Espectáculos

2001: Odisea en el espacio: Medio siglo de “una definición científica de Dios”

Tercera parte de la serie de especiales que Crónica lanza cada lunes a propósito de cinco filmes que cumplen 50 años de haber marcado la historia del cine

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"Por mucho tiempo he sido un gran admirador de sus libros y había querido discutir con usted la posibilidad de hacer una excelente y proverbial película de ciencia ficción”, estas palabras forman parte de la carta que el cineasta Stanley Kubrick envió al escritor y científico británico Arthur C. Clarke en la que le pedía que colaboraran juntos para un proyecto.

La carta data del 31 de marzo de 1964 y Clarke respondió favorablemente. Tres semanas después del primer contacto, el 22 de abril, se encontraron en el Hotel Plaza de Nueva York, y de acuerdo a Clarke: “Hablaron durante ocho sólidas horas de ciencia ficción”. Cuatro años después, la reunión dio como resultado la innovadora 2001: Odisea del espacio.

“Me importan en particular los siguientes temas generales, partiendo, naturalmente de un personaje y una gran trama: Las razones para creer que existe vida inteligente extraterrestre; el impacto (y tal vez la falta de el impacto en algunos sectores) que ese descubrimiento tendría en la Tierra en un futuro cercano y una investigación espacial con aterrizaje en la Luna y Marte”, decía Kubrick sobre sus intenciones del filme.

El realizador y el escritor hicieron mancuerna para hacer un guion inspirado en el cuento de este último titulado El centinela, escrito en 1948 y publicado originalmente en la revista 10 Historias de Fantasía, en 1951, con el título Sentinel of Eternity (Centinela de la Eternidad), en donde se cuenta la historia del descubrimiento de un artefacto en la Luna (de la Tierra) del que el protagonista supone es un mecanismo alienígena.

El 23 de febrero de 1965, MGM (Metro Goldwyn Mayer) lanzó a los medios de comunicación una nota de prensa. Eran dos páginas casi completas donde se explicaba textualmente, entre otros aspectos: “Stanley Kubrick va a rodar la película Viaje más allá de las estrellas en formato Cinerama para la MGM”.

Se hablaba de “un reparto de talla internacional” (del que no se adelantaba nombre alguno). Las fechas que se proporcionaban eran que el rodaje daría comienzo el 16 de agosto de dicho año y que la historia se basaba en una futura novela que haría su aparición a finales de ese año, 1965. La idea inicial era utilizar decorados de los estudios en países como Reino Unido, Suiza, Alemania, África y Estados Unidos.

Cuando se firmó el acuerdo Kubrick, quien en ese momento tenía 40 años y venía del prestigio de filmes como Espartaco, Dr. Insólito y Lolita, declaró: “La MGM no lo sabe aún, pero acaban de costear la primera película religiosa de seis millones de dólares. Lo que aquí tratamos es una definición científica de Dios”.

En un principio el nombre del proyecto cambió a El amanecer del hombre, pero como en cada filme de Kubrick las cosas cambian, ninguno de los plazos ni las condiciones se cumplió. Por supuesto, el rodaje no se realizó en ninguno de los países mencionados (salvo estudios de Reino Unido, y algunas transparencias que se usaron de África).

La cinta se vio por primera vez el 2 de abril de 1968 en Washington, y un día después se vio en las salas de Nueva York. El resultado fue una obra fascinante y compleja, que para muchos es la más asombrosa epopeya metafísica de la historia del cine, que conduce, en sus 143 minutos de duración, al espectador a una reflexión metafísica, que arranca hace 4 millones de años.

Su trama se centra en un equipo de astronautas, que trata de seguir las señales de radio emitidas por un extraño monolito hallado en la Luna y que parece ser obra de una civilización extraterrestre. El reparto está integrado por Keir Dullea como Dave Bowman, Gary Lockwood como Frank Poole, Douglas Rain como la voz de HAL 9000 y William Sylvester como el Dr. Heywood Floyd.

Es una película de ciencia ficción transversal, que aborda temas como la evolución humana, la tecnología, la inteligencia artificial y la vida extraterrestre. Se caracteriza por un notable realismo científico, por sus revolucionarios efectos especiales, por algunas de sus ambiguas y en algunos casos surrealistas e incluso psicodélicas imágenes.

Hoy en día se ha vuelto un ícono del cine aquella secuencia en la que un grupo de homínidos descubre una piedra de color negro, con forma de paralelepípedo, perfectamente pulimentada. Ellos se acercan al monolito y lo contemplan con una mezcla de curiosidad y temor reverencial mientras el sol sale por encima y lo ilumina.

El periodista Fernando Prieto lo describe perfectamente: es una escena en la que “aparentemente no ha ocurrido nada y, sin embargo, ha sucedido todo: el homínido, uno de ellos, descubre, casi sin darse cuenta, que un hueso (un fémur en concreto) es algo más que una cosa recubierta de carne que se roe hasta dejarla monda. Un hueso se convierte de pronto en una herramienta para triturar, para machacar, para pulverizar. Y también para matar. Es un salto evolutivo gigantesco y dramático”.

Esta escena pasa mientras se escucha el poema sinfónico de Richard Strauss Así habló Zaratustra, a su vez obra capital del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, cuyo planteamiento, basado en la evolución del mono al “superhombre”, con el hombre como nexo casi antagónico entre ambos, es un elemento sustantivo de este filme.

Por ello, ese homínido lanza al aire el hueso y tiene lugar entonces lo que los críticos han denominado “la más grande elipsis narrativa de la historia del cine”, un salto de 4 millones de años que nos traslada a 1999, a esa nave espacial que viaja de la Tierra a la Luna y hace escala en una estación espacial.

Dos años más tarde, en 2001, una expedición viaja a Júpiter integrada por cinco astronautas, tres en estado de hibernación y dos despiertos —los doctores Dave Bowman (Keir Dullea) y Frank Poole (Gary Lockwood)— y un supercomputador llamado HAL 9000, pilar de la narrativa pues de él depende el éxito de la misión.

Su inteligencia es cada vez menos artificial y progresivamente más “natural”. Pero solo es una máquina. Y esa es la clave que quiere mostrarnos Kubrick: romper con la máquina, desprogramarla.

Clarke y Kubrick desarrollaron un argumento y novela que, dividido en cuatro bloques, intentaba recoger la historia del ser humano, o de la vida inteligente en la Tierra, que avanzaba hacia el infinito con la aparición del feto estelar. Sugería el nacimiento de un estadio de evolución superior, más allá del tiempo y el espacio, conectado con todo el universo, y en paz y harmonía.

El filme quedó con una duración de 149 minutos, de los cuales 88 carecen de cualquier diálogo. De hecho, durante los primeros 25 minutos y los últimos 23 no hay diálogos. Es sorprendente por todo lo que, sin palabra alguna, comunica esta obra maestra.

Odisea en el espacio además fue impactante porque llegó en plena competencia espacial entre la Unión Soviética y Estados Unidos, de hecho, un año después del estreno de esta película, es decir en 1969, Neil Amstrong llegaría a la Luna y por fin habría imágenes sobre el espacio exterior.

A este hecho y por perfección de la película de Kubrick surgió una leyenda urbana que ponía en entredicho la veracidad de la llegada del hombre a la Luna. Se especuló con que todo hubiera sido un montaje de los Estados Unidos, para anticiparse en la carrera espacia. Algunas versiones aseguraron que el mismo Kubrick, por encargo del gobierno, lo habría rodado utilizando decorados de 2001.

Curiosamente, para ser una obra maestra el reconocimiento llegó muy tarde. Solo alcanzó un premio Oscar, el de mejores efectos especiales. Sin embargo, no se llevó el premio a la mejor dirección de arte, ni guion original ni la estatuilla a la mejor dirección, ni mucho menos la de mejor película. Ese año fue galardonado el musical Oliver! dirigido por Carol Reed. En tanto que en los BAFTA se llevó tres premios (mejor fotografía, mejor sonido y mejor diseño de producción).

Por cierto Arthur C. Clarke continuó por su cuenta tras la película y escribió otros tres libros de la saga: 2010: Odisea dos, 2061: Odisea tres y 3001: Odisea final. La segunda entrega llegó a rodarse y se llamó igual que la segunda novela. La dirigió en 1984 Peter Hyams, quien también colaboró con Clarke en el guión.

La influencia que tuvo este filme en el cine de ciencia ficción ha sido imponente. Este año Cannes celebró que cumplió medio siglo con una proyección especial que se realizó precisamente este domingo, pero además ha tenido otros homenajes como el del Museo Nacional del Aire y el Espacio, de Washington, que recreó la famosa habitación de la película.

Los visitantes pueden recorrer esta habitación de ocho por diez metros, donde al final de la película el doctor David Bowman se ve envejeciendo, para después renacer. La instalación fue creada por el artista británico Simon Birch es para el museo una forma de rendir homenaje al filme de Kubrick, porque los consideran “uno de los mejores de la historia del cine”.

“Para mí 2001 es como mirar una puesta de sol”, dijo George Lucas sobre el filme; “cada imagen ofrece múltiples posibilidades sobre las capacidades cinematográficas”, ha dicho Martin Scorsese; “fue la primera obra que nos transportó al espacio como ningún otro documental, película o experiencia en IMAX lo ha hecho”, son las palabras de Steven Spielberg.

Pero las palabras que más importan son las del propio Stanley Kubrick ante la pregunta de ¿qué pretendía realmente con esta película?: “Intenté hacer que fuera una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente al subconsciente, con una carga emotiva y filosófica. Quise que fuese una experiencia subjetiva vivida intensamente y que llevase al espectador a un nivel interno de conciencia, del mismo modo que logra hacer la música”, dijo, y ocurrió, y fue mucho más que eso.

 

► El filme en principio iba a costar 6 millones de dólares y a estrenarse un año después del inicio de su rodaje, en 1966. El presupuesto se disparó hasta los 10 millones de dólares y no llegó a los cines hasta 1968.

 

► Para el Oscar de la Academia del año 1969, 2001:Una Odisea del Espacio no fue nominada a Mejor Maquillaje por que la Academia pensó que los simios usados en el principio de la cinta eran animales reales. Las crías de homínido que aparecen  son bebés chimpancé. 

► La Luna se elaboró en los estudios teniendo en cuenta las fotografías de la NASA y con arena teñida de azul. Kubrick tenía varias toneladas de arena importada, lavada y teñida para las escenas de la superficie de la luna.

► Kubrick quería emplear un ordenador IBM, pero la compañia rechazó su propuesta. Entonces se crearon las siglas HAL para el ordenador inteligente, que son las letras inmediatamente anteriores a IBM. HAL significa también Hardware Abstraction Level.

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