Carlos Monsiváis: la paternidad que reincide - Edgardo Bermejo Mora | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 12 de Mayo, 2018
Carlos Monsiváis: la paternidad que reincide | La Crónica de Hoy

Carlos Monsiváis: la paternidad que reincide

Edgardo Bermejo Mora

(Primera parte)

Hace ya 21 años, mi querido amigo Fernando Fernández, director de la revista Viceversa, me invitó a colaborar en un número especial de homenaje a Carlos Monsiváis. Le propuse, y aceptó, un texto en el que se revisaran  de manera crítica las posturas políticas de nuestro homenajeado. El título de portada de aquel número: “Asedio a Carlos Monsiváis”, no dejaba lugar a dudas.
El número apareció en junio de 1997. Poco días después sonó mi teléfono (el fijo, naturalmente, casi no había celulares). Era el propio Monsiváis, con su voz aletargada y rasposa, quien me llamaba.  “Ya te leí” me dijo “Tal vez me gusta, aún no lo decido ¿Quieres venir a que te regañen mis gatos?”. No recuerdo qué le respondí, pero dos días después lo visité en su casa de Portales y conversamos un par de horas rodeados de sus gatos. Mucho me temo que fue la única vez que estuve con él.  He querido compartir con los lectores aquel texto ahora que se cumplen 80 años de nuestro querido escritor. Aquí pues el texto de marras.
1. “En este país, nadie sino el Poder tiene voz”. Escribió Carlos Monsiváis en Amor Perdido (1977). Aceptando la afirmación, podemos entonces ampliar su horizonte y preguntarnos: ¿Carlos Monsiváis, el más reconocido, multicitado, multinvitado y emblemático de nuestros intelectuales, tiene voz? La respuesta no deja lugar a dudas: si.
Monsiváis, el de la voz, pertenece por lo tanto al reducido grupo de quienes detentan alguna forma de poder. Él lo sabe, y lo ejerce a su manera. Un poder que no requiere de títulos, ni cargos públicos, ni cuentas bancarias en Suiza, naturalmente, pero poder al fin y al cabo. Un poder, además, absoluto y omnímodo en tanto que no acepta ni permite sucesores: el Rey Monsiváis —“el intelectual consecuente soy yo”— es una institución que se representa a sí misma y que no admite contrapesos. Imitadores suyos abundan y por lo regular fracasan en el intento; discípulos los hay también, no de manera formal, pero en menor cantidad y se cuentan con los dedos de la mano —ninguno, sin embargo, capaz de convertirse en el heredero del trono—; opositores unos cuantos, tal vez, y tan sólo por breves temporadas —Paz, Zaid, Castañón, Aguilar Camín, González de Alba—; presos políticos jamás; minorías marginadas, nunca; amigos, todos;  pero en el reino de Monsiváis lo que más hay es admiradores devotos, regañados sumisos,  y súbditos fieles a su causa. El suyo es el imperio ilustrado y feliz de la calle de San Simón, desde el barrio de Portales se puede gobernar al país de los políticamente correctos.
Monsiváis es, en suma,  la más querida de nuestras instituciones culturales; el más visitado y admirado de nuestros museos de carne y hueso; la pieza más fina y acabada del poder protagónico que se gana con la inteligencia; el campeón de la tenacidad antisistémica, pero al mismo tiempo profunda y devotamente republicano; la gran paradoja de ser un crítico de primera línea sin críticos al acecho. —¿Cuándo, si no, un político, un sacerdote o un empresario, atrapado por Monsiváis en una pifia declarativa, se ha atrevido a replicarlo? ¿Quién ha visto o leído una reseña desfavorable de alguno de sus libros?.  “Yo sería impensable sin mí”, concluyó durante una entrevista con el periodista Miguel Ángel Quemáin (El Nacional 22‑IX‑96).
No creo entonces cometer un deicidio —una blasfemia probablemente— si afirmo que uno de nuestros más agudos, tesoneros y comprometidos críticos del poder político en México, el escritor que señala, denuncia, ironiza y se mofa de sus múltiples expresiones perversas, impunes y atrabiliarias, comporta al mismo tiempo una intacta y sólida forma del poder con su debida cuota de arrogancia y sacralidad.
Un tipo de poder, por otra parte, al que se accede por medio de la letra bien puesta, la frase demoledora, el comentario mordaz y el pensamiento lúcido. Carlos Monsiváis, o el liderazgo de opinión a prueba de todo, la fama intelectual erigida en epopeya civil, el cancerbero mayor del jardín de las buenas conciencias democráticas y antiautoritarias en México, el homme de lettres que detenta un sólido poder que se gana, se reelige y se legitima cada vez que se le toma en cuenta para opinar y escribir sobre todos y cada uno de los temas de la vida nacional, los cuales siempre abordará  con la soltura de aquel que, si no todo lo sabe, sí por lo menos todo lo responde con una puntería que se ha hecho proverbial. Y todo esto encarnado en la figura de un escritor que se autoclasifica como un “anarco  pacifista contracultural” (La Jornada Semanal, 13‑10‑92).

 


@edbermejo
edgardobermejo@yahoo.com.mx

Imprimir

Comentarios