Margarita, el placer de la derrota

Juan Manuel Asai

“Cuando vive el infeliz ¡ya que se muera!;

y hoy que ya está en el veliz, ¡qué bueno era!”.

 Chava Flores

Como país haríamos las delicias de cualquier psicoanalista. Nos regodeamos con la derrota. Festejamos y honramos a los muertos como no lo hacemos, bajo ninguna circunstancia, con los vivos. Ahí está el ejemplo insuperable de Margarita Zavala, el personaje político del momento.

Cuando la ex Primera Dama logró colarse a la boleta presidencial 2018 fue una nota más en páginas interiores. Hoy, que decide bajarse de la competencia, es nota de ocho columnas y la entrevistan en todos lados y, algo extrañísimo, la llenan de piropos.

Ya que la señora está en la lona recibiendo la cuenta nocaut, Margarita es valiente, hábil, congruente honesta, patriota. Cuando logró la hazaña de cumplir los draconianos requisitos para competir como candidata independiente era tramposa, sospechosa, torpe. La conclusión es inevitable: La Margarita derrotada nos encanta, comenzando por la prensa. La victoriosa generó suspicacias.

Chava Flores lo dijo en su momento, desde luego de mucho mejor manera cuando contó la historia de Cleto que sirve de epígrafe. A Ricardo Anaya, por ejemplo, le gusta mucho más la Margarita marchita que la fresca y rozagante. Anaya, a quien todo mundo conoce como el gandalla más despiadado de la pradera, dijo que Margarita era una mujer valiente y de principios. Acaso por eso, porque es una mujer valiente y de principios, Anaya prácticamente la expulsó del PAN. Le cerró todas las puertas y sólo le dejó abierta la puerta de salida.

Ahora hace como que está afligido, pero no es verdad, está radiante porque se salió con la suya. Ahora, como no tiene llenadero, quiere los votos de Margarita y su apoyo. Anaya nunca procuró a la Margarita viva, ahora que ya es una baja de la contienda, la busca, le contesta las llamadas. Hasta finge ser caballeroso y Margarita, en plan de espectro político, hace como que le cree. Si Anaya gana la elección del primero de julio, igual y premia a Margarita con una nave industrial de buen tamaño.

El presagio

La nota de la renuncia a su candidatura presidencial independiente atrae más por lo que presagia que por su peso electoral. Y es que, según las encuestas, Margarita, al momento de su renuncia, tenía el 3 por ciento de las preferencias electorales, votos más, votos menos.

¿Qué pasará con esas intenciones de voto? Lo más probable es que se repartan entre los seguidores de Meade y los de Anaya, aunque también hay quien ya se formó en la ventanilla de AMLO. Si esa intención de voto se reparte en realidad el impacto estadístico será mínimo.

La pregunta es si, así como lo hizo la ex primera dama, otros candidatos pudieran renunciar para buscar una alternativa de voto útil y evitar que López Obrador gane la elección casi sin despeinarse. La única declinación significativa sería la de Meade por Anaya o la de Anaya por Meade. Contra lo que pudiera pensarse no es sencillo.

José Antonio Meade, que tuvo cargos en el gabinete presidencial de Felipe Calderón, que no es militante del PRI sería el candidato idóneo, lógico, pero las posibilidad de reconciliación son muy remotas, porque entre Anaya y Peña Nieto hay un pleito personal, derivado de que el Presidente considera traidor al joven maravilla, acostumbrado a agandallarse todo lo que se le antoja.

Lo cierto es que si PAN y PRI no se juntan en algún momento de la campaña, el triunfo de López Obrador es un hecho. Una vez que Morena llegue al poder, no habrá manera de bajarlo en un buen rato.

 

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
@soycamachojuan

 

 

 

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