Espectáculos

Deadpool 2: El regreso del mercenario bocazas

Lo que ha hecho Ryan Reynolds con el personaje de Deadpool en la pantalla grande, seguramente no es lo más admirable del cine. Lo que sí es verdad es que en apenas dos películas le ha marcado una esencia de la que es difícil desprenderse como en su momento lo logró Robert Downey Jr. con su Iron Man o Hugh Jackman con su Logan. La continuación de la historia del mercenario bocazas es más de una máquina de burlas irreverentes.

El humor ácido del personaje no es del gusto de mucha gente, pero es innegable el ingenio creativo detrás de la construcción de un personaje que no tiene pelos en la lengua, ni límites en la sucesión de gags, chistes y situaciones que ya podrían ser consideradas marca de la casa, denominación de origen y seña principal de identidad.

La segunda parte del filme llega a las salas de cine para continuar con las aventuras del personaje. Después de la primera entrega en la que en la búsqueda de vengar el sufrimiento de su pasado, descubre el verdadero amor y se burla de todos los superhéroes mientras salpica sangre de malosos en las pantallas; ahora regresa para contarnos una historia en la que el antihéroe menos convencional de Marvel tendrá que encontrarle sentido a su existir (recordemos que no puede morir), después de una pérdida importante en su vida. Posiblemente lo encuentre en el sacrificio, una cualidad importante de los superhéroes… momento, pero él no…

Como sea. Wade Wilson vuelve a hacer de las suyas con casi dos horas de metahumor, sobrecargado de referencias a la cultura pop (sobre todo de la música, el cine y los cómics), sin perder su esencia gore (por la cual la primera parte fue revolucionaria en el cine de superhéroes) y con artificios tan ridículos que es sorprendente que encuentren sentido redondo en una película. A veces hasta se siente algo raro el que un personaje muestre algo de humanidad como el de Josh Brolin como Cable, el actor que reventó la pantalla hace unas semanas como el poderoso Thanos en Infinity War.

Más allá de eso, la película no toma más riesgos. Aunque parezca no tener por qué, lo cierto es que para ser un tipo que puede hablar y burlarse de todo, no se mete en ningún momento con personajes esenciales de la cultura actual de Estados Unidos, como Donald Trump. Lo que sí han hecho otras películas de superhéroes a su forma, y sobre todo con el material de chistes (no sabemos bien si voluntarios) que hace el mandatario de Estados Unidos.

En definitiva, la película cumple con su premisa humorística. Se mantiene fiel a la esencia de la primera parte pero no construye una historia que sea atractiva sin recurrir a sangre, tacos o roturas de la cuarta pared. Es decir, tendrá alguna pizca artística (por repelar el lenguaje cinematográfico), pero es una muy buena propuesta de entretenimiento.

 

El tercer asesinato

Director: Hirokazu Koreeda
(Japón, 2017)

Este cineasta japonés muestra en este filme su propuesta más compleja. Director de películas como De tal padre, tal hijo (2013) y Detrás de la tormenta (2016), se aleja por un momento de los relatos familiares y explora otra forma de plantear cuestionamientos morales en una crónica judicial que revela la perversidad de la humanidad. Es la historia del conocido abogado Shigemori, defensor de Misumi, acusado de robo con homicidio, quien ya cumplió pena de cárcel por otro asesinato hace 30 años. Las posibilidades de que Shigemori gane el caso son escasas, ya que su cliente reconoce ser culpable, aunque esto probablemente signifique la pena de muerte. A medida que desentraña el caso y escucha los testimonios del propio Misumi y de su familia, el abogado empieza a dudar de la culpabilidad de Misumi.

 

Descubriendo a Morrissey

Director: Mark Gill
(Gran Bretaña, 2017)

Se trata de la primera película que se adentra en la vida de Morrissey, una de las principales figuras de la música en las últimas décadas. El filme ofrece una mirada sencilla, dulce y relativamente cercana a todo lo que vivió el joven de Mánchester, en su intento de salir de la vida en los suburbios, la pobreza y los fantasmas mentales. Se trata de una crónica, que para ser sobre una figura musical no tiene mucho sentido de ritmo y no termina de atrapar al espectador. Sin embargo, hay algunas secuencias dignas de celebrar, sobre todo en el carácter interpretativo en la que se lograban transmitir emociones sin necesidad de palabras. Pura artesanía fílmica que valía la pena. Más allá de eso, la película nos muestra a un personaje sin naturalidad ni veracidad en su sufrimiento. Su depresión parece más un berrinche infantil.

 

Campeones

Directora: Lourdes Deschamps (México, 2018)

Ya se ha dicho antes, pero una de las mayores desgracias que existe en el cine, específicamente en el mexicano, es que se quiera tratar al cine como si fuera televisión. De ahí que no se les tome en serio a muchas comedias. Esta película nos muestra de forma patética y triste uno de los episodios más celebrados del futbol mexicano, que fue el campeonato sub-17 (jugadores con edad límite a 17 años) que se ganó en el 2005. Pero el filme, más allá de contarnos una hazaña inspiradora deportiva, nos muestra un episodio largo de La Rosa de Guadalupe. No hay ningún personaje que muestre credibilidad humana, sobre todo porque se intenta mostrar los problemas personales de sus personajes con la finalidad de hacer “épico” el triunfo, lo que la hace más patética. Es fiebre futbolística de la mala.

 

 

 

 

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