El estrepitoso fracaso de la guerra sucia

David Gutiérrez Fuentes

La coalición Juntos Haremos Historia está ganando las batallas en todos los frentes. Los principales adversarios de AMLO: Anaya y Meade, simplemente no logran simpatizar con la mayoría de los votantes en una elección que será histórica por el número de participantes con intenciones de cruzar su papeleta porque el hartazgo y el desencanto generado por la política de dos partidos fue capitalizado por Andrés Manuel y cada vez será más difícil revertir la tendencia. Eso lo reconocen muchos de sus críticos y los representantes de encuestadoras como Consulta Mitofsky o De las Heras Demotecnia.

Parece ser que mientras más se le golpea al candidato de Morena más lo fortalecen. Se vio en el primer debate y si lo intentan en el segundo, peor para ellos. Se ve también en las mesas de discusión en las que se dan cita los representantes partidistas e “independientes” que arman equipo contra el vocero en turno de Morena. He visto a Tatiana Clouthier, Yeidckol Polevnsky, Martí Batres, Antonio Attolini, Zoé Robledo y Germán Martínez argumentar a veces con cansancio porque no debe ser fácil hacerlo en una relación de todos contra uno, la razones por las que el proyecto de la coalición es en términos históricos el único que puede considerarse como una alternativa real al continuismo corrupto del PRIANPRD.

Hay por lo menos tres banderas que en el mercado político son monopolio casi exclusivo de la coalición: 1) La lucha contra la corrupción desde un esquema que sólo permeará con efectividad al fluir de arriba (tradúzcase desde el presidente) hacia abajo. 2) La atención real a la demanda de acceso a la educación, salud y bienestar social en el contexto de una economía de mercado regulada de manera ética por el Estado. 3) Un combate más efectivo contra la inseguridad que asola al país que comprende varias estrategias razonables. Cuando enarbolan Meade o Anaya algunas de estas causas, cae sobre ellos su pretérito omiso y cómplice, así como el pesado fardo de las desprestigiadas marcas (partidos) que representan. Y aunque ciertamente no dejan de recurrir a ejemplos de corrupción que dentro del propio equipo de Morena han causado controversia, como la incorporación de Napoleón Gómez Urrutia como candidato al senado o las alianzas pragmáticas con personajes que jugaron roles nefastos contra el propio AMLO en el pasado, por citar dos ejemplos, estos candidatos tienen al enemigo en sus propias entrañas.

Antier en el programa de Tercer Grado, un sencillo monosílabo desarmó la retórica del candidato #YoMero. ¿Es honesto el presidente Peña Nieto? Le preguntó Loret de Mola tras solicitarle que respondiera con un sí o un no y a Meade, desde luego, no le quedó más remedio que decir que sí. Está en chino.

Por eso la guerra sucia se encuentra a todo lo que da, pero tampoco funciona ya. La estrategia del miedo fracasó estrepitosamente y la del odio está haciendo otro tanto. A veces ambos factores funcionan en serie: te vendo miedo (como los repugnantes anuncios del PRI) y a cambio recibo hartazgo y una cantidad impresionante de respuestas que me siguen restando votantes.

Un mensaje que circula en redes sociales lo sintetiza con puntualidad: “Habla de quién quieres que triunfe, no de quien te da miedo que gane. Nunca he visto una campaña publicitaria de Ford que dedique 90% de su tiempo a hablar mal de General Motors”. Estoy totalmente de acuerdo con el autor de este pedagógico mensaje del que algunos prominentes hombres de negocio y uno que otro traficante de influencias deberían tomar nota.

El movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador es el único que creció y que se encuentra en posibilidades de obtener un triunfo sin precedentes si consideramos que su partido tiene apenas tres años con registro formal. Generar esperanza de cambio en una sociedad generalmente apática y conservadora es un mérito que desde luego no sólo es del candidato presidencial, sino del equipo de trabajo que lo rodea y de los millones de simpatizantes que lo apoyan en mítines, foros, salones de clase, calles, reuniones y que trasladan esa energía social al ámbito de las redes sociales en las que se rearticula y reotroalimenta el avance de este movimiento político.


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