Las bofetadas de Nicolás Maduro - José Fernández Santillán | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 24 de Mayo, 2018
Las bofetadas de Nicolás Maduro | La Crónica de Hoy

Las bofetadas de Nicolás Maduro

José Fernández Santillán

El famoso dicho de los narcotraficantes cuando lanzan sus amenazas para que sus rivales se dobleguen, “plata o plomo”, se parece a la frase que Nicolás Maduro pronunció respecto de las elecciones celebradas el 20 de mayo en Venezuela “votos o balas”. Dicho de otro modo: o ustedes van a emitir el sufragio a las urnas o habrá más represión; o me legitiman como Presidente de la República o habrá más violencia. Es la voz de un tirano que organizó unas elecciones espurias para perpetuarse en el poder.

Sin embargo, la intimidación sirvió de muy poco: los centros electorales amanecieron semivacíos. La ciudadanía apenas se acercó a emitir su voto en esos centros. Hubo una abstención del 46 por ciento. Un verdadero y propio fracaso para el heredero de Hugo Chávez. El Frente Amplio que agrupa a las fuerzas de la Mesa de la Unidad Democrática, o sea, la oposición contra el dictador llamó a no secundar la farsa en vista de que Maduro organizó estos comicios violando reglas elementales del proceso democrático. Y es que obstruyó la participación de los partidos políticos y cometió tal cantidad de irregularidades que terminó provocando el rechazo de la comunidad internacional: “Los países del grupo de Lima desconocieron el lunes 21 de mayo los resultados de la elección venezolana llevada a cabo un día antes por no cumplir con los estándares internacionales de un proceso democrático transparente ni asegurar una contienda justa”. (Reforma, 22-V-2018)

Este pronunciamiento fue difundido por la Canciller peruana, Cayena Aljovín, y fue suscrito por México, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía.

La declaración no pretende quedarse simplemente allí, en un dicho consensado. El propósito es llevar el caso venezolano ante las instancias internacionales. El paso inmediato es recurrir a la OEA para presionar a esa instancia con el propósito de que tome medidas más drásticas en cuanto a la gravedad tanto económica como política de lo que está sucediendo en Venezuela.

Maduro ha violado el Estado de derecho: en primer lugar desconoció a la Asamblea Nacional. Estamos ante un mentiroso porque en diciembre de 2015, cuando el Consejo Nacional Electoral dio a conocer los resultados que favorecían ampliamente en las elecciones legislativas a la oposición dijo: “Los aceptamos, los resultados exactamente como han sido emanados por el poder electoral. Esto lo agarramos como una bofetada para despertar hacia lo que nos toca en el futuro”. (BBC, Mundo, 7-XII-2015).

Y, efectivamente, el triunfo de la oposición democrática en Venezuela hizo despertar a Maduro pero de la peor manera. Pronto dispuso quitar la inmunidad parlamentaria a los representantes populares. Luego, en marzo de 2017, provocó que el Tribunal Supremo de Justicia asumiera la función Legislativa, rompiendo así el principio básico de la separación y equilibrio de poderes. (El Tiempo, 30-III-2018)

No contento con ello, y de acuerdo con la doctrina marxista, organizó el 30 de julio del año pasado unas votaciones “populares”, de las que quedaron fuera los partidos políticos para establecer una Asamblea Constituyente. Como si se siguiera la consigna “todo el poder a los soviets”: en ellas solo pudieron participar las organizaciones bolivarianas de obreros, campesinos, clases populares con filiación al régimen: “Todos los partidos, salvo los grupos oficialistas, se opusieron a esa convocatoria, tras tomar las calles durante casi cuatro meses con unas protestas que dejaron más de 120 muertos”. (El País, 21-V-2018).

El problema es que ya roto el orden constitucional y el Estado de derecho, Nicolás Maduro tiene la clara
intención de imponer una dictadura de corte marxista-leninista en Venezuela. Los únicos que los han secundado en esta flagrante violación a la democracia liberal son sus aliados bolivarianos, Cuba y Bolivia.

Lejos quedaron los días en que el chavismo contó con una amplia base social de sustentación y el respaldo de los países del ALBA, o sea, Alternativa Bolivariana para los pueblos de Nuestra América. Fue la época en que Venezuela, o mejor dicho el gobierno chavista, disfrutó del boom petrolero y se daba el lujo de vender a precios bajos o de plano regalar ese producto a sus amigos; con el dinero que caía a manos llenas, Chávez pudo distribuir recursos entre las clases populares y llenar las plazas en sus mítines así como las urnas.

No obstante, aquel sueño de redención del Socialismo del Siglo XXI se cayó como un castillo de naipes, y hoy los venezolanos enfrentan una situación de escasez y desabasto (más o menos cada venezolano ha perdido ocho kilos de peso por el hambre que se esparce incontenible); emigración masiva (se calcula que hay un millón de venezolanos refugiados en Colombia).

Venezuela sufre una crisis humanitaria producto de un régimen incapaz de garantizar dos cosas básicas: estabilidad política y desarrollo económico.

El problema es que tiene encima a un tirano que se aferra al poder echando mano de las peores triquiñuelas. Todo esto a nombre de la Revolución chavista. Una consigna en la que ya ni quienes en el pasado respaldaron al militar nacido en Sabaneta.


jfsantillan@itesml.mx
@jfsantillan

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