Ciudad

El andador de la memoria

Un corredor colonial con nombre de mujer hospeda, entre el recuerdo de Diego Rivera y una parodia de la Familia Burrón.
Comienza con una frecuencia de murales contemporáneos y paradójicos al tiempo en que las monjas que adoraban a Santa Regina quisieron habitar el centro de la Ciudad de México. A dónde váis Monsiváis. Por mi madre bohemia que me quedo.
A cuarenta y tres pasos partiendo de la calle 5 de Febrero rumbo al norte, un reloj detuvo el tiempo a las tres en punto —y no sabemos si de la mañana o la tarde—, también está el Museo de la Memoria Indómita, como el tiempo que se detuvo en el corredor.
Instalaron paros transeúntes, 43 sillas con los nombres de los estudiantes normalistas asesinados en Ayotzinapa, Guerrero.
Fueron colocadas como antihomenaje a la ineficiencia de las autoridades. Los desaparecidos somos todxs. Y quienes acompañan a las madres, también lo somos.
En torno a una mesa de cantina, una noche de “verano” regocijadamente departían seis o siete alegres bohemios. Chocaron las copas y sonó la tormenta de la rebelión.
Un grupo de canto afinaba las guitarras y por la puerta principal hay un menú de comida rápida que por bajo costo permite apreciar las expresiones culturales del lugar.
“¡Por mi madre! Bohemios, por la anciana que piensa en la mañana como en algo muy dulce y muy deseado”, inspirado en la obra de Guillermo Aguirre y Fierro.

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