Candidatos sin proyecto educativo

Javier Santiago Castillo

La celebración del Día del Maestro nos lleva a reflexionar sobre el tema de la educación, más allá del ritual desgastado. Venustiano Carranza decretó, en 1917, que el 15 de mayo fuera el día para festejar a los maestros. Además, creó la Secretaria de Educación Pública el 3 de octubre de 1921. Los revolucionarios comprendieron que los profesores eran, son, un engrane sustancial del desarrollo del país. Muchas de las virtudes sociales del México de hoy son el resultado del empuje en el ámbito educativo de los gobiernos posrevolucionarios, que oscilaban entre el autoritarismo y la construcción de instituciones. Es innegable que la educación pública, laica y gratuita es una institución producto de la Revolución de 1910.
Fueron secretarios de Educación connotados intelectuales miembros de la élite política posrevolucionaria. Iniciando con José Vasconcelos, pasando por Narciso Bassols, Jaime Torres Bodet, Agustín Yáñez y Jesús Reyes Heroles. Esas presencias eran un testimonio viviente del lugar que ocupaba la educación en el proyecto de nación del México posrevolucionario.
El impulso a la educación fue la construcción de una sinergia entre las políticas del Estado y el sindicato de maestros. Ser profesor, en términos generales, era concebido socialmente como un apostolado, y lo era en la realidad. Basta recordar que durante décadas los bajos salarios y las carencias materiales en la infraestructura educativa no eran obstáculo para realizar un trabajo en beneficio de niños y jóvenes.
Como suele suceder, el decurso del tiempo y los intereses creados descomponen las cosas. Lejos está el pacto de unidad magisterial de 1942, que llevaría a la fundación del SNTE en 1943. En el presente, a pesar de la gran diversidad de sindicatos de profesores de todos los niveles educativos, el SNTE continúa siendo el de mayor fuerza.
La consolidación del control corporativo del sindicato en la década de los años setenta y su conversión en brazo electoral del Partido Revolucionario Institucional lo distanciaron del esfuerzo de transformación social vía el impulso de un proyecto educativo. A partir de la década de los años noventa el sindicato se fue transformando en un feudo corporativo que tomó posiciones políticas disímbolas bajo intereses de grupo. Fue así como trasmutó el apoyo al PRI por el del PAN y al final de cuentas creó, en 2005, su propio partido Nueva Alianza (Panal), que ha regresado, al menos coyunturalmente, a tener acuerdos con el PRI.
La disidencia magisterial, agrupada fundamentalmente en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), tampoco es ajena a la utilización de mecanismos de control corporativo.
Uno de los acuerdos sustanciales del Pacto por México fue la reforma educativa, que se materializó con la reforma a la Constitución, en 2012, y la reforma a la Ley General de Educación, en 2013. Los principales compromisos de la reforma educativa son: 1. Creación de un Sistema de Información y Gestión Educativa; 2. Consolidar un Sistema Nacional de Evaluación; 3. Autonomía en la gestión de las escuelas; 4. Escuelas de tiempo completo; 5. Computadoras portátiles con conectividad; 6. Creación del Servicio Profesional docente; 7. Fortalecimiento de la educación inicial de los maestros; 8. Incremento de la cobertura en educación media y superior; 9. Programa nacional de becas y 10. La creación de un Nuevo Modelo Educativo.
Las principales críticas a la reforma se pueden sintetizar en dos: 1. Que no es una reforma educativa, sino una reforma administrativa, porque no se planteó una transformación sustantiva de los objetivos sociales y de los contenidos de la educación y; 2. Que es punitiva, porque cambió las relaciones laborales a través de la evaluación sin tomar en cuenta las condiciones sociales, salariales de los maestros y de infraestructura heterogéneas existentes en el país.
La coyuntura electoral nos remite obligadamente a conocer y cuestionar los planteamientos de los candidatos sobre el relevante tema de la educación. En el caso del candidato del PRI, José Antonio Meade, se sobre entiende que defiende acríticamente la reforma realizada por el presidente Peña Nieto. Por lo tanto, en caso de ganar la elección, se espera que le dé continuidad a la reforma existente.
En la plataforma electoral de Por México al Frente no se hace alusión a la reforma educativa. Se plantea “desarrollar un sistema de educación pública, laica y gratuita, de calidad mundial”, pero Ricardo Anaya menciona que las reformas se implementaron de manera incorrecta y llama a revisar la reforma.
Por último, la plataforma electoral de la coalición Juntos Haremos Historia aborda el tema educativo de manera genérica. Pero en el discurso, López Obrador propone, simple y llanamente, echar atrás la reforma educativa, que desde su visión sólo violenta los derechos de los maestros. Además, de acuerdo con su discurso, plantea la necesidad de implementar becas a los alumnos y plantea una educación para todos, es decir, cero rechazados, que nadie se quede sin estudiar, inclusive eliminar los exámenes de admisión como se hace en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).
El denominador común de las plataformas electorales de los tres principales candidatos es que no trazan rutas claras y tampoco estructuradas, las propuestas que se plantean son generales.
Por otro lado, es preocupante el conflicto existente al interior del magisterio con tres grupos claramente identificados: la dirección formal del SNTE, apoyando la candidatura de Meade, los leales a Elba Esther Gordillo y la CNTE respaldando la candidatura de López Obrador.
En el escenario los intereses son claros, los candidatos buscan los votos que puede ofrecerles el magisterio y la estructuración de una política educativa sólida es secundaria. Es de

Javier Santiago Castillo
Profesor UAM-I
@jsc_santiago
www.javiersantiagocastillo.com

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