Cultura

La poesía no necesita mediadores, es revelación de golpe: Manuel Becerra

El joven autor radica en Nueva York y prepara un libro como parte de su Residencia de Escritores Art Omi Center. Cada verso es una provocación, íntima y secreta, añade

Manuel Becerra Salazar nació en la Ciudad de México en 1983. En 2008 ganó el premio nacional Enrique González Rojo Arthur por Los alumbrados y en 2010 se llevó el premio nacional de poesía Ramón López Velarde por el libro Canciones para adolescentes fumando en el bosque. Actualmente prepara un nuevo poemario que escribe en la ciudad de Nueva York, ya que obtuvo la Residencia de Escritores Art Omi Center. Su poética, fundada en la memoria y la tragedia, está contruida desde los recuerdos de la infancia que intercala con visiones sobre los acontecimientos actuales. En esta charla habla sobre el sentido de le da a sus libros publicados y por publicar.

En 2011, la Universidad Autónoma de Zacatecas editó su libro Canciones para adolescentes fumando en el bosque. Al preguntarle sobre si estos poemas parten de la ternura de la infancia, Becerra Salazar dijo que “esa es la esencia del libro, pero no sólo eso, sino que la infancia es el sitio en donde se desarrolla. Inicia en los antiguos pueblos de Veracruz, en donde nacieron mis padres y finaliza en donde nací yo, en la Ciudad de México: es sobre esa etapa donde el ser humano tiene necesidad de nada y se basta a sí mismo para ser grande”.

Sobre el tema de la violencia presente en este texto, el poeta aseguró: “La violencia es inherente en toda mi poesía. Por este tema pienso en México como un país surrealista. Cuando un país escribe sobre sí una historia como la de Acteal, nadie puede ser el mismo después, porque no sólo se trata de un asesinato a manos libres, sino que es la sociedad completa a la que se ha herido. El poeta vive en su tiempo y la poesía es un trabajo humano. ¿Entonces cómo escapar a eso?”.

Con un ritmo y rima parecidas, pero con una temática distinta, Manuel publicó Instrucciones para matar a un caballo (UANL, 2013), donde la muerte está aliada a la desilución; sobre esto dijo que “las distintas estampas en ese libro no hacen más que ceñirse a la descripción de una realidad habitual que es terrible y es hermosa. Cuando era niño vi en la camioneta de una carnicería el cuerpo de un caballo con las patas cercenadas. Nunca supe cómo interpretarlo. Era una catástrofe, pero también era sólo carne para la venta. Fue un golpe de realidad. El poema conlleva algo de balbuceo y ese ‘no se qué que queda balbuciendo’, como apunta San Juan de la Cruz, que tiene su legitimidad en el lenguaje poético y no necesita de la lógica tradicional. La poesía es provocación, íntima y secreta. La poesía no necesita mediadores, es revelación de golpe. A lo largo de este libro escribí la palabra Caballo para decir también Padre o Madre o Hermano o Dios o Desaparecido”.

Este exbecario de la Fundación para las Letras Mexicanas acaba de terminar un nuevo libro bajo el título de La escritura de los animales distintos. Sobre la forma un tanto experimental que tienen estos poemas mencionó que “fue un libro concebido para leerse a diferentes velocidades y fue escrito en un solo pliego. Así, obtuvo un premio; ‘extraño caso en la poesía mexicana’, me dijo uno de los jurados. Pero no me interesaba romper nada. Es una especie de homenaje a 5 metros de poemas, de Carlos Oquendo de Amat. Muchos textos no tienen títulos y están esparcidos los versos de manera accidental por toda la página. Me gustaría que el lector lo leyera en cualquier punto y sentir que no necesita un poema como antecedente para aprehender la esencia del libro”.

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