CDMX. La delincuencia tiene permiso

Juan Manuel Asai

Urge que el jefe de Gobierno de la Ciudad de México José Ramón Amieva, se reúna con los señores Almeyda y Garrido, jefe policiaco y procurador respectivamente, para recordarles de la manera más atenta, pero sin margen para malas interpretaciones, que el sexenio todavía no se acaba.
Queda por delante un semestre. Mientras estos tres caballeros cobren, tienen que seguir trabajando. Da la impresión de que ya soltaron las amarras, que se relajaron. La delincuencia actúa en la ciudad cada vez con mayor desparpajo. Son cínicos. No se sienten intimidados por la presencia de policías, uniformados o vestidos de civil. La percepción de inseguridad se agudiza.
En cualquier reunión familiar, con amigos o en la oficina, hay alguien que cuenta una nota roja, sobre un asalto, un homicidio, una extorsión. El otro día una banda asaltó un banco. A los rateros no les preocupó ni seguridad ni cámaras de vigilancia. Le quitaron sus pertenencias a los clientes y se fueron. Se trata de un ejemplo nítido de que, tal parece, la delincuencia tiene permiso. ¿Lo tiene, señores?
La policía de la Ciudad de México está bajo sospecha. El estallido exponencial del narcomenudeo en la metrópoli no hubiera sido posible sin la complacencia o franca complicidad de las policías. Ellos, los que están para proteger y servir, conocen de nombre, apellido y apodo a casi todos los narcomenudistas, que actúan como si estuvieran vendiendo merengues y gaznates. No se ­preocupan por el acecho policiaco. No hay tal persecución. La policía pasa por sus establecimientos, pero para recabar las cooperachas para que sigan trabajando como si nada. El narcomenudeo es la bestia negra de la ciudad. Fuente original de la violencia. El narcomenudeo ha creado en los años recientes una masa delincuencial enorme cuyos integrantes no sólo se dedican a la compra y venta de droga, sino que también, diversificados, roban, matan, secuestran, extorsionan.
No hace mucho un diario capitalino publicó imágenes de policías recibiendo sobornos del cártel La Unión  de Tepito. ¿Fue la excepción o es la regla? ¿Son ellos las únicas manzanas podridas y en la ciudad no hay cárteles como los de Tamaulipas simplemente porque no se necesitan? Claro que no tengo respuesta. Cada vez hay más droga, consumida por ciudadanos cada vez más jóvenes y las policías andan por ahí, tan campantes, mientras que los ciudadanos están cada vez más expuestos. La gente en la ciudad se está armando para protegerse de la delincuencia porque las instituciones no pueden con el paquete. ¿En qué medida se ha incrementado el número de personas armadas en la ciudad?
Se incrementa la venta de armas, desde luego en el mercado negro. Los que las venden son los mismos que venden drogas o fayuca. También aumentan las ventas de puertas y ventanas de seguridad, de alambre de púas, de cámaras de videovigilancia para ver quién se acerca. Hay unas zonas de la ciudad más dañadas que otras. Están circulando bandas de delincuentes extranjeros, como colombianos, especializados en préstamos impagables, robos a casas y clonación de tarjetas.
La calidad de vida en la Ciudad de México se deteriora. Es hostil y peligrosa. Su movilidad es diabólica y tal parece que nadie se quiere hacer responsable. El anterior jefe de Gobierno anda paseando lejos de su oficina, soñando en la quimera del gobierno de coalición donde le darían un superhueso. Se le ve en otras latitudes, lejos de la ciudad, acaso porque sabe que aquí la delincuencia tiene permiso.

 


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@soycamachojuan

 

 

 

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