Don Sergio y el Papa - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 27 de Mayo, 2018
Don Sergio y el Papa | La Crónica de Hoy

Don Sergio y el Papa

Manuel Gómez Granados

Era difícil, luego de que el viernes 18 en la madrugada nos enteramos de la renuncia en masa de los 34 obispos de Chile, imaginar una situación que nos obligara a mantener la vista en Roma. A pesar de ello, el papa Francisco volvió a sorprendernos al informar, la mañana del domingo 20, que había decidido integrar a don Sergio Obeso Rivera, arzobispo emérito de Xalapa, Veracruz, al Colegio de Cardenales de la Iglesia.

Don Sergio es un hombre culto, ilustrado, con el que se puede coincidir o no, pero que nunca ofende a sus interlocutores, ni reduce las discusiones a un simple argumento de autoridad. Es un hombre que supo ejercer a cabalidad sus funciones como arzobispo. Tan las entendió que, a diferencia de otros, pidió al entonces papa Juan Pablo II que subdividiera lo que a finales de los noventa era ya una diócesis descomunal y que, en su lugar, se crearan tres diócesis de proporciones humanas: Xalapa, Orizaba y Córdoba.

Es un hombre que, sin las pretensiones de quienes se creen líderes, dentro o fuera de la Iglesia, ha sido junto con el antiguo arzobispo de Puebla, Octaviano Márquez Toriz, quien ha ocupado por más tiempo la presidencia de la Conferencia del Episcopado Mexicano: nueve años; que se dicen fácil, pero que implican ganar tres veces las elecciones internas de esa Asamblea. Y, quien crea que es sólo cuestión de “ejercer la autoridad”, sería bueno que lo analizara detenidamente.

Es un hombre que, cuando era arzobispo de Xalapa, hacía todo para cumplir con la obligación de recorrer todas las parroquias de su diócesis, al menos una vez cada cinco años, para pasar tiempo con sus feligreses y con sus curas, a los que conocía por nombre, pelos y señales. Es un hombre que, junto con los ya finados cardenales Ernesto Corripio Ahumada y Adolfo Suárez Rivera, entre otros, hizo posible superar la ficción en que vivimos durante la mayor parte del siglo XX, la del modus vivendi, que tanto daño le hizo a nuestro sentido de respeto por las leyes y al estado de derecho. Es un hombre que supo defender a la Iglesia no sólo de los excesos de los gobernantes, sino también de los excesos de quienes, siendo representantes en México del Papa, actuaban más como funcionarios del gobierno que como pastores. A él le debemos —entre otras cosas— el inicio en serio de la reflexión sobre el derecho a la libertad religiosa en México, en línea con las enseñanzas del Concilio Vaticano II.

Es un hombre, don Sergio, a quien la Iglesia y el país le debemos mucho y a quien, para alegría de quienes sabemos de su contribución a la Iglesia, el Papa nombró cardenal, junto con otros personajes, menos conocidos en México pero que, como él, representan a la Iglesia que, ajena al oropel y la opulencia palaciega, defiende a los más necesitados. Y es que, junto con don Sergio, el Papa ha nombrado cardenales al boliviano Toribio Ticona Porco y al peruano Pedro Barreto SJ.

Don Toribio ya es, como don Sergio, obispo emérito. Al él le gusta presentarse como “hijo de minero y de oficio limpiabotas” y a su paso por la diócesis de Coro fue encarcelado y hostigado por defender los derechos de los más pobres. Don Pedro, en cambio, es todavía arzobispo titular de Huancayo y, además de sus responsabilidades como pastor, se ha distinguido por los repetidos llamados que hace a los gobiernos de América Latina para que se pongan del lado de los más pobres, cuando le reclaman sus derechos a las mineras.

manuelggranados@gmail.com

 

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