Ciudad

Siempre nos quedará la CDMX

Algunos inmuebles de la CDMX son emblemáticos tanto por su arquitectura como por su historia; la fachada del Hotel Casablanca, por ejemplo, observó el homicidio de José Francisco Ruiz Massieu

En esta esquina asesinaron a Ruiz Massieu. El año negro mexicano comenzó un sábado del calendario gregoriano. Las Naciones Unidas lo habían declarado el Año Internacional del Deporte y nadie sospechaba que estaba a punto de perder todo lo que habían construido.

El primer indicador del conflicto lo dieron los defensores de los pueblos indígenas, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional se enfrentó en armas en contra del Estado Mexicano en el denominado Levantamiento Carpintero que principalmente rechazaba la política neoliberal impuesta por el entonces saliente presidente de la República Carlos Salinas de Gortari. Los eternos enemigos del salinato se cubrieron los rostros y desde la Lacandona nos advertían lo que estábamos por pagar.

Lafragua número 7, colonia Cuauhtémoc, Ciudad de México. —Me hospedé en ese hotel cada que venía de visita a la ciudad antes de habitarla, parece extraordinario que un edificio tan olvidado, lleve el nombre una gran obra de arte y no hagan gala de ello.

No había mucho que explicar, pese a su gran ubicación y su buen servicio al huésped, el Hotel Casablanca sirvió por muchos años como “Cuarto de Guerra” del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Y servir al priismo, justo ese año, costó más caro que cualquier otra actividad.

A José Francisco Ruiz ­Massieu lo asesinaron ese mismo año —el de la devaluación, el del levantamiento en armas de los pueblos indígenas y el de la salida de Salinas de Gortari—. Al que fue acusado como asesino del priista, le redujeron la condena en siete años, alegando irregularidades en la defensa. 24 años y dos detenidos más tarde, el misterio de Casablanca sigue callado. Se desconoce al actor intelectual y financiero del crimen por asesinato del exgobernador de Guerrero. El crimen perfecto.

Desde entonces miles de periodistas y escritores se han sentido seducidos por la posibilidad de desenterrar los huesos de Massieu y descifrar lo que Carlos Puig denominó como: “El caso más enigmático de la historia judicial mexicana”. Y nadie tan osado como él, quien escribió ocho años atrás que en marzo de 1995, la Procuraduría General de la República presentó ante un juez un documento oficial “Un pliego de consignación” en el que se afirmaba tener pruebas suficientes que en algún momento del mes de marzo del 93, se habían reunido los hermanos Carlos, Raúl y Adriana Salinas de Gortari con su padre y habían decidido “eliminar fisicamente” a Ruiz Massieu. Asesinar a su cuñado.

Dicen que nombre es destino. Tal y como en la narrativa norteamericana, un conflicto amoroso/político resultaría en una tragedia irreparable, la pérdida de un amor apológico que está destinado a la muerte. Casablanca nos recuerda así al café de Rick, en Marruecos, donde distintos personajes enigmáticos son recibidos de la manera más natural y coexisten, una perfecta selección de auténticos lobos esteparios: refugiados del nazismo, ladrones, oficiales del fascismo, agentes de la Francia de Vichy, o bien priistas consagrados… Everybody comes to Rick’s.

 

 

Antecedente. El Ejercito Zapatista de Liberación Nacional se enfrentó en armas en contra del Estado Mexicano en el denominado
Levantamiento Carpintero

Proceso. Al que fue acusado como asesino del priista, le redujeron la condena en siete años, alegando irregularidades en la defensa

 

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