A todo lo que renunció Margarita

Rosa Gómez Tovar

Margarita Zavala anunció en el programa tercer grado que renunciaba a seguir siendo candidata por la Presidencia de la República. La razón de su renuncia fue planteada por la propia candidata como una cuestión de congruencia y responsabilidad política, al percibir las pocas probabilidades de triunfo de su propuesta, prefiriendo dejar oportunidad a quienes la apoyaron para elegir una opción distinta.
Desde noviembre, las encuestas no la favorecían, es más en el proceso de recolección de firmas seguramente se tuvo que dar cuenta que su propuesta no atisbaba una gran cantidad de adhesiones.
La participación de una candidatura independiente en la Presidencia de la República no es un  asunto mínimo y en efecto es un camino lleno de obstáculos el que estableció la Ley para participar de forma individual en estas elecciones. Es cierto que la Ley prevé montos de financiamiento y tiempo en radio y tv inferiores a los de los partidos (pues ellos no postulan una sola candidatura), sin embargo, por citar un ejemplo, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación abrió la puerta para poder recibir una mayor cantidad de financiamiento privado, en lugar de poder recaudar sólo el 10% del tope de campaña correspondiente; las candidaturas independientes podrán recolectar aportaciones por el total del tope de campaña menos el financiamiento público que recibieron. Además, aun cuando no tienen el mismo número de spots que un partido, el monitoreo de noticiarios que hace el INE en conjunto con la UNAM ha mostrado que la candidata recibió el 17% de la cobertura noticiosa, además de que el tiempo en el primer debate fue exactamente el mismo de sus contendientes, por lo que en los subsecuentes debates podría haber puesto en comparativa sus propuestas.
Si bien el triunfo no estaba a su alcance, ya había librado los obstáculos más importantes para ser escuchada. Podría haber sentado en la discusión los temas de su plataforma (como lo que buscaba Marichuy, y lamentablemente no logró), como la única mujer en la contienda pudo haber puesto el énfasis durante el resto de la campaña en las propuestas y demandas de la agenda de las mujeres. No obstante, se ha perdido la oportunidad de visibilizar los problemas de nuestro sexo —en realidad nunca lo hizo de forma congruente—, pero ahora ni siquiera existe la posibilidad ante su renuncia. Incluso su retirada se puede entender como que las candidaturas de mujeres siguen siendo utilizadas a conveniencia de los partidos ante la polarización (como ella lo dijo) de las preferencias electorales.
Además de abandonar la competencia y el foro que muchas mujeres envidiarían haber logrado, su renuncia implica desafíos para la organización de las elecciones. El más claro es que su nombre aparecerá en las boletas, pues al momento de presentar su renuncia ya se habían impreso casi la mitad de las mismas. Así que si alguien vota por ella, su voto sería nulo. Esto puede afectar los recuentos de votos pues una causal para recontar casillas es el número de votos que fueron anulados, que a causa de su decisión se incrementarán de forma artificial.
Nunca se ha visto que una atleta en las olimpiadas, ya con un lugar en la competencia, se retire de ella por que no puede alcanzar al primer lugar, al contrario, llegar a la meta en muchos casos, es la conquista a lograr.
Más que responsabilidad política creo que su renuncia es un desdén a todas aquellas mujeres que no necesariamente siendo candidatas quieren incidir de alguna forma en sus comunidades, y que son discriminadas y mantenidas al margen del quehacer político.


rosagomeztovar@outlook.com

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