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Preparan el baile de graduación

Las naciones poderosas siempre llegan a un punto donde lo económico ya no es lo más importante, al menos en el terreno mediato. Cuando lo que se pretende es lavarse la cara ante el mundo, hemos visto como Atlanta “dejó” de ser el imperio de las noticias de CNN o de la Coca Cola para ser la sede de los Juegos Olímpicos del Centenario en 1996. China se transformó en una “nación muy occidentalizada”, cuando fue el momento de organizar los Juegos Olímpicos del 2008. Sudáfrica quiso verse pujante como la nación más poderosa del Continente Negro… Y Rusia… Rusia ha tenido que esperar 38 años para poder mostrarse de nuevo, pero ya sin el muro del socialismo que la protegía del mundo…

Y es que aquel jueves 2 de diciembre de 2010 parece ya muy lejano. Casi tanto como la escandalosa cifra de 21 mil millones de dólares que costará, sólo la organización del Mundial que le fue asignado a este país justo en esa fecha. La labor de reconstruir varios estadios, entre ellos el legendario Lenin Stadion, ahora conocido como Luzhniki de Moscú, que será la sede de la inauguración y la final del Mundial, ha sido una labor con la que este país, sediento de exposición positiva, con el presidente Vladimir Putin como máximo soporte en la toma de decisiones, enfrentará la invasión de casi 2 millones de personas relacionadas con el evento, en el cual globalmente ya con la nueva infraestructura, habrá un gasto superior a los 41 mil millones de dólares. Sólo los rusos, los catarís, los norteamericanos y los chinos están de acuerdo en ese dispendio fenomenal.

Y no es por lo que pueda traer el evento en si a Rusia en cuestiones económicas, sino más bien porque se estima que un total de 2 mil millones de personas en todo el planeta seguirán las incidencias de lo que sucederá a partir del próximo 14 de junio que ya nos presentó, vía la Confederaciones, una pequeña muestra del potencial ruso.

El Mundial se llevará a cabo en ciudades tan distantes y diferentes en costumbres e ideologías, que será sin duda un reto parecido al que se vivió en Corea-Japón 2002. Los “rusos” de Ekaterinburgo a las puertas de Asia y los de Kaliningrado en el Mar Báltico no tienen nada que ver, ni en raíces ni en costumbres, como nos pueden hacer entender los casi 4 mil kilómetros de distancia entre estas ciudades y que requieren, sin parar, un viaje por carretera de casi 30 horas.

Con la nueva ruta del tren de alta velocidad de Moscú a Nizhni Novogorod y de allí a Kazán se ha solventado ya, el problema que representaba viajar 12 horas desde la capital de la Federación Rusa hasta el sitio donde debutó México el año pasado ante Portugal en la Copa Confederaciones. El Lástochka está diseñado para operar a altas velocidades incluso en las condiciones meteorológicas extremas presentes en muchas partes de Rusia. Aunque manufacturado en Alemania, es un tren ligero plenamente ruso, convertido desde ya en la primera verdadera escala en el recorrido Transiberiano (sí, el de las novelas).

MONUMENTAL INVERSIÓN. Hace no mucho tiempo, la calificadora Standar & Poor´s hizo un comparativo entre los 6 mil millones de dólares que costó organizar la Copa Mundial de Sudáfrica y los 21 mil millones que gastará Rusia en su Mundial.

Una misión que incluyó la construcción de cinco estadios en Saransk, San Petersburgo, Sochi, Kazán y la reconstrucción del vetusto estadio del Spartak de Moscú. En promedio, la inversión para cada uno de estos estadios, prevista en el orden de los 500 millones de dólares, se incrementó por las fuertes sacudidas que ha experimentado el rublo en los últimos años y llegó a casi 650 millones en promedio.

Para el caso de Kazán y Sochi, al menos la inversión se recuperó de cierta manera, pues al ser los primeros estadios operativos, se llevaron a cabo allí la Universiada Mundial en 2014 y los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi. En esta última ciudad, se gastaron más de 6 mil millones de dólares en los trenes de altísima modernidad que operaron ya durante el evento, que atraviesan túneles y van por encima del mar con 11 puentes de una arquitectura exhuberante y moderna.

Pero lo que resultó ser un barril sin fondo, fue la reconstrucción del Estadio Luzhniki, que superó los mil millones de dólares, una cifra casi idéntica pero inferior, a la que se dispensó para la seguridad del evento y que se incrementó notablemente a partir de los atentados de París hace tres años y la secuela de atentados que incluyó por supuesto, el atentado en el metro de San Petersburgo apenas hace 14 meses, y que causó la muerte de 11 personas y decenas de lesionados.

Pero Rusia, la Rusia amiga que quiere sonreír al mundo, casi como lo hizo China hace diez años durante los Juegos Olímpicos de Beijing, preparó un plan monumental que incluyó la reforma casi absoluta de miles de kilómetros de carreteras en la parte oeste del país, que es donde están ubicadas las once ciudades que acogerán el evento, y que, como en el caso de París en Francia 98 y Johannesburgo en Sudáfrica 2010, Moscú tendrá también dos estadios operativos. Se han revitalizado las comunicaciones férreas y los aeropuertos se han remozado pese al golpe económico por la devaluación del rublo.

LA CARA AMIGA. China gastó una cifra que aún se desconoce en la reconstrucción de su capital para recibir al mundo y que la imagen que se proyectara fuera poderosa, eficiente, moderna y muy amigable, aunque la verdad los chinos no lo eran. Y parece ser que Rusia, ha querido seguir el ejemplo de sus vecinos orientales.

Y es que “para celebrar el Mundial como es debido”, como advirtió el Ministerio Ruso de Deportes al presidente Putin, no solo había que construir estadios y garantizar la seguridad. Rusia, donde cada rublo cuenta y donde las cuentas (valga la expresión) siempre se pagan proporcionalmente, tuvo que “cargar” con el costo de muchos conceptos que otros países como Alemania, Sudáfrica y Brasil, decidieron no asumir.

El más importante, incrementar la frecuencia de los trenes, otorgar transporte gratuito a los aficionados en sus traslados, no sólo locales los días de partido, sino también en los traslados intersedes durante el evento, que se extenderá del 14 de junio hasta el 15 de julio. No es poca cosa si se considera que se vendieron para los 64 partidos más de dos millones y medio de boletos, promediando en 40 mil aficionados el número de asistentes por juego.

Aunque mucha gente hará sus recorridos en autobuses o en automóvil, se estima que habrá que soportar los traslados de casi 10 millones de personas, considerando que cada aficionado se suba por lo menos en promedio 4 veces al sistema ferroviario ruso, si es que acude a un mínimo de dos partidos.

ID CARD. Por vez primera en la historia de los Mundiales, y ya en efecto en la Copa Confederaciones del año pasado, el gobierno del país organizador compartirá con la FIFA el control de los aficionados que acuden a su evento.

Rusia diseñó y puso en operación una tarjeta de identificación llamada Id Card, que se obtiene después de adquirir los boletos de los partidos y que privilegia el transporte gratuito y acceso a las Fan Zone de las diferentes ciudades del Mundial. Para obtenerla es necesario aportar datos válidos de un pasaporte vigente que es verificado por el sistema de seguridad del Comité Organizador  y que permitirá conocer la identidad de quienes llegan, a donde van y en donde se les puede localizar durante su estancia en Rusia, lo que implica también, un candado adicional a los que ya imperan para la obtención de visas para ingresar de manera turística a este país.

La mayor parte de las zonas turísticas de Rusia, tanto en las grandes ciudades como Moscú o San Petersburgo, y las de las más alejadas como Sochi o Ekaterinburgo a las puertas de la Rusia asiática, e incluso las de Kaliningrado a la que se tiene que acceder, previo paso de al menos dos fronteras para llegar a su ubicación en el Mar Báltico, fueron remodeladas, los edificios reacondicionados, los hoteles verificados en sus niveles de limpieza, seguridad y atención a los visitantes.

Para la Rusia amiga, lo menos importante es el impacto económico que supone llegará tras una inversión de estas monumentales dimensiones, siendo más bien, la nueva cara que mostrará al mundo, en una época en la que la dureza del Estado se convirtió en el descaro y la confirmación de saber que atrás de la Cortina de Hierro, se cometieron cualquier tipo de atropellos a los derechos humanos y se dañaron intereses de muchos países del mundo con su política intolerante como ocurrió hace poco con Ucrania a la que arrebató de un golpe la Península de Crimea.

Rusia tiene que mostrar una evolución y usará una vez más al deporte y al futbol en particular, para hacerse de una promoción que necesita para ubicarse en la punta de un mundo globalizado que la mira con recelo a pesar de esa sonrisa, que ciertamente, luce bastante falsa…

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