Alemanes llegados al país, con sostenido espíritu empresarial | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 11 de Mayo, 2018

Alemanes llegados al país, con sostenido espíritu empresarial

► Fueron migrantes muy distintos a los que viajaron a Estados Unidos: en menor cantidad, pero con vocaciones técnicas y empresariales ◗ Eran comerciantes, ferreteros y químicos, pero también vinieron literatos y músicos

Alemanes llegados al país, con sostenido espíritu empresarial | La Crónica de Hoy

Con mentalidad práctica y precisa, llegaron los primeros: era apenas un puñado, menos de 10, pero de la más alta calificación profesional. Se trataba de especialistas mineros, venidos de los reinos que después se llamarían Alemania. Con ellos empezó una migración, frecuente y sostenida, con una clara vocación económica y empresarial que poco a poco construyó una presencia en México, que, hasta la fecha, se mantiene como un proceso activo.

Son los alemanes que han ido adaptándose y echando raíces en nuestro país, y a los que coyunturas como los conflictos decimonónicos y las guerras mundiales del siglo XX, los llevaron, en ocasiones, a crecer y desarrollarse, y en otras, a replegarse y aguantar el vendaval.

La historia de los alemanes en México está dominada por un espíritu de búsqueda y emprendimiento que los  ha impelido a cruzar mares y océanos. Sin embargo, las circunstancias de su llegada a nuestro país y de la forma en que se establecieron, es notoriamente distinta a cómo se afincaron en otros países.

POCOS, PERO MUY ESPECIALES

“¿Por qué emigraban millones a Estados Unidos y muy pocos a México?, plantea Brígida Von Mentz, investigadora del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), quien ha dedicado trabajos importantes a los procesos que trajeron a los alemanes a nuestro país.

El desarrollo capitalista es el gran motor de la migración europea a América, y en esa historia van los alemanes. “Se trata de millones de personas: en Estados Unidos, hacia 1790, había unos 9 millones de habitantes; cuarenta años después, 30 millones, gracias a la migración europea. Pero el volumen de emigrantes a México es mucho menor”.

En esa oleada, vienen los alemanes. ¿Quiénes son ésos que llegan a nuestro país? “Llegan pocos, pero son significativos”, precisa Von Mentz, “y llegan de 1820 en adelante. Se trata, sobre todo, de técnicos mineros, de especialistas con estudios muy avanzados y especializados en maquinaria minera, en geología, en desagües. Vienen también muchos comerciantes,  sobre todo de las ciudades hanseáticas, como Hamburgo o Bremen; traen mercancías alemanas y muchas mercancías inglesas. Con eso, dan al traste con   (el comercio de) muchos artesanos mexicanos y sus pequeñas industrias; por ejemplo, el lino alemán invadió el mercado mexicano. Y aunque predominantemente se trata de grupos económicos, eso no quiere decir que no vinieran familias que se establecieron para quedarse”.

Inevitablemente, la imagen turbulenta del México recién independizado influye en que la migración alemana no sea masiva: “los asustaban las historias acerca de las guerras civiles, las historias de la invasión estadunidense y muchos tenían una idea muy negativa de la población mexicana: “en Estados Unidos son liberales”, decían, pero no veían que eran esclavistas. “Hay muchas tierras vacías en Estados Unidos”, decían, pero no se daban cuenta de que habían exterminado a los grupos indígenas.  Por eso fueron muchos menos los que vinieron a México.

 

COMERCIANTES, QUÍMICOS, FERRETEROS… HASTA REMONTAR EL SIGLO

“Los comerciantes ponían tienda, y, por lo general, a los 5 o 10 años, regresaban a Alemania, ya enriquecidos y dejando a un socio industrial que hacía lo mismo 10  o 15 años después, pero no todos lo lograron”, narra Brígida Von Mentz. “Muchos trajeron a sus familias, eran artesanos que pusieron pequeñas fábricas de sombreros, relojerías, farmacias. Los comerciantes más importantes establecieron ferreterías, y también hubo un ramo químico muy robusto: fertilizantes, colorantes y pinturas. Todo eso salió de aquellos que sí tenían capital. Hubo además una comunidad menor, que no tenía tanto dinero, y que no pasaron de unos cuantos miles. Así son los alemanes que ­vamos a encontrar en el México porfiriano”.

La coyuntura de la Primera Guerra Mundial transformará las estrategias de estos empresarios. El comercio entre México y Alemania se interrumpió, y los comerciantes alemanes caminaron por otras rutas, pero mantuvieron su actividad. “Comenzaron a vender mucha más mercancía norteamericana; los ferreteros alemanes vendían mucho las máquinas de coser Singer”, cuenta Von Mentz. “La verdad es que nunca fueron muy fieles a las mercancías alemanas; echaban mano de productos estadunidenses desde 1850, pero cuando se cerró la posibilidad de importar de Alemania, quienes tenían recursos, se convirtieron en productores: fundaron fábricas de papel, de cerámicas, como El Ánfora: se juntaban varios capitalistas para producir cosas que pudieran vender. Cuando terminó la guerra, regresaron a la importación de bienes alemanes”.

También llegaron personajes diferentes “maestros de idiomas, músicos, que no persiguen intereses tan inmediatos como el comercio; por eso están muy abiertos al país que los recibe. Son literatos, personalidades liberales que resultan más  atractivas”.  Como llegaron en los años en que en México liberales y conservadores se disputaban el país, es inevitable que algunos tomaran partido, pero no puede decirse que todos los emigrantes alemanes asumieran una ideología en particular. “Los alemanes que se quedaron en Puebla en el siglo XIX y que se casaron con mexicanas allá, tal vez pudieron tener más simpatías conservadoras, pero no se puede generalizar”, advierte Von Mentz. “Usualmente, los comerciantes y empresarios solían tener simpatías liberales, porque un gobierno liberal eliminaba las trabas comerciales”.

Andando los años, en el siglo XX, hacia 1933, las instancias formales de la comunidad alemana (embajada, escuelas) se volvieron fervorosas promotoras del nacionalsocialismo. Hay que distinguir: siempre hubo quienes fueron socialdemócratas, pero a partir de 1933, la embajada alemana fortaleció mucho a los nazis en todos los países latinoamericanos, promoviendo hasta clases de alemán, actividades que si bien eran completamente culturales, tenían detrás intereses  políticos y económicos muy definidos, porque, decían, “quien habla alemán, le gusta lo alemán y va a comprar lo alemán”.

 

EMPRESARIOS DE CIUDAD Y HACENDADOS

Como el interés primordial de los emigrantes alemanes era económico, hicieron mayor presencia en las ciudades más grandes o con mayor vocación comercial. Así, se asentaron en la capital y en el puerto de Veracruz. “Pero después llegaron al puerto de Mazatlán, desde los días en que no había ferrocarril, y donde tuvieron fábricas de cerveza y comercios. Luego, llegaron a Guadalajara”. En la guerra de Secesión estadunidense, aprovecharon la coyuntura y vendieron mucho algodón a la Unión Americana, pasando por la frontera norte. “Comerciaron mucho desde Matamoros y se establecieron en Monterrey, a donde inyectaron mucho capital y crearon casas grandes de comercio, del mismo modo que lo hicieron en Chihuahua”.

“Una comunidad alemana importante se estableció en Chiapas, en el Soconusco”, apunta Brígida Von Mentz. “originalmente, los alemanes ya estaban en Guatemala y de allí se pasan al Soconusco para cultivar café y exportarlo a Alemania”.

Otra investigadora, Alma Durán-Merck, de la Universidad de Augsburgo, identificó a las llamadas “Colonias Carlota”, establecidas en Yucatán en tiempos del segundo imperio y auspiciadas por la emperatriz Carlota. De esas comunidades,  integradas por familias alemanas, se tiene noticia de que se compenetraron con la población maya de la península.

Algunos se volvieron hacendados: “Siempre hay excepciones: se trataba de ferreteros o comerciantes fuertes que vendían maquinaria o fertilizantes y el agricultor hacendado se endeudaba y no les podía pagar. Acababan quedándose con esas propiedades, y comenzaban a invertirles, como ocurrió en Torreón o en Veracruz, donde hubo una hacienda muy famosa con dueños alemanes, “El Mirador”, pero al investigar, resulta que la fortuna de la familia venía de la minería y del comercio. “A Maximiliano le gustaba ir a “El Mirador” para hablar en alemán con los propietarios, pero ellos eran liberales y se distanciaron mucho de quienes promovieron el segundo imperio”.

“De esa manera”, estima Von Mentz, “fueron parte de la burguesía mexicana que se estaba configurando. No eran gente humilde que migró en masa, como los que se fueron a Estados Unidos, eran agentes del capital o vinculados a esos agentes del capital. Por eso, las clases dominantes urbanas y propietarias los aceptaron y los incorporaron. Ellos, a su vez, se dejaron incorporar”. Así remontaron el siglo. Las empresas crecieron, y fundaron escuelas y cementerios: echaron raíces en México.

 

 

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