Espectáculos

Acercan el cine a las comunidades oaxaqueñas

Proyecto. El Campamento Audiovisual Itinerante (CAI) es una ventana de producción que busca a nuevos creadores, en la Sierra Norte de Oaxaca, con la ayuda de profesionales del séptimo arte

Imaginarse en la pantalla, tomar una cámara, reunir a una comunidad para contar una historia, son algunos de los pasos del proceso que cada año una comunidad oaxaqueña comienza a seguir como parte del Campamento Audiovisual Itinerante (CAI), un proyecto alejado de los reflectores de la creciente industria de cine en México, que busca acercar el séptimo arte a las comunidades indígenas.

Se trata de un proyecto que nació hace poco más de siete años por la iniciativa de Luna Marán y Laura Ramírez, jóvenes cineastas que decidieron transmitir sus conocimientos a las comunidades de la Sierra Norte de Oaxaca. Un año después de la primera edición se incorporó al equipo Mariana Musalem, para que se conformara de forma oficial la asociación civil La Calanda, a través de la cual CAI se ha consolidado como un espacio de formación.

“Comenzó con algunas cámaras y la solidaridad de amigos que iban a dar clases de fotografía o edición. Esa primera vez duró tres semanas y también hubo talleres de producción, sonido y dirección de actores”, expresó Mariana Musalem, a Crónica.

“Las tres somos oaxaqueñas y salimos de ahí para estudiar cine. Cuando ellas estaban en Guadalajara yo estaba en el CCC. En 2011, ellas estaban tratando de levantar este campamento que comenzó en Guelatao de Juárez, en el norte, y era sobre residentes de la región que quisieran iniciarse en el ámbito audiovisual y no tenían experiencia”, comentó.

El programa del Campamento se planteó desde tres ejes: la comunidad, el cine como arte y el reconocimiento del universo creativo del participante en talleres de producción audiovisual, conferencias donde se plantearon las distintas realidades del audiovisual y una muestra de cine contemporáneo.

“Ese campamento surgió porque cuando éramos jóvenes nos dimos cuenta que en esta región de la que veníamos había muy pocas cosas para hacer cine o trabajar en algo audiovisual, y las que había eran demasiado caras. Lo que pensamos era poder transmitir nuestros propios conocimientos y evitar que la gente emigre; al mismo tiempo que podría ser una forma alternativa, más allá del centralismo de las producciones de la Ciudad de México”, comentó Mariana.

Además tenían el interés de contar otro tipo de historias que no estaban ni en la pantalla grande ni en la chica, “no nos sentíamos identificados realmente con las historias que se han contado de las comunidades indígenas. México es enorme y aún falta mucho por explorar dentro de las mismas historias nuestras que no se limiten a lo que hemos visto hasta ahora”, destacó.

La dinámica fue instalada por la asamblea de participantes; los diversos maestros invitados dieron un panorama del cine desde la pequeña industria mexicana, el trabajo independiente y la labor desde las comunidades indígenas. Se trabajó intensamente, imagen tras imagen. Para su séptima edición, a realizarse del 14 de julio al 4 de agosto, en el municipio de San Juan Evangelista Analco, en la Sierra Juárez, ubicada a dos horas aproximadamente de la ciudad de Oaxaca.

En esta ocasión se abrirán seis talleres: Iniciación Audiovisual, Animación, Actuación, Exhibición —para quienes estén interesados en formar cineclubes o programar películas—, Crítica Cinematográfica y Niños de la Comunidad. Los participantes tendrán la oportunidad de trabajar con cerca de 30 profesionales de cine, entre ellos Laura Santullo (guionista), Santiago Mitre (director), Sophia Stiglitz (fotógrafa) Fernando Álvarez Rebeil (actor), Damián López (sonido), y Laura Ramírez (producción), entre otros profesionales que donan su trabajo.

“Lo que se intenta hacer son lazos de amistad, porque además de ayudar a la comunidad se invita a algunas personas del interior del país y este año habrá oportunidad a dos personas extranjeras de participar en las clases”, explicó Mariana.

“Después son lazos de trabajo, en esas semanas se forman equipos para que filmen un corto. En total salen como cuatro trabajos y no hay un director como tal, sino que los participantes se rolan las áreas de trabajo creativas. Queremos que los jóvenes sepan que se puede hacer cine con las cosas que se tienen a la mano”, agregó.

A través de esta iniciativa los involucrados hacen una reflexión sobre el cine comunitario que busca ser un arte de lo cotidiano: “Las historias que se cuentan son sobre la comunidad, sobre lo que a ellos les pasa, como una forma de interpretar su propio entorno”, dijo.

“En la clausura se exhiben todos los trabajos. El año pasado, además de los cortometrajes, para el grupo de actuación hubo una pequeña presentación escénica; vemos las fotos y videos que hacen los niños; los de animación proyectan cortometrajes de animación en 2D”, comentó.

En algunos casos, estudiantes que han pasado por el CAI han consolidado equipos de trabajo que los han llevado a trabajar en proyectos más grandes que incluso han participado en festivales como Ambulante Gira de Documentales o en el Short Film Corner de Cannes: “Una vez nos invitaron al Festival Latino de Vancouver, hicimos una selección de cortos que formó parte de un programa que se llama First Nations, en el que se proyectaban cortos de comunidades en Canadá y nosotros, en un intercambio de comunidades”, destacó Mariana.

El CAI ha producido alrededor de 24 cortometrajes, entre los cuales destaca Tecuani, hombre jaguar, que actualmente compite por el premio Ariel a Mejor Cortometraje Documental.

La convocatoria para aquellos que buscan formar parte de esta edición cerrará el próximo 4 de junio. Mayor información, como el costo de la cuota de inscripción, alimentación y hospedaje, además de la ficha de inscripción, puede consultarse en www.campamentoaudiovisual.org/inicio

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