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Director de Ayotzinapa, el paso de la tortuga: Cuando filmé me intimidó la gendarmería

Entrevista. El cineasta Enrique García Meza compartió con Crónica que mientras hacía la investigación del filme, le dejaban recados en el hotel como “deja de jugar con la cámara”

"Cuando se dio a conocer la noticia no entendía muchas cosas, hasta que estuve en ­Guerrero, ocho días después del suceso con la cámara fuera”, explicó Enrique García Meza, en entrevista con Crónica. Director del documental Ayotzinapa, el paso de la tortuga, que forma parte de la actual edición de Ambulante, Gira de Documentales.

Este documental cinematográfico exhibe “el dolor y la falta de justicia” ante la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, la noche del 26 de septiembre de 2014; hace una crónica de lo sucedido hasta el 27 de septiembre, cuando los estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, fueron víctimas de desaparición forzada.

A través de testimonios y voces de familiares de los ­desaparecidos, el largometraje busca mostrar el impacto de este acontecimiento en la sociedad.

“No sé por qué lo hice. Tenía miedo. Cuando tomé la decisión me dije a mí mismo que estaba loco. Tomé la decisión el 28 de septiembre, cuando acababa de pasar”, recordó el cineasta, quien afirma que cuando se decidió a vivir en Ayotzinapa para investigar el suceso “Bertha (Navarro) y Guillermo (del Toro) ya estaban en lo mismo”, dijo.

“Cuando todo pasó, Guillermo estaba en México presentando La delgada línea amarilla, que él producía y ahí fue. Platicamos en la tarde de ese día de la presentación y yo les dije que me iba, pero ellos ya tenían una idea en la cabeza sobre hacer algo al respecto”, comentó.

“Ese día le entregué el proyecto a Bertha sobre una miniserie que yo dirigía, ahí le dije que me iba el primero de octubre. Recuerdo que me dijo que no me apresurara, porque si no saldrían las cosas mal. Esa noche platicó con Guillermo y al día siguiente me dijeron ‘le entramos’”, agregó.

De acuerdo con el director hubo dos motores que provocaron el impulso de viajar a realizar un filme, “fue algo que me dolió mucho porque yo venía de hacer talleres de cine en el campo y al ver las fotos en las noticias, pensé en los papás”, dijo.

“También en mi infancia. Viví mucho tiempo en Sonora rodeado de campo. Esta parte de la gente que no se ve y no se oye me mueve. Incluso hay gente que se burla de ellos por ser del campo, pero es porque no platica con ellos y los juzgan. Pensaba en todo eso y me dolió”, añadió.

Desde el comienzo el director sabía que lo que quería, al decidir viajar a las zonas de la tragedia, era “provocar que el espectador se dieran cuenta que había una historia que se podía contar desde adentro (…) era un proyecto con mucha humildad, no tenía un equipo de personas porque eso me alejaría y sería algo invasivo”, explicó.

Pero aún así la tragedia era muy sensible, “en un principio no me querían y era entendible, con el tiempo ellos me veían y les dije a los papás que quería hacer un documental, aunque ellos no entendían lo que significaba esa palabra. Ellos no querían hablar conmigo y yo respeté eso”, mencionó.

“Fueron los estudiantes los que poco a poco me veían y comenzaron a ayudarme, incluso después de un tiempo ellos hasta cargaban la cámara y se involucraron. Jugábamos con la cámara y eso les gustaba y así me gané su confianza”, dijo y añadió “lo que vemos es una manifestación de su dolor, no tanto su enojo aunque eso se entiende, el documental sólo tiene la finalidad de escucharlos”, aclaró.

Después de que se ganó la confianza de algunos familiares y de que cobró trascendencia el documental, “muchos quisieron formar parte del proyecto, desde historiadores hasta economistas, sociólogos a antropólogos muy famosos, incluso gente que yo admiro. Los entrevisté pero muchos se dieron cuenta que no los iba a meter”, dijo.

“Mi premisa era contar la historia a través de ellos. Eso no se movió. Mi pretensión personal era que las personas se dieran cuenta de lo que pasaba, pero también con la voz de ellos”, añadió.

En el trayecto hubo dos elementos fundamentales que marcaron sus emociones, más allá de los testimonios de quienes forman parte del filme. El primero de ellos tiene que ver con la desinformación de la gente, “llegaba a México y en todos lados se hablaba del tema pero muchos no se daban cuenta de lo que pasaba”.

“Eso es lo más peligroso de temas como éste, que hablamos sin conocer pero creyendo que conocemos. Además es lo más torpe que nos puede pasar como personas. Hay gente después de las funciones que me dice, yo pensé que sabía. Es mucha la información y la necesidad de los medios de informar, que realmente la gente no se da el tiempo para poder dimensionarlo”, añadió.

La segunda fue el miedo. En el proceso de investigación llegó a recibir mensajes para que detuviera su trabajo: “Si hubo intimidación. A forma de invitación”, afirmó.

“En algunos hoteles en los que me quedaba en Chilpancingo había recados de la gendarmería. Sabían mi nombre completo y número de habitación y me dejaban recados como ‘deja de jugar con la cámara’…

“La primera vez pensé que era una broma, pero el chavo estaba muy nervioso. Él me decía ‘¿no entiende?’, al ver su cara pensé que sí era serio”, comentó. “Para la tercera vez que me llegaron mensajes yo ya no sabía qué hacer. A veces le tenía que hacer caso a la intuición y me llegué a salir de Iguala o Ayotzinapa a la una de la mañana, por temor a que pasara algo”, dijo.

“Lo que más me preocupaba era la gente de la recepción, porque ellos estaban muy asustados. Sobre todo se espantaban porque se sorprendían que supieran mi habitación y datos exactos. Me tuve que cambiar de hoteles como cuatro veces, porque también yo me asustaba”, añadió.

Hubo días en que dormía en su carro, alejado de los hoteles a los que llegaban los recados: “Nunca supe directamente quien fue. Pero en recepción me decían que habían llegado un par de patrullas o dos jeeps por parte de la gendarmería”, dijo.

Han pasado casi cuatro años desde que comenzó el rodaje de este filme, que cuando se estrenó en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), en presencia de Guillermo del Toro, causó un silencio fúnebre en la sala. En el caso de la función de apertura Ambulante fue emotivo, al terminar de presentar la película, Enrique García Meza abrazo a uno de los representantes de prensa y lloró.

“La primera vez que escuché ese silencio me estremecí, pero al ver la cara de los espectadores entendí, porque significa que algo duele”, concluyó.

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