manera tradicional, él era un hombre de vivencias, autodidacta, tenía su forma de enseñar y una de ellas era provocando a su discípulo. Cuando salíamos me decía: ¿Ya vio? Me metía en una situación embarazosa porque no podías sólo decir: me gusta. Después, con los años empecé a entender que ese ‘ya vio’ tenía un contenido muy importante: aprender a ver. La fotografía se convierte en una disciplina de observación”, señala.

Para Doníz la fotografía es un medio de expresión, vida y luz. “Cuando duermo y tengo un sueño muy profundo, abro los ojos y pienso: veo y luego existo”.

Cuando el fotógrafo empezó a mirar sus tomas, notó que las imágenes sobre la ciudad tenían una chispa de ironía. “Entonces, las empecé a apartar. Están combinados lo digital con lo análogo. Me gusta hacer análogo pero para este tipo de tomas que requieren una rapidez y de estar alertar como cazador, era necesario usar la cámara digital”.

EFÍMERO. Ojos azules, piernas al aire, así nombró Rafael Doníz a una imagen tomada el año pasado en donde unos pies de un maniquí están al aire, salen por una ventana de una casa en construcción en Coyoacán.

“Lo que fotografío son cosas efímeras, las pintas sobre los muros, los espectaculares; éstos aparecen y desaparecen, por eso lo de quimeras en el nombre del libro. Así es la ciudad, tiene una parte de ebullición, es una gran fuente de imágenes que salen y desaparecen, aparecen y desaparecen”, indica.

—¿Por qué su interés por los espectaculares?

—Los publicistas en México hacen un abuso inmenso de la imagen de la mujer y son verdaderamente provocativos. Cuando revisé mi archivo me di cuenta que esa temática era muy mía. Siempre tuve una deuda de trabajar el tema de la ciudad, pero me preguntaba ¿cómo la abordo? si Nacho López, Héctor García, Luis Moya y Yolanda Andrade ya lo hicieron. Cada que iniciaba un año me decía: haré algo de la ciudad. Ahora me doy cuenta que siempre lo he trabajado.

Doníz comenta que el fotógrafo cuando ve una imagen que considera interesante se emociona, siente adrenalina. Eso sintió cuando vio en París a un hombre pidiendo limosna.

“¡Qué contradicción! atrás había un espectacular que mostraba una mujer sosteniendo moneda. Luego alguien me saludó, lo cual se me hizo raro. Busqué el mejor ángulo y esperé. Tomé la imagen con una cámara de 35mm. El hombre pidiendo limosna está en el piso, sobre su cabeza la moneda y del lado derecho, hombre que me decía hola está acariciando a la mujer”.

Otra anécdota que cuenta Doníz es cuando capturó desde el piso 10 de un edificio La castigada, el torso de una mujer con peinado y vestido de salón.

“En la fotografía tenemos que dar maroma y media para salir adelante. Mi trabajo para vivir es la reproducción de obras de arte de colecciones particulares, tuve que visitar un anticuario que está en Polanco, en un 10 piso y de repente veo a la modelo castigada del tamaño de un edificio. Ahí abrí la ventana y lancé el disparo. Pero la mayoría de las tomas, las hago a nivel de piso”.

El fotógrafo mexicano abreva que De Gigantas y otras Quimeras es un libro de sus aventuras desde que decidió ser mirón de profesión y de testimonios de paisajes humanos en donde no se ha esforzado en hacer hazañas estéticas pero si en captar la riqueza de imágenes que tiene la urbe.

 

► De Gigantas y otras Quimeras se presentará este sábado 12 de mayo a las 13:00 horas, en el Museo del Estanquillo, ubicado en Isabel La Católica 26, CDMX.

 

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