Publicidad sin imaginación

Guillermo Puente Ordorica

Da la impresión de que la recu­rrencia a manipular ciertas figuras y hechos en la mercadotecnia política, lejos de generar el efecto deseado, está sobando un lugar común con beneficios cuestionables, particularmente respecto de la asociación de amenazas con el fallecido caudillo venezolano Hugo Chávez. Por alguna extraña razón que escapa a la lógica, la publicidad política se ha centrado en la promoción del miedo en varios casos y en diversas latitudes, falseando la realidad aun antes de que exista. Con más éxito en el pasado que en el presente, a juzgar por las circunstancias, pero en ningún caso contribuyendo al desarro­llo democrático.

En la reciente jornada electoral celebrada en Colombia, concluida este pasado domingo, fue claramente perceptible la polarización del debate político, en el que si bien gravitaron varios elementos que dividen  a la sociedad colombiana, como lo es el caso de la amnistía negociada entre el gobierno en funciones y la guerrilla colombiana, plasmada en acuerdos que requirieron un plebiscito y su sanción parlamentaria hace un par de años, un dato revelador es que el candidato de izquierda, Gustavo Petro, fue denostado con el fantasma del venezolano tanto por su pasado —exguerrillero del M19— como por su discurso antiestablishment.  No deja de ser curioso que dicho candidato fuera alcalde de la ciudad capital de Colombia en 2012. De acuerdo con Ana Marcos, a Petro le persiguen tres ideas en su carrera a la presidencia: “el castrochavismo, izquierda radical y populismo”. (“Gustavo Petro contra todos”, El País, 25mayo2018, www.elpaís.es)  Su discurso ha concitado interés sobre todo entre los jóvenes, las clases populares y otros sectores descontentos con el estado de cosas en su país.

A pesar ello, o contra ello como sugiere Ana Marcos, este candidato alcanzó un porcentaje de votación suficiente (25.09 por ciento) para disputar, en la segunda vuelta electoral, el próximo 17 de junio, la Presidencia del país, al candidato que logró captar el mayor número de votos: Iván Duque, quien logró 39.13 por ciento de la votación, y a quien la prensa identifica con el expresidente Uribe, de la alianza conservadora Centro Democrático. Duque se mantuvo como puntero en las encuestas y ha consolidado su posición, si bien no alcanzó la votación necesaria para triunfar en primera vuelta.  No deja de llamar la atención que Duque ha ofrecido un giro en la conducción de la economía nacional, “una lucha sin cuartel frente al chavismo”, y de romper con el legado del gobierno del actual presidente colombiano.  De manera que ambos contendientes, por razones y convicciones diferentes, ofrecen desmantelar el legado del presidente Santos. Si acaso agregar que el populismo es un concepto tan laxo como confuso, pues lo mismo permite descalificar a priori a tirios y troyanos.

Más allá de la parafernalia electoral, la participación electoral alcanzó un máximo histórico, con un 53.31 por ciento del electorado que acudió a las urnas, y probablemente más importante aún, ha sido que estos comicios presidenciales son los primeros tras los acuerdos de paz con la guerrilla y en los que los excombatientes también participaron en el marco de este nuevo entramado nacional.  En las siguientes semanas, de cara a la segunda vuelta, los dos candidatos generarán importantes reacomodos entre las fuerzas políticas del país. Parece evidente que para concitar el respaldo necesario, el aspirante izquierdista requerirá moderar su discurso y ahuyentar la idea alimentada de que representa la “amenaza chavista”, en tanto que es previsible que el vencedor parcial de las elecciones procurará ampliar su base de apoyo insistiendo en su rechazo a los acuerdos de paz con la guerrilla, así como insistir en el talante “chavista” de su contrincante. 

Paradójicamente, el proyecto encabezado por el presidente Santos será el gran perdedor al final de la jornada electoral, si bien logros muy concretos de su presidencia permanecerán como legado: la paz negociada con los guerrilleros para una transición política de mayor calado en el largo plazo, el reciente ingreso de su país como miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y de su adhesión como socio global en la Alianza Atlántica (OTAN).

gpuente@hotmail.com

 

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