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¿Amnistía para agresores? Secuelas del disturbio

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El 2 de octubre de 2013 la imagen de un policía envuelto en llamas circuló por redes sociales y los principales noticiarios.

Casi cinco años después, las heridas físicas de aquel elemento de la Policía Bancaria e Industrial (quemaduras de segundo grado), sanaron… no así las emocionales.

— La autoridad los perdonó (les dio amnistía a los manifestantes detenidos durante disturbios en protestas registradas entre 2012 y 2015), ¿usted lo hará?, se le pregunta al oficial Juan Bautista.

La primera respuesta es rotunda y negativa.

No obstante, mientras cuenta lo que vivió en los tres meses de recuperación y los posteriores a ésta —cuando regresó a sus labores policiales—, su voz se quiebra al recapitular que sus hijos lo ayudaron y su ser se ablanda a tal grado que, con voz entre cortada, explica: “Tendría que platicar con el que me dañó, saber por qué lo hizo, saber si es una buena persona que sólo cometió un error”.

—Ya cinco años, ¿lo recuerda bien?

—Hay heridas que se quedan marcadas toda la vida.

El oficial, que lleva 27 años en la corporación y espera jubilarse en tres más, explica lo que ocurrió ese miércoles: Desde las 7:00 horas los formaron a él y a otros elementos de la Policía Bancaria e Industrial en Paseo de la Reforma. La marcha comenzó a las 15:00 horas; mandos y policías sabían que la retaguardia estaba integrada por los anarquistas, quienes tendían a vandalizar vitrinas de comercios e inmuebles.

Sin embargo, la molestia de un grupo de jóvenes se centró en Juan Bautista y otros 15 agentes, quienes fueron blanco de una lluvia de piedras y botellas, una de ellas con gasolina y fuego, era una bomba molotov.

“Recuerdo que cayó en mis pies y explotó. Sólo sentí calor y que mi bota y mi pantalón se encogieron. Un jefe, del que no recuerdo su nombre, me tiró al piso y con su chamarra me apagó. Si no fuera por él tal vez me habría quemado mucho más”.

La embestida de los jóvenes continuaba y fue necesario resguardar al elemento herido en un cajero automático de la zona. “Aun estando ahí, junto con otro compañero que tenía una lesión en la cabeza, nos seguían atacando, las piedras entraban hasta donde estábamos”.

Juan narra que, según sus compañeros, pasaron al menos 30 minutos desde la agresión hasta que pudo recibir atención médica; para él fue más tiempo.

Después vino lo más difícil, al quitar la bota, calcetines y cortar el pantalón: la piel de su pierna izquierda también se desprendió; la sensación en ese momento fue un dolor intenso acompañado de coraje e impotencia.

Un joven le había causado lesiones y Juan Bautista estaba en la camilla preguntándose por qué había pasado eso si él sólo cumplía con su deber. Desde ese momento su pierna quedó marcada, pero también su espíritu. Mantiene la vocación pero confiesa que aún siente miedo al enfrentar cualquier situación, “de todos modos me aviento, es mi trabajo”, expresa.

El onda de la agresión alcanzó también a su familia; fueron sus hijos los que dejaron todo para apoyarlo. “También ellos sufrieron, cuando me bañaban el agua me provocaba mucho dolor, gritaba, sentía que me partían el cuerpo”, explica con ojos llorosos. “Gracias a ellos pude seguir”.

—Habrá 510 manifestantes liberados...

—Espero que hayan aprendido la lección. No deben olvidar que somos seres humanos, que también nos duele. No sé si lo hacen intencionalmente o sólo fue el momento. El perdón no lo puedo dar, me costó mucho pero pude superarlo, me siento bien; que quede en su conciencia lo que me hizo.

No sé si hablando con él y al escuchar su versión y motivos, podría cambiar de opinión. Tal vez sí lo podría perdonar. Ser policía es así, el peligro es latente a cada minuto y segundo, pero le tenemos que entrar. A eso nos tenemos que enfrentar.

ALDF

-Amnistía a rijosos

En abril, de manera unánime (40 votos a favor y cero en contra), los diputados de la Asamblea Legislativa aprobaron dar amnistía a 510 detenidos en marchas, quienes habían sido juzgados por ataques a la paz pública, rebelión, ultrajes a la autoridad, motín, sabotaje y sedición.

Se trata de 25 manifestaciones registradas en el periodo de 2012-2015, en especial de las marchas del 1 de diciembre de 2012, 2 de octubre de 2013 (en la que fue herido Juan Bautista) y 20 de noviembre de 2014.

Los beneficiarios de esta ley no podrán ser en el futuro detenidos, aprehendidos ni procesados por los delitos que les fueron imputados y cometidos estrictamente durante el periodo señalado.

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