Cultura

Ofrece Glass emotivo recital sobre la cosmogonía wixárika

El compositor estadunidense y los músicos Daniel y Erasmo Medina tocan Hikuri (El cacto sagrado. Philip estrena la Sinfonía Num 7 Tolteca y recibe un largo y caluroso aplauso

México agradeció con ovaciones y aplausos de varios minutos la ofrenda que el compositor y pianista estadunidense Philip Glass (Estados Unidos, 1937) preparó para la cultura mexicana, conformada por la interpretación de sus creaciones.

El primero de los tres conciertos homenaje a la cultura mexicana, como lo definió el artista octogenario, se llevó a cabo en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, la noche del viernes, frente a un público de diferentes edades, quienes desde el principio lo recibieron con un gran aplauso.  

Al inicio, en el escenario sólo estaba un piano de cola que fue tomado por Philip Glass, al centro dos micrófonos para Daniel Medina de la Rosa quien tocó el violín wixárika (xaweri), y su hijo, Erasmo Medina Medina, quien tocó la guitarra wixárika (kanari), músicos de la etnia wixárika (Santa Catarina Cuexcomatitlán, Municipio de Mezquitic, Jalisco).

Los tres, Daniel, Erasmo y Philip, ejecutaron Hikuri, (El cacto sagrado), que se caracteriza por dar a conocer la cosmogonía de la comunidad wixárika, por lo que en lo oral se pudo escuchar a Daniel Medina de la Rosa en su lengua natal, con frases como “…porque mi nacimiento fue así y así seguiré de generación en generación”, “Y soy como me vez pero a la vez soy el hermano venado” y “Eres la ventana de la sabiduría, por eso te deleitamos con cantos mágicos y danzas”.

La interpretación de Hikuri, (El cacto sagrado) contó con supertitulaje, primero en español, luego en inglés y al final en la lengua natal de Daniel Medina de la Rosa, compositor con amplia trayectoria en toda la sierra wixárika.

Medina de la Rosa y Glass colaboraron por primera vez en 2012, en el Concierto del Sexto Sol, que se llevó a cabo en Real de Catorce, San Luis Potosí. El año pasado, ambos compositores, junto a Erasmo Medina, compartieron escenario para el concierto El Espíritu de la Tierra, del cual se grabó un material que pronto será publicado.

Daniel y Erasmo estaban al centro del escenario, mientras que al piano se escuchó durante toda la interpretación de Philip Glass, quien se puso unos audífonos que lo acompañarían de principio a fin, tiempo en el que fue innecesaria la presencia de partituras.

Bellas Artes se rindió a ellos, el compositor estadunidense con una pequeña sonrisa y un acto de sencillez reconoció la labor de los músicos mexicanos, que demostró la complicidad que habían entablado desde tiempo atrás.  

ESTRENOS. Después de la primera pieza, Phillip, Daniel y Erasmo, se sentaron en las primeras filas del Carnegie Hall mexicano, definido así por el compositor estadunidense, y así disfrutar el resto del concierto.

Pese a que estaba anunciado sólo un intermedio, hubo otro para que más de 10 trabajadores acomodaran sillas, partituras y atriles que ocuparían los miembros de la Orquesta Sinfónica Nacional, agrupación encargada de estrenar en México Days and Nights in Rocinha y la Sinfonía núm. 7, Tolteca, de Philip Glass.

Days and Nights in Rocinha, que fue estrenada en 1998  luego del encargo que la Orquesta Sinfónica de la Radio de Viena le hizo al compositor, habla a manera de homenaje sobre una zona particular de Brasil:

“Rocinha es un barrio de Río de Janeiro famoso por su activa vida cultural y especialmente por su escuela de samba. Con frecuencia visité Rocinha durante las semanas previas al carnaval, siempre estuve emocionado y deleitado por su ambiente único”.

En el intermedio oficial, Philip Glass abandonó la Sala Principal, mientras que los músicos wixárikas siguieron en su lugar, momento que un niño acompañado por su madre se acercó a saludarlos y conocer un poco más sobre su labor.

El último acto fue la interpretación de la Sinfonía núm. 7, Tolteca, conformada por los movimientos El maíz, El Hikuri (Raíz sagrada) y El venado azul, que realizó la Sinfónica Nacional bajo la batuta de Michael Riesman, así como el Coro de Madrigalistas y Solistas Ensamble del INBA.

“La palabra ‘tolteca’ en el título de la Sinfonía núm. 7 se refiere a la tradición y las creencias que fueron la matriz cultural y espiritual de Mesoamérica y que comenzó muchos siglos antes de la invasión europea. Esta sinfonía está inspirada por la trinidad sagrada de los wixárika”, escribió Philip Glass.

La obra estrenada en el Kemmedy Center de Washington (2005) se caracterizó por variantes en el ritmo que en su momento más álgido puso a bailar a varios de los presentes que llenaron el Palacio de Bellas Artes, sobre todo, en el segundo movimiento.

La velada terminó con una amplia ovación de pie, gestos de impresión y felicidad, que contagió a Philip Glass cuando volvió al escenario para agradecer a la orquesta, a los músicos wixárikas, al director huésped y a los colaboradores, dejando en claro que fue un trabajo en conjunto y no individual.

Los boletos de los conciertos del compositor en Bellas Artes, según fuentes oficiales, se encontraban agotados desde hace un mes, dato que se pudo constatar la noche del viernes y ayer por la noche, donde compartió el escenario con Olivia Gorra, Diego Luna, el Cuarteto Latinoamericano, Leonardo Heiblum y Jacobo Lieberman. Además de los conciertos que fueron grabados, el Palacio de Bellas Artes fue el escenario que Philip Glass eligió para grabar parte de un documental que verá la luz en los próximos meses.

Hoy, a las 12:15 horas, se llevará a cabo el tercer y último concierto, en Bellas Artas.

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