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De cómo un fotógrafo alemán construyó la “mística”de los libros de texto gratuitos

Juan Guzmán apeló a todos sus recursos fotográficos para construir la crónica del libro de texto gratuito: desde el close up para captar la sorpresa y la novedad en los rostros de los niños, hasta la miseria más atroz que convivía con la esperanza educativa.

Llegó a México llamándose Juan Guzmán, y venía en la oleada de refugiados españoles que abandonaron su patria a causa de la Guerra Civil. Pero originalmente se llamaba Hans Gutmann, y había nacido en Colonia, Alemania, en 1911. En México se quedó y desarrolló un amplio trabajo fotográfico que sólo recientemente ha sido revalorado. Entre esos muchos trabajos que realizó desde su arribo a México, hubo muchos encargos de tipo periodístico. Uno de ellos se constituyó en el discurso esencial de la educación pública mexicana, en uno de sus puntos más sensibles: el libro de texto gratuito.

Los pocos datos que existen acerca de su vida alemana lo pintan como aspirante a ingeniero, vocación frustrada por la crisis económica de los años 20. Establecido en  Berlín, allí trabajó como iluminador y aprendió el oficio de operador de cámaras. De allí saltaría a la fotografía. Autodidacta, Gutmann nutrió su mirada de las vanguardias europeas de las primeras décadas del siglo XX. Como laboraba en una empresa propiedad de judíos alemanes, la persecución nazi lo llevó a salir de su país.

Viajó por Francia, por Italia, por Grecia. Desde Francia se documenta su trabajo fotográfico. En 1936 llegó a Barcelona para tomar imágenes de un evento deportivo, la Olimpiada Popular, pero de inmediato se involucró, del lado republicano, en la Guerra Civil. Se volvió un militante más: combatió en el frente de Aragón en el verano de 1936 y estuvo en la toma de Teruel. Por sus méritos recibió el grado de teniente de ingenieros. Sus biógrafos piensan que fue en ese momento  cuando hispanizó su nombre: dejó de ser Hans Gutmann para convertirse en Juan Guzmán.

Como un refugiado más llegó a México en julio de 1939, y poco a poco se ganó un lugar como fotógrafo de prensa: su primer empleo en nuestro país fue en el desaparecido periódico Novedades. Muchos de sus trabajos se publicaron en diversas revistas ilustradas. Los grandes semanarios de los años 40 del siglo pasado, famosos por sus audacias y sus temas novedosos, lo acogieron. Si uno revisa las páginas de ¡Así!, Sucesos para todos, Hoy y Mañana, allí encontrará a Juan Guzmán.

Uno de los clientes recurrentes de Juan Guzmán fue la revista Tiempo, Semanario de la Vida y la Verdad, propiedad del escritor Martín Luis Guzmán, que dio trabajo en su redacción y en sus negocios editoriales a muchos refugiados españoles. El fotógrafo alemán reconvertido en hispano fue uno más. Los años pasaron, y Juan Guzmán tuvo otros empleos: a partir de 1946 era el corresponsal en México de las revistas estadunidenses Time y Life, pero siguió haciendo trabajos para muchas otras publicaciones.

UN ENCARGO PECULIAR. En febrero de 1959, a los pocos meses de iniciada la gestión presidencial de Adolfo López Mateos, Martín Luis Guzmán fue designado presidente fundador de la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg). Tendría a su cargo llevar a la realidad un proyecto acariciado por años por el Secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet. Comprometido a tener listos aquellos primeros libros en tiempo récord, para empezar a entregarse a los escolares de primaria en los primeros días de 1960, el escritor y periodista, autor de La sombra del caudillo y El águila y la serpiente, decidió operar con seguridad; no haría experimentos, de manera que muchos de quienes trabajaban con él desde hacía años en Tiempo, se convirtieron en puntales de la Conaliteg.

Un ejemplo importante de ello es Juan Madrid, un talentoso dibujante que trabajó mucho para Tiempo y para  la editorial que Martín Luis Guzmán tenía en sociedad con Rafael ­Giménez Siles, la Compañía General de Ediciones, se convirtió en jefe del Departamento de Dibujo de la nueva institución y fue el creador, a partir de una idea del primer secretario general de la Conaliteg, Juan Hernández Luna, del célebre emblema del árbol que da frutos a los niños de México.

Desde la dirección de Tiempo, Martín Luis Guzmán realizó una cobertura noticiosa del progresivo avance del proyecto de los libros de texto gratuitos. En las páginas de aquel semanario, ­correspondientes a la segunda semana de enero de 1960, los Hermanos Mayo, aquella legendaria agrupación de fotógrafos, fueron los encargados de cubrir la llegada del presidente López Mateos a los talleres de la desaparecida Editorial Novaro, donde se imprimieron los primeros libros de texto gratuitos del país. Pero, en adelante, lo que hoy puede llamarse el discurso fotográfico de los libros de texto gratuitos, estuvo a cargo de Juan Guzmán.

El fotógrafo Guzmán siguió la distribución de los libros de texto gratuitos: vio las rancherías a donde las cajas enviadas por la Conaliteg llegaron a lomo de burro; retrató niños formados en patios escolares, para recibir sus libros; captó a los niños de los pueblos y de las ciudades, asomándose a aquellas páginas que más de un pleito ideológico había costado imprimir.

En 1961, cuando se organizó la VIII Feria Mexicana del Libro, en el Auditorio Nacional, la Conaliteg tuvo su propio stand, dedicado a mostrarle a la ciudadanía cómo se hacían y a dónde llegaban aquellos libros. Expresamente, el secretario Torres Bodet solicitó imágenes muy grandes de aquella crónica fotográfica, que llevaba meses publicándose, para que se supiera hasta dónde y de qué manera se entregaban los libros.

Aun cuando, casi sesenta años después los libros de texto se producen en (casi) mejores condiciones que aquella brutal carrera de 1959, y se distribuyen con una red que involucra a autoridades federales y estatales, la “mística” del libro de texto gratuito mexicano, se sustenta en aquellas imágenes de Juan Guzmán. Un discurso que aún defiende al libro en su formato impreso, que, a fuerza de permanencia en un país donde la conectividad universal aún no es una realidad, sigue teniendo impacto emocional en la vida de los escolares de todo el país.

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