La reforma educativa

Maria Elena Álvarez de Vicencio

El tema de la educación ha sido una preocupación para las familias deseosas de dar la mejor preparación para hacer de sus descendientes unas personas de bien y con la modernidad se le ha agregado el deseo de que también sean personas prósperas.

En los años posteriores a la lucha Cristera, que costó 250 mil vidas y que duró de 1926 a 1929, originada por la restricciones al culto religioso, vino después el gobierno de Cárdenas que implantó la educación socialista. Con las escuelas privadas cerradas en buena parte del país, las familias que no podían mandar a sus hijos a las escuelas privadas o a los internados que sí funcionaban en algunos Estados, preferían que maestras particulares los enseñaran a leer y escribir, en su casa, pues les daba temor mandarlos a las “escuelas del Gobierno”. Pocos son ya los mexicanos que recuerdan este pasado que afectó a buena parte del pueblo y que por otra parte provocó una reacción de reclamo y rechazo al gobierno.

Después de Cárdenas, la propaganda de campaña de Manuel Ávila Camacho tenía en sus espectaculares una imagen de la Guadalupana con la leyenda: “La fe del pueblo es sagrada”, lo cual tranquilizó a la ciudadanía y las escuelas parecieron volver a la normalidad, aun cuando la reforma a la ley anterior sobre educación se reformó hasta 1992.

La Secretaría de Educación Pública se había creado en octubre de 1921, había tenido como antecedente la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1905. José Vasconcelos fue el Primer Secretario y puso empeño en abatir el analfabetismo con maestros apóstoles, repartiendo libros y desayunos escolares en las zonas rurales.

Después de Vasconcelos todos los Secretarios han impulsado reformas, las cuales, pese a los múltiples esfuerzos, no han dado los resultados esperados. Recordamos la “Habilitación de Maestros”, la cual se aplicó por lo escaso de profesionales y consistió en dar formación, por medio de cursos cortos, a los alumnos que habiendo terminado Secundaria estuvieran dispuestos a prepararse para convertirse en maestros de primaria. También hubo habilitación de maestros de Primaria para convertirlos en maestros de Secundaria. Los resultados no abonaron a la calidad de la enseñanza.

Otro intento ya más avanzado fue la propuesta de la descentralización. Con el fin de mejorar la calidad educativa se aprobó dejar libertad a cada Estado de la República para que implementara métodos y supervisara la calidad de los maestros de su localidad. Se esperaba que hubiera una sana competencia en aplicar las mejores estrategias para lograr resultados de mayor calidad en el aprendizaje de los alumnos. El resultado todos lo conocemos. Algunos Sindicatos aprovecharon esa libertad para crear nóminas fantasmas, para contratar personal no idóneo y lejos de alcanzar las metas de los propósitos iniciales, la calidad educativa, con honrosas excepciones, empezó a decaer.

La competencia entre los estados no se encaminó a obtener los mejores resultados en el aprovechamiento de los alumnos sino en obtener los mayores rendimientos en beneficios no lícitos para algunos sectores: “aviadores”, maestros que no tenían grupo de alumnos, maestros que no tenían la capacitación debida, escuelas donde físicamente faltaban maestros, pero que sí estaban en la nómina. etc. etc. También se encontraron escuelas que hicieron buen uso de su libertad.

La última reforma educativa tuvo, entre otros propósitos corregir estas lamentables desviaciones. No abarcó todo lo que sería deseable reformar, pero ha permitido empezar a poner orden, donde había desorden. Los proceso de evaluación a maestros y alumnos son una herramienta que ayudará a ese propósito. Todavía habrá mucho que reformar pero se dieron importantes pasos y habrá que continuar hasta lograr que la educación responda a las necesidades que las nuevas generaciones demandan.


Doctora en Ciencias Políticas
melenavicencio@hotmail.com

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