Cómo lograr que todos aprendan - Gilberto Guevara Niebla | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 29 de Mayo, 2018
Cómo lograr que todos aprendan | La Crónica de Hoy

Cómo lograr que todos aprendan

Gilberto Guevara Niebla

Sabemos que la escuela reproduce las desigualdades sociales. Por ejemplo, cuando las evaluaciones nacionales nos informan que un alto porcentaje de alumnos no aprenden lo suficiente, es muy probable que los alumnos que no aprenden provengan en su mayoría de familias pobres y que, por el contrario, quienes sí aprenden sean alumnos que provienen de familias económicamente solventes. Ésta no es una regla mecánica, hay excepciones, no pocas, que nos llenan de orgullo: alumnos de familias pobres que triunfan en la escuela.   

¿Es posible construir una escuela donde todos, o la mayoría, aprenda?  ¿Puede la escuela contribuir a crear una sociedad culturalmente justa, de ciudadanos culturalmente iguales? En su obra Pedagogie differenciée. Des intentions a l’action (ESF Editeur, 1997, ignoro si hay traducción al español), Philipe Perrenoud responde afirmativamente.

La tarea no es fácil, pero, para llevarla a cabo se debe comenzar por poner en duda la idea (ideología), compartida por muchos maestros, de que todos los alumnos llegan a la escuela en igualdad de condiciones, que poseen las mismas aptitudes, capacidades, inteligencia, cultura, etc. Las investigaciones de Pierre Bourdieu y Basil Bernstein, entre otros, demostraron en el siglo pasado que eso, simplemente, no es cierto.

En realidad, cada alumno es portador de un capital cultural determinado que adquiere en sus condiciones familiares y sociales de origen. El alumno procedente de una familia obrera tiene más dificultades para acceder al pensamiento abstracto que un alumno que proviene de la clase media urbana.

Cuando el maestro enfrenta a su grupo, con frecuencia no alcanza a ver las diferencias culturales de fondo que distinguen a sus alumnos. El profesor contempla a un grupo homogéneo cuando es, en realidad, diverso y, sin mayor reparo, él imparte su clase esforzándose por lograr que todos aprendan. Pero sólo unos aprenden, otros no lo hacen.

Los docentes llegan a percibir con el tiempo que, en realidad, la clase que imparten va dirigida al grupo de los que “saben”. Los que “no saben” van quedando rezagados y, al final, reprueban o fracasan. Lamentablemente, el no aprendizaje se le atribuye, como culpa, a los alumnos (no están motivados, son holgazanes, indisciplinados, etc.) y éstos lo experimentan como un fracaso personal, fracaso que lleva frecuentemente al resentimiento social.

La clave del éxito y el fracaso escolar es la diferencia de recursos culturales con los cuales los alumnos enfrentan las exigencias de la escuela. Unos llegan con ventaja; otros, con desventaja.  En realidad, socialmente hablando el no aprendizaje no es resultado de una incapacidad personal innata del alumno o de una falta de voluntad, sino que se explica por los recursos culturales de origen de cada alumno.

Si el profesor, al inicio de su curso, hiciera un examen-diagnóstico a sus alumnos sobre los contenidos que va a impartir, podría comprobar fácilmente que no está frente a un grupo homogéneo, sino ante un mosaico de inteligencias, unas más dotadas que otras. Si él se propusiera hacer que todos sus alumnos aprendieran tendría que multiplicar sus esfuerzos pues estaría obligado a enseñar en múltiples niveles, con múltiples metodologías, múltiples ritmos, etc. Este es objetivo que se propone la pedagogía diferenciada.

La pedagogía diferenciada es un campo muy amplio de investigación educativa en los países desarrollados. En otra de sus obras, L’organization du travail, clé de toute pedaagogie différenciée (2012), Perrenoud dice. “El problema no es puramente técnico o didáctico, la pedagogía diferenciada supone una nueva organización del trabajo que a su vez exige un nuevo ejercicio de la profesión docente”.

Imprimir

Comentarios