Imprudentes - Aurelio Ramos Méndez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 12 de Mayo, 2018
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Imprudentes

Aurelio Ramos Méndez

Con un centenar de políticos asesinados el presente proceso electoral ya quedo caracterizado como uno de los más violentos en la historia reciente. Por ello, no resulta desmesurado decir que la democracia mexicana está bajo fuego. Y que campea la incitación al odio, debido, entre otras cosas, a la patente imprudencia aun de autoridades electorales.

Careció de prudencia el famoso tuit en que —sin intención, pero con tal inequívoca lectura— se sugirió la insensatez de una fatalidad para tratar de forzar el rumbo de los comicios.

Y ligeras y sin cuidado han sido las discusiones sobre el horario para anunciar “tendencias” el 1 de julio. Lo que en plata blanca significa dar ganador con base en instrumentos sacralizados por el marketing.

Impertinente también ha sido decir que el INE está preparado para el peor de los escenarios, lo cual, amén de una obviedad, constituye una potente atizada a las brasas de un horno que no está para bollos.

Del desatinado tuit puede decirse que fue un costoso descuido de su autor, pues ni de lejos podría compararse —por ejemplo—con el llamado, consciente y pretendidamente ilustrado, del que en julio pasado hizo el abogado y columnista colombiano Abelardo de la Spriella en relación con Nicolás Maduro.

En el último párrafo de su columna titulada Muerte al Tirano, el jurista escribió la siguiente invocación, defendida luego con escalofriante persistencia.

“Los venezolanos de bien y la comunidad internacional en pleno deben entender que la muerte de Nicolás Maduro se hace necesaria para garantizar la supervivencia de la República. No se trataría de un asesinato común, sino de un acto patriótico que está amparado por la constitución venezolana y que resulta, por demás, moralmente irreprochable”.

El tuit que en buena hora incendió las redes sociales —ello habla de tolerancia cero de la sociedad a instigaciones de la violencia— no tuvo la contundencia ni el espeluznante “fundamento teórico” del llamado del colombiano.

Se trató de un tuitazo de bote pronto, al a’i se va, típico de la improvisación de las redes, lo cual no merma su peligrosidad, sino al contrario, dado el alcance masivo de estos modernos medios de difusión.

Menos específico, sin dedicatoria clara, pero también altamente combustible, así ha sido el peloteo entre las entidades electorales por la hora en que el INE “debe” dar a conocer la tendencia en la votación presidencial.

¿Desde cuándo la institución encargada de la organización y desarrollo del proceso electoral está obligada a dar tendencias, suposiciones, conjeturas, con base en conteos, sondeos, encuestas y otros instrumentos sacralizados no por la Constitución ni las leyes sino por el mercadeo?

Pues, desde cuando a algún imprudente líder de opinión se le ocurrió la peregrina explicación de que los conflictos poselectorales han tenido origen dizque en el vacío de información entre el cierre de casillas y el conteo de sufragios en cada una de éstas.

A partir de tan calenturienta elucubración las autoridades se han pasado por la faja la Carta Magna y los códigos. Asumen como obligación no el garantizar la certeza, sino contribuir al conflicto y atizar la hoguera durante meses.

Los plazos legales para el inicio y finalización del cómputo oficial son ahora minucias. Prima la idolatría a los conteos rápidos, sondeos a boca de urna, PREP y otras mediciones.

Ejercicios de cálculo, todos, que con alta dosis de conflictividad y peligrosidad se quedan en el aire, sin modo de compaginación ya no digamos con los resultados oficiales de una semana después, sino entre sí.

Por ejemplo, con un PREP que jamás termina con el cien por ciento de actas y, por lo mismo, entraña un margen de error que lo hace inservible.

Aparte de enturbiar la atmósfera ¿de qué sirve saber que la “tendencia” del rapidísimo conteo apunta a que ganó fulano, si el resultado oficial puede tenerse, con absoluta firmeza y con todas las de la ley, en el insignificante plazo de semana?

¿Tiene sentido comer ansias y saber que el conteo favorece a mengano, pero el PREP, incompleto, apunta a perengano, y que el dos o tres por ciento faltante puede darle la vuelta a la tortilla?

A despecho de la Constitución y las leyes, ya no hay poder humano que puede revertir la costosa parafernalia de los resultados ultrarrápidos. Tema por el cual, sin embargo, han reñido, sin recato, magistrados y consejeros…

Se expondría a ser tildado de autoritario e hijo de Maduro quien abogara por el simple acatamiento de los plazos establecidos en la ley.

De nada vale esgrimir el irrebatible argumento de que, más que afán y avidez conviene la paciencia de esperar una semana, pero tener datos concretos y definitivos hasta esta fase del proceso.

Ni soñar con defender la decisión de las instituciones electorales como las de Honduras —lentas pero seguras— que en noviembre declararon ganador a Juan Orlando Hernández veintiún días después de los comicios.

Así y todo, vale la observación de que los mexicanos hemos consentido la construcción de un tinglado electoral frágil, inseguro y costoso, pero rápido. Un entramado propicio más para el conflicto que para la estabilidad.

Otro tanto puede decirse del facilismo con que Lorenzo Córdova habla de los peores escenarios. Como si las encuestas que a muchos —él incluido— dejan escapar la baba, no apuntaran a un amplio favorito.

Y, como si la pura intuición y la percepción en la calle no anticipara una victoria contundente, que no tiene por qué dejar margen para el conflicto.

Como era apenas obvio que sucedería, reprendieron con toda razón al árbitro, Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya.

Las autoridades, claro, deben estar preparadas para todo. Pero cargar la tinta declarativa sobre el riesgo del peor escenario equivale a tener dispuestos bidones de gasolina para tratar de sofocar un incendio.

Más imprudente aún suena el pronóstico, quizá basado en la geomancia o la metoposcopia, respecto a las prevenciones del INE en relación con lo que puede ocurrir la noche de la elección.

¿Qué es, según Córdova, lo que puede ocurrir? Que no se podrá definir con claridad un ganador y él tendrá que salir a explicar y llamar a la prudencia, mientras dos candidatos se encaminan al tribunal electoral.

¡Caramba! ¡Jugar al vidente cuando lo que procede es llamar a esperar los tiempos que marca la ley, no los que fijan encuestadores o líderes de opinión!

Prudencia es lo que se requiere. Y ésta no se construye de golpe ni se configura con sólo dar la cara al cierre de las casillas, sino con seriedad y sin ánimo de figuración, a lo largo del proceso.

Y prudencia es lo que ha faltado en una contienda, en la cual, por cierto, han cundido el asistencialismo y el clientelismo.

¡Hasta ese talibán de la disciplina y el control macroeconómico que es José Antonio Meade ofrece ahora regalar 1,200 pesos como “piso de protección social para jefas de familia”! Promesa que en López Obrador es populismo y descarada compra de votos, pero en Meade es sentido de generosidad social y genio financiero.

Así avanzamos en una competencia electoral marcada por la violencia. En la cual hasta el cardenal Carlos Aguiar Retes pide no recrudecer el encono ni la crispación. O sea, eso que en Oaxaca hizo Margarita Zavala al decir que el candidato de Morena azuza la violencia de la CNTE. Cuidado.


aureramos@cronica.com.mx

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