Ideales femeninos en las series televisivas actuales | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 10 de Mayo, 2018

Ideales femeninos en las series televisivas actuales

Especial. Crónica analiza algunos personajes que forman parte de la transformación y/o generación de ideales femeninos

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Dada la relevancia y fuerza con la que el empoderamiento femenino se yergue dentro de la industria cinematográfica y televisiva, tanto en escena como detrás del telón, los contenidos han debido modificarse para dar paso a la generación de nuevos ideales femeninos, sobre el rol que —según directores y productoras— debe asumir una mujer frente a los diferentes escenarios de una historia.

Sin embargo, en la búsqueda por ­erradicar los estigmas sociales que han permanecido arraigados durante décadas, en ocasiones los personajes quedan reducidos a versiones caricaturizadas de la rea­lidad que continúan propagando clichés de la época actual.

La generación de arquetipos —¿o estereotipos?— femeninos es uno de los recursos más fructíferos y recurrentes para la industria del cine y la televisión. Pero antes de iniciar con el listado de figuras femeninas, es debido aclarar la ­diferencia entre ambos conceptos: arquetipo vs estereotipo.

Las definiciones son, hasta el momento, las establecidas por la Real Academia Española.

Estereotipo: Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable.

Arquetipo: Representación que se considera modelo de cualquier manifestación de la realidad.

Entiéndase entonces al estereotipo como un acuerdo social establecido, mientras que el arquetipo responde a la conceptualización de una idea a partir de sus características naturales, es decir, el ­primero es subjetivo y el segundo es objetivo.

Lo anterior es necesario para ­entender cómo es que la imagen femenina se ha modificado a lo largo del tiempo dentro del cine y la televisión; todo de acuerdo con las características de cada época.

La exageración y delimitación con que los personajes surgen dentro de las historias de ficción provocan fácilmente la reproducción de una idea simple que poco a poco se convierte en un referen­te ­popular, como cuando antes se pensaba que el color azul designaba el género de los niños y el rosa, el de las niñas.

En el caso de los ideales humanos pasa exactamente lo mismo y es ahí cuando el ideal se convierte en estereotipo, por ser un rol comúnmente aceptado por la sociedad en un momento determinado, el cual en algunos casos sólo se modifica un poco con cada generación.

Dentro de las series este fenómeno se muestra de manera más evidente, por ­ello a continuación Crónica hace una selección de algunos personajes que se han convertido en fuente de inspiración femenina —según publicaciones como Forbes y Rolling Stone—, los cuales caen en los mismos estereotipos o sus similitudes dentro de los nuevos clichés.

Jessica Jones (2015). Independientemente del hecho de que sea un antihéroe con superpoderes —y una historia inspirada en un cómic, aspectos que no son rele­vantes para esta crítica—, Jessica Jones (Krysten Ritter) se muestra como una mujer condicionada por las circunstancias con las cuales tiene que continuar adelante y superarlas; sin embargo, lo hace en repetidas ocasiones pese a ella misma; como si el estereotipo de la mujer abnegada que invadieron los televisores por décadas con las telenovelas, ahora volviera disfrazado de un contexto juvenil para capturar la atención de nuevo público.

La única diferencia entre los roles de antes y éste es que ahora se vuelve más atractivo porque la mujer abnegada es capaz de derrumbar edificios por sus seres queridos si así lo requiere, algo que ni María la del Barrio con todo el dinero de Luis Fernando pudo lograr.

Amanda Clarke, de Revenge (2011). Tal como su título lo dice, toda la trama se desenvuelve en torno a Amanda (Emily VanCamp), quien decide cambiarse el nombre a Emily, para pasar desapercibida y así poder regresar a la élite de Los Hamptons, todo bajo el supuesto plan perfecto de venganza hacia los ­responsables que provocaron que su padre fuera inculpado injustamente y por ende que muriera en prisión, hecho que la convirtió en huérfana.

La historia parecía intrigante y prometedora de inicio, pero terminó por ser un drama más, en el que el suspenso quedó a expensas de la visceralidad de una mujer y su autosabo­teo constante a propósito de su incapacidad de separar sus emociones de su objetivo. Aunque el personaje de Amanda tiene distintas ­lecturas, a lo largo de la narración sus emociones la traicionan en más de una ocasión al reducir a su personaje a una mujer con determinación y astucia, pero emocionalmente inestable, víctima de las circunstancias.

Esposas desesperadas (2004). Es el ejemplo justo de que los estereotipos son la clave del éxito de muchas producciones, luego de contar con ocho temporadas, 15 nominaciones y seis galardones a los Premios Emmy (2005), además de una nomi­nación como Mejor Actriz de Reparto en 2006.

Aunque parece desear romper con distintos estereotipos, desde la tradicional ama de casa hasta la mujer que sólo se casa por dinero, en realidad la transformación de los personajes a lo largo de las temporadas termina por caer en una serie de clichés risibles y poco convincentes de la vida de estos distintos tipos de mujeres en los ­suburbios, como el de la mujer reprimida que finalmente se convierte en la ­representación de la ­liberación ­sexual. Es decir, es tan forzada la manera en que se desea ­contrarrestar los estereotipos, que terminan por caer al otro extremo, creando nuevos estereotipos dentro de la narrativa contemporánea.

Gloria, de Modern Family (2009). El acierto de rom­per con el estigma de la diferencia de edades dentro de una pareja, al parecer busca nivelar el estereotipo que es Gloria (Sofía Vergara): una mujer atractiva, ­exuberante y aparentemente con una ­mentalidad ingenua la mayor parte del tiempo.

Por si fuera poco, también se convirtió en el cliché de la inclusión ­latinoamericana en las distintas producciones, es decir, parece que dentro del discurso de lo políticamente correcto, es necesario —mejor dicho, es forzoso— incluir personajes que representen a las minorías evidentemente afectadas dentro del contexto sociocultural actual; la relación del presidente de los Estados Unidos con los  millones de migrantes —sobre todo ­latinoamericanos—, ha creado una tendencia a que este enorme sector sea incluido para cumplir con aspectos políticos de relevancia ­actual y para que a su vez se encuentre a un público potencial que se sienta identificado con la forma en que se perciben las distintas culturas latinas según las producciones gabachas.

Claire Hale Underwood, de House of Cards (2013). El papel interpretado por Robin Wright —por el que ganó el Globo de Oro a la Mejor Actriz y fue nominada al Premio Primetime Emmy por Mejor Actriz Protagónica en una Serie Dramática— representa a una de las mujeres más importantes dentro del gobierno, quien está casada con el presidente Francis J. Underwood (Kevin ­Spacey). Pero la ambición de Claire, va más allá de los cargos que desempeña a lo largo de la serie, su deseo de poder la lleva a actuar hasta las últimas consecuencias con tal de conseguirlo.

En ese sentido vemos ahora a una primera dama ficticia que sobrepasa, en algunas ocasiones, a la autoridad, incluso del presidente, este estereotipo está construido bajo el supuesto de que las mujeres no deben limitarse a desempeñar únicamente los roles de su puesto, cargo o trabajo, en este caso el personaje sobrepasa ciertos límites narrativos para conseguir sus objetivos, por lo que ha sido considerado un ícono feminista por algunos críticos y publicaciones, por mostrar a una mujer empoderada en todos los sentidos, capaz de no quedar subyugada en un grado de importancia menor a su esposo.

Daenerys Targaryen, de Game of Thrones (2011). En la casi legendaria serie medieval, Daenerys (Emilia Clarke) es la única hija del rey Aerys II Targaryen y de su hermana-esposa, la reina Rhaella. Luego de que el rey muere y de quedarse a merced de su hermano mayor ­Viserys, quien asciende como legítimo rey Targaryen al Trono de Hierro
—pues su madre muere cuando ­ella nace—, ella parece romper con el estereotipo de la princesa con el cual inicia su personaje, quien al ­principio se muestra asustadiza y distraída; aunque con el paso del tiempo comienza a descubrir sus propias herramientas, el uso de su belleza como una fuente de ­manipulación que le permitirá abrirse paso e influenciar a hombres para obtener lo que desea, al mismísimo estilo de ­Cleopatra; sin embargo el ideal de la mujer hermosa y manipuladora también corresponde a un estigma y estereotipo que evidentemente aún ronda el pensamiento popular, y Daenerys lo ejecuta bien.

La cuestión no es que se deba satanizar el uso de estereotipos dentro de las series, sino comprender la relevancia con que la ­industria ­construye estos personajes, los cuales no deben pasar del plano ficticio ni convertirse en el estandarte de movimientos sociales; sino que deben ser entendidos por la ­audiencia como una ­representación exagerada de la vida, la cual tiene como única finalidad entretener, en el mejor de los casos.

 

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