Tijuana, donde empieza la República desde una valla ocre y feroz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 21 de Mayo, 2018

Tijuana, donde empieza la República desde una valla ocre y feroz

En el cuerpo de enmedio se puso la mesa de los conductores. Como usted sabe fueron Yuriria Sierra y León Krauze: De él quizá no guarde noticia cómo fue hostigado hace ya semanas en las redes sociales, dizque por una animadversión suya en contra de Andrés Manuel...

Tijuana, donde empieza la República desde una valla ocre y feroz | La Crónica de Hoy

Aquí –perdón, señor Pessoa–, comienza México. Aquí terminan los Estados Unidos.

Tijuana. Ella, la ciudad cuya historia se agolpa en pocas líneas, según Federico Campbell.

“…se fue extendiendo hacia los cerros, vivía del contrabando de leche y gasolina, llantas y accesorios de automóvil; se barrían los dólares con escoba, su población flotante dejaba de serlo en cuanto terminaban las guerras, y así, de una ranchería de finales de siglo pasó a ser un pueblo fantasma al principio, luego una maravillosa tierra de nadie en la que tanto los visitantes como los nativos se sabían perdidos y sólo fraguaban negocios de remuneración inmediata y aspiraban a industrializar el aborto, los juegos de azar, los centros de diversión y las baratijas artesanales…”

Nada como lo de hoy, con la pujanza de industrias, maquiladoras, servicios de toda índole, cultura propia y honda, firme defensa de la identidad; centros de investigación como el Colegio de la Frontera o la Universidad Autónoma de Baja California, en cuyo campo tijuanense se confrontan, enfrentan o discuten los cuatro aspirantes a la Presidencia de la República, quienes, como se sabe, son tres y sólo uno de ellos con buenas posibilidades. Como decía Cardoza y Aragón de los Tres Grandes de la Pintura Mexicana”: son dos: Orozco.

Pues bien, ya están aquí, frente al vasto horizonte, los hombres cuyo deseo común es presidir la República. Están los cuarto. Cada uno con  su estilo, cada quien con su estrategia o su modo y temperamento. El electrizado Anaya, el reflexivo Meade, El Bronco superficial y el cazurro Andrés Manuel,  quienes en ensayada  sesión sabatina caminaron por el gimnasio universitario, excepto quien no quiso hacerlo porque no lo necesita, porque viene sobrado y bromista sobre su salud y quebrantos, seguramente confiado en los cuidados a los cuales alude en su más recinte canción la señora Beatriz Gutiérrez, esposa suya.

–¿Cuál canción?

Pues esa llamada “Cuídame tú”, de la inspirada compositora cubana Teresita Fernández, ni me diga no la conozco, por favor, si está en el sitio del “Gran Peje y su Combo Latino”; no, no es cierto, en la cuenta de tuiter de AML=, acúerdese cómo dice:

 

“…No es que el amor me haya cubierto de espinas,

no es que los ojos que amé se me empañaron,

no es que lo falso del mundo me haya engañado,

pero cuídame Dios,

cuídame tú.

Pero mírame Dios,

cuídame tú…” Tururú…

 

“He estado malito”, dice con sorna irónica ante los mensajes de sus detractrores y enfermeros imaginarios. Y ante esa circunstancia advierte cómo preparó la calma en la noche del debate cuando todos fueron tras él, lo cual resultó lógico, pues si hubiera ido en cuarto lugar los demás habrían estado adelante.

 El “gimnasio-ágora-estudio de TV-templo de la democracia”,  cuyas duelas  tienen pintados los límites y areas del cuadro del baloncesto, y cuyas canastas con tableros de acrílico gordo y resistente están arrumbadas en una esquina, tiene en el piso un borrego de cuernos retorcidos, como el colmillo de alguno de estos políticos. Cimarrones, se hacen llamar los jugadores.

Pero ahora es un “plató” dominado por un señor de apellido Sinatra quien como si fuera Federico Fellini, con una bufanda al cuello, instruye, manda y dirige su pequeño y fugaz imperio de una hora y media de duración y semanas de preparación, con un ejército de casi cien personas entre escenógrafos, pintores de brocha gorda, camarógrafos, iluminadores, sonidistas, mezcladores, directores de cámara y de escena y… en fin, toda la maquinaria de la gran televisión –con camerinos y espejos de maquillaje incluidos–, empeñada en hacer de esto un acontecimineto perfecto para memoria de la posteridad conectada a la red.

En alguna esquina, sometida a la incuria del olvido y la inutilidad,  alguien  abandonó una mesita idéntica a esas con las cuales se apoyaron los debatientes, cuya postura fue  menos rígida y vertical de cómo en anteriores debates se les imponía.

Ese atrilito enano y gris, iba a ser para la señora cuya deserción, para gusto de muchos, acortó el debate casi media hora. Hoy su aspiración imaginaria y su puesta en escena, son –dijo Discépolo–, “…descolado mueble viejo”.

Ayer los aspirantes al Ejecutivo, tuvieron un mullido asiento, como de restirador o “periquera” de bar nocturno, y pudieron estirar las piernas y caminar, porque además hubo 42 personas de la sociedad tijuanense, cuyas intervenciones y preguntas (6) usted ya conoce, pero quienes la noche del sábado, en el ensayo posterior a la visita del Bronco al estudio-gimnasio, acompañado de su constructor de imagen y estratega, (“Memociones”) Memo Rentería, fueron sustituidos por actores de la agencia “Barbarella” (modelos, escorts, actores, bailarinas (es) y todo cuanto en Tijuana se necesita para la industria del espectáculo, incluido el “pole dance”.

Eso cuenta el gran Jobe (se pronucia “Jobi”) Sarmiento, quien estaba  en su casa y fue llamado de emergencia para estar como “extra” en el set.

–Acabo de participar en la película “Miss Bala”.También hago presentaciones y tengo un canal de You Tube,  y…

Pero volvamos al lugar de los hechos. En donde el debate rompió solemnidad cuando se dijeron mucho.

Y de pronto, en el momento más áspero y con lo que su poca imaginación les permite, Anaya y Andrés Manuel echaron mano a sus fierros como queriendo no pelear y se dijeron mutuamente mentiroso y farsante. Y más tarde Andrés remataría “Canallita, demagogo” y lindejas de preparatoriano.

Ciudadanos y moderadores. Tres cuerpos conformaron la tribuna de los 42. La cantidad es un misterio. ¿Por qué no 40 o 45? ¿Por qué ese número casi igualteco? Nadie supo. Pero en fin.

En el cuerpo de enmedio se puso la mesa de los conductores. Como usted sabe fueron Yuriria Sierra y León Krauze: De él quizá no guarde noticia cómo  fue hostigado hace ya semanas en las redes sociales, dizque por una animadversión suya en contra de Andrés Manuel.

–Nosotros estamos convencidos de tu imparcialidad, le dijo el consejero Ciro Murayama, quien le aseguró no dejarse vencer por el “troleo”. Por eso el INE lo sostuvo contra viento (vientecillo) y marea (en un vaso de agua). Este indiscreto lo vio con sus propios ojos y lo escuchó con sus meros oídos.

Horas antes llegaron tres de ellos a conocer y quizá a reconocer el terreno donde anoche expresaron sus puntos de vista propuestas, compromisos, propósitos de imposible cumplimiento, como eso de obligar a Trump a respetar a México (sí, como no); a cambiar de opinión, a comprender, y encauzar por otro sendero la política permanente del Patio Trasero tras la cual se exige (y a veces se logra), la entrega del trasero, con perdón  de quien deba hacerlo por tan innoble albur, impropio de un momento tan solemne como éste en el cual se decide el rumbo de la nación.

Pero en materia de asuntos exteriores, todos lo saben y todos lo dicen de manera semejante, pero más allá de sus definiciones, desplantes y proyectos en materia de convivencia con los Estados Unidos, todos han leído la historia.

Y están de este lado de la cicatriz indelebe, la fístula incurable, porque esta frontera de tan compleja vida, no es producto de una separación, ni siquiera de una apropiación, es hija de una mutilación.

–Tu mutilado territorio, se viste de percal y de abalorio –decía Don Ramón.

Son apenas unos cuantos kilómetros de aquí al serpenteante valladar de los Estados Unidos hundido en el mar, y en cuya playa los devotos de Andrés Manuel hiceron las letras AMLO con personas formadas, porque estamos en Tijuana, ¿sabe usted?, una ciudad crecida y desarollada como una adherencia a la prosperidad  americana, y en la cual, a querero o no, más con resignado rechazo, hay una cerca, una valla, una reja de metal ocre y oxidado, con alambres feroces y púas y picos y advertencias, cuya grosera elevación de apenas unos cuantos metros, es el preludio del sueño amurallado de un país cuyo lema de convivencia es hacer buenas bardas para lograr buenos vecinos.

Pero los problemas reales existen, como la demanda social por la libertad de León Fierro, un activista de “Mexicali Resiste”, quien como muchos se opone a los negocios del agua en favor de la Constellation Brands, una cervecera aposentada aquí, como tantas otras cosas.

Y la demanda se mezcla con los grupos de acarreo en la avenida Tecnológico, donde se ubica la UABC, los cuales gritan y levantan sus banderas en una multicolor convivencia sin una sola riña ni pendencia.

Y el rector de la UABC, Juan Manuel Oceguera, junto con Lorenzo Córdova, entona el coro de loas a la democracia mientras paso a paso van llegando los candidatos.

Ya se oyen los claros clarines…

Tijuana vibra en la tarde de un domingo diferente. Tijuana, Tijuana...

“…En los bajos recintos del casino se prolongaban túneles inescrutables. Eran las horas de clase, o después de la jornada cuando la colonia se quedaba sin alma, los túneles comunicaban los diversos y difusos subterráneos se convertían en el laberinto fascinante de juegos solitarios, de muchachas perseguidas y aterrorizadas. Eran los claustros de risas y voces devueltas por el eco; eran los fantasmas de Jean Harlow; era la búsqueda adolescente de legendarias fornicaciones…(FC)”.

Pero debía ser aquí esta reunión. Claro, también se habló del comercio, del intercambio, de la inexistente política de cooperación (¡Ay!; ¿dónde habrá quedado la Alianza para el Progreso; señor Kennedy? Pues donde quedó el señor Kennedy) y de tantas cosas como todos vimos y escuchamos y cuyo contenido será a veces e inaplicable gane quien gane, porque nosotros los de ahora y ellos, los de siempre, seguimos siendo los mismos.

Los Estados Unidos, los vencedores; nosotros, los vencidos.

 

“…Al lado de una opulencia inexplicable, sobrevive la gente de los cerros y las chozas peligrosamente empotradas sobre llantas viejas y entre los cañones. Las condiciones no han cambiado: el contorno, sí.

“Por un lado, en la ciudad de maestros de ceremonias pululan los clubes. Se hacen fiestas y bodas  entre nubes de hielo seco y árboles naturales como en las mejores épocas del casino de Agua Caliente.

“Por otro, como los chucos excluidos del banquete, se repliegan los cholos, con la camisa larga de cuadros anudada del cuello y suelta por encima de los pantalones kaki…”.

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