Por los votos de los maestros

Juan Manuel Asai

A los maestros todos los políticos los procuran cuando se acercan las elecciones. Sus votos son el oscuro objeto del deseo de la gente de poder. Por esos votos los políticos son capaces de cualquier cosa, incluso de cumplir algunas promesas de campaña, lo que ya es un exceso.

Los políticos disfrazan su apetito de votos magisteriales de preocupación por la educación de los infantes, por dotarlos de educación de calidad para que puedan salir adelante en un mundo cada vez más competitivo y despiadado, pero no. A estas alturas ya casi no engañan a nadie.

La carrera magisterial perdió el prestigio que alguna  vez tuvo. Los maestros eran los líderes naturales de sus comunidades, una voz respetada, de autoridad. Por desgracia, el manejo político de los sindicatos fue transformando a los maestros de líderes de su comunidad en agentes de presión política. Los liderazgos se convirtieron en integrantes de la corte del poder y se les podía ver en todos los salones, hasta en la cocina. Para no incomodar a estos agentes de presión política, los gobiernos fueron año tras año cediendo parcelas del control del proceso educativo, no para conseguir mejores rendimientos académicos, nada de eso, sino para que los maestros no hicieran olas. La descomposición se aceleró al grado de que el único mérito reconocible en la carrera magisterial eran las luchas políticas.

Los maestros terminaron haciendo lo que se les pegaba la gana. El gobierno les daba el salario más raquítico posible y ellos asumieron que lo importante no era quedar bien con sus alumnos sino con el sindicato, ya sea SNTE o CNTE. El gobierno se concentró en tratar con los líderes, salir de problemas con maletines de billetes y a otra cosa. El resultado es que perdió el control del proceso. Llegó incluso a desconocer datos fundamentales como el número de escuelas o la ubicación y plazas de los maestros. La nómina magisterial llegó a ser un hoyo negro en el que nadie sabe, nadie supo. Una situación inadmisible. Recuperar el control, orear la nómina, el censo de escuelas y maestros, fue el resorte que detonó la reforma educativa ya en este sexenio.

Cuando la reforma arrancó se encontraron todo tipo de barbaridades, desde maestros muertos que seguían cobrando, escuelas inexistentes que recibían ayuda, hasta escuelas reales de las que nadie tenía noticia. Se impuso un principio de orden, aunque desconozco qué tan lejos llegó. Me gusta pensar que hoy en día algunas de esas carencias han sido subsanadas y que ya se sabe cuántas escuelas hay, en dónde están ubicadas y cuál es el estado de sus instalaciones, Quiero pensar que ya se sabe cuántos maestros y en qué escuela dan clases. Es lo mínimo.

Ayer, todos los candidatos compitieron para ver quién consentirá más a los maestros. López Obrador quiere unir a SNTE y CNTE y una de las formas de lograrlo es cancelando la reforma educativa, el tipo de evaluación que se viene realizando, ya que la consideran punitiva. Los maestros se relamen los bigotes y piensan que si gana el tabasqueño volverán a la hamaca y los líderes a las grillas, a la presión callejera, a la extorsión para doblar a los funcionarios y que se caigan con una lana, que es lo que finalmente quieren.

Lo realmente lamentable es que todos hablan de maestros y política pero nadie lo hace de maestros y educación, como si su labor principal fuera la grilla y no la formación académica. Si usted, amable lector, no está preocupado, debería estarlo.


jasaicamacho@yahoo.com
@soycamachojuan

 

 

 

 

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