La insoportable levedad del debate

Wendy Garrido Granada

“El mal radical ha emergido en relación con un sistema en el que todos los hombres son igualmente superfluos”.

Hannah Arendt

 

Desilusión y hartazgo son dos de las palabras que pueden definir el segundo debate presidencial. Hay que reconocer que aunque el INE se ha esforzado por tener debates con formatos menos acartonados que los pasados, todavía no se pueden considerar como “grandes ejercicios democráticos”. Los ciudadanos seguimos escuchando sólo descalificaciones, propuestas a medias o inviables, mentiras y material para memes.

En este segundo debate los candidatos presidenciales tuvieron más movilidad para interactuar entre ellos, con el público y con los moderadores, sin embargo, no respondieron puntualmente las preguntas.

El comercio exterior, la seguridad fronteriza y los derechos de los migrantes son temas de gran interés nacional. Hay millones de personas a quienes estos ámbitos afectan directamente su modo de vida. Y ninguno de los candidatos tenía un plan o propuestas para asegurar un comercio exterior mucho más digno y menos desigual. Ni para combatir la inseguridad en las aduanas, la entrada de armas y dinero, la corrupción y sobre todo proteger el derecho de los migrantes, tanto de los que entran al país, por ejemplo, los centroamericanos,  como de los mexicanos que salen en busca de más oportunidades, que en el país les son negadas.

Hay posiciones a favor y en contra del trabajo de los moderadores, León Krauze y Yuriria Sierra. Yo defiendo su posición incisiva para que los candidatos respondieran las preguntas. Su llamado y su reiteración.  Tanto Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade, Ricardo Anaya y El Bronco divagaban en sus respuestas. Los moderadores verbalizaron lo que muchos pensamos y expresamos tras el televisor o las redes sociales: “Candidato, por favor, responda la pregunta”. No queremos descalificaciones o rodeos, necesitamos saber cuál es su posición y propuesta para este tema que está afectando a millones de personas.

Y  aunque los moderadores también debieron ser mucho más puntuales y sin preguntas tan largas o con muchísimo contexto, su participación ayudó a representar ese hartazgo por las respuestas fáciles y las divagaciones.

Mentiras. Los políticos están tan acostumbrados a responder con un discurso construido que cuando son cuestionados y forzados a salir de su zona de confort para demostrar que realmente están preparados se muestran titubeantes o mienten acerca de los datos.

Gracias al trabajo del proyecto Verificando 2018, ahora se conoce y se comparte en redes sociales que algunas de las frases dichas por los candidatos son falsas o verdades a medias.

Por ejemplo, cuando El Bronco dijo que Nuevo León es el único estado del país que ha hecho operativos encubiertos para combatir la trata de personas, fue una aseveración falsa. Porque también lo han hecho otros estados y han sido escasas, en esa entidad, las detenciones por este delito que afecta principalmente a mujeres, niñas y niños.

Indecisión. La gran cuestión es si este debate ayudó a cambiar las preferencias electorales o fue de ayuda para los indecisos. No. Seguramente las encuestas se mantendrán sin cambios significativos.

Tampoco hubo un ganador claro en este segundo debate. AMLO  nuevamente no se preparó y recurrió a los chistecillos y a dar buen material para memes, con la cartera o con su “Ricky Riquín Canallín”.  Anaya sufre de verborrea con una buena dicción. Meade más desenvuelto, pero su fantasma burócrata y “priista” lo delata. Y El Bronco siendo el payaso de rodeo con ideas como la expropiación de Banamex.


@wendygarridog
wengarrido@gmail.com

 

 

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