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Lucha por la ciudad

Lucha del milenio. Entre quinceañera y turistas en el Monumento a la Revolución, con Marco Rascón como comentarista, Superbarrio venció a Batman; así lo decretó el réferi (INE), quien en la contienda trató de beneficiar, sin éxito, al Caballero de las Tinieblas

El Monumento a la Revolución estaba de fiesta; el clima cálido y el domingo familiar lo hicieron el lugar perfecto para llevar a cabo una demostración de lucha libre enfocada a la realidad, bajo la óptica de Marco Rascón, candidato a la Jefatura de Gobierno por el Partido Humanista.

En cuanto el reloj marcó las 17:00 horas, La Sonora Dinamita empezó a tocar y a atraer a la gente; algunos apartaban sillas y otros se concentraban frente al escenario donde estaba el grupo salsero.

Aunque lo ideal habría sido que la mayoría de los asistentes estuvieran bailando, sólo se podían ver dos o tres parejas.

La parte trasera del Monumento fue donde se colocó todo para la demostración; a los costados había carpas, en las que algunas personas caracterizadas terminaban de ponerse sus vestuarios.

Mientras tanto el candidato paseaba entre las personas y saludaba a todo aquel que le pedía una foto o se acercaba a hablar, incluso un joven en situación de calle saludó con entusiasmo a Rascón y le auguró: “vas a ganar”; pero él no era el único que aprovechó el evento para divertirse.

A uno de los costados otro hombre que comparte la misma situación, bailaba solo al ritmo de la música; hasta se podría decir que bailar es una de las cosas que más le gusta hacer.

Los caballeros que iban solos tomaron un lugar especial, junto al ring, a un costado del escenario para ver a las coristas.

Hasta los turistas se detenían a ver al grupo que amenizaba y decidían quedarse a ver unos minutos.

Rascón estaba tan contento que hasta aceptó bailar con una de las militantes de su partido, al son de canciones que la Sonora Dinamita adaptó el evento; destacó una versión nueva de “El santo, el cavernario”.

Una vez que el candidato humanista tomó el micrófono e indicó que estaba por iniciar la primera de dos luchas, las personas se alejaron del escenario y corrieron a buscar una silla libre frente al ring.

De un lado, Tinaco y del otro, voto chilango… cuando aparece voto chilango con su traje rosa y el colibrí que representa al Partido Humanista las personas le aplauden, chiflan y gritan; caso contrario al de Tinaco, “Señor de las despensas” como le dice Rascón, porque todos le gritan “corrupto” y no es para menos, su traje tiene los colores y nombre de los partidos opositores al del anfitrión.

El candidato, Sergio Arau y Jiménez Cacho narran a detalle la lucha. La dispersión de las personas es notoria por parte del público.

Los primeros rounds han transcurrido, y Voto Chilango va ganando; durante un descanso se anuncia que la comunidad LGBTTTI+ ha llegado a la gran fiesta y dos chicas suben al ring para ondear las banderas que llevan.

El INE es el réferi y ante los asistentes demuestra que ocasionalmente, ayuda a Tinaco y a Voto Chilango le pone el “pie”.

La desesperación ciudadana se hace notoria cuando uno de los jóvenes que viven en situación de calle se sube al ring para ayudarle a Voto Chilango.

“Muestra de valor cívico”, dice Aurau perplejo por lo que se está viendo; uno, dos, tres golpes al aire, el ciudadano ha hecho frente a los “rateros”.

Rascón está imparable, su sonrisa de oreja a oreja se puede ver desde el otro lado del Monumento. “INE siempre se alía con la partidocracia” dice.

Como si nada más importante pudiera pasar, subieron al ring, cuando terminó para primera pelea, los caracterizados de marihuana, Claudia Sheinbaum, Alejandra Barrales y Mikel Arriola a empujarse y destacar, que sólo Marco Rascón “puede hacer un cambio, porque él tiene las propuestas innovadoras, las propuestas que se abren a la diversidad que existe en la capital.”

Para la segunda pelea del día, Batman vs Superbarrio, se inicia diciendo “no vino Robin”, para que una de las espectadoras contestara a gritos “pero si vino él a robar”.

“Ya no confiamos en el réferi” dice una voz más al fondo pero que llega a oídos de Batman, quién se molesta y empieza de nueva  cuenta a atacar a Superbarrio. Los asistentes entran en ambiente y externan su sentir con la “democracia que viven actualmente”.

Fuera de la carpa, todo transcurre de forma habitual, prefieren estar lejos del “espectáculo político” que hacen, como asegura Clara, una joven que cada fin de semana baila junto a sus amigos música electrónica bajo el Monumento; dos quinceañeras, han decidido tomar la explanada de Plaza de la República para hacer su sesión de fotos, y no parecen muy contentas de ver que las carpas les arruinan las tomas.

El desenlace de la historia, termina en cómo gana Superbarrio y más de uno de los presentes se emociona y cómo muestra de ello, algunos detienen al señor que vende luchadores de plástico en colores rosas para decir que “la democracia debe ganar y no los intereses de las clases altas”.

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