El Doctor Amlove y Mister Peje - Francisco Báez Rodríguez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 29 de Mayo, 2018
El Doctor Amlove y Mister Peje | La Crónica de Hoy

El Doctor Amlove y Mister Peje

Francisco Báez Rodríguez

Hay quienes dicen, sobre todo desde la prensa extranjera, que Andrés Manuel López Obrador se corrió hacia el centro en esta campaña electoral, y que por eso —entre otras cosas— tiene más posibilidades de ganar la Presidencia que en los procesos de 2006 y 2012. Eso es ver sólo la superficie del asunto, y hacerlo bajo los lentes tradicionales del siglo XX.

El corrimiento que Andrés Manuel lleva a cabo desde hace años es, primordialmente, hacia el nacionalismo. Atrás quedaron las proposiciones de izquierda y “los pobres” fueron sustituidos por un más amplio “pueblo bueno” en el que caben, sin duda, los “empresarios nacionalistas”. Es un viraje propio, en el que lo han seguido sus admiradores y en el que se incorporaron a su proyecto viejos personajes del nacionalismo de derecha, cuyo representante más conspicuo es Manuel Bartlett.

Ese viraje, sin embargo, es insuficiente para explicar la pléyade de alianzas que ha realizado Andrés Manuel y que se reflejan en la composición variopinta de la coalición Juntos Haremos Historia. Alrededor de López Obrador se ha construido una amalgama en la que caben todos, de Paco Ignacio Taibo a Alfonso Romo; de Napoleón Gómez Urrutia a Manuel Espino; de la CNTE a Cuauhtémoc Blanco y sígale usted contando.

A estas alturas de la campaña debería quedarnos claro que López Obrador, por sí solo y con su vehículo político personal llamado Morena, tenía amplias posibilidades de alcanzar la Presidencia. Por lo tanto, que los distintos agregados que ha obtenido en los últimos meses, más que darle votos, abonan a la impresión social de que va a ganar. ¿Por qué iba a haber una cargada al más puro estilo del viejo PRI, si no es a favor del ungido?

Salta la pregunta ¿no es muy costoso hacerse de tantos aliados que aportan tan poco, y que lo único que hacen es nublar el proyecto?

La respuesta es que no. Que estos aliados variopintos tienen para AMLO precisamente la virtud de nublar el proyecto, de hacerlo opaco. Y el propio candidato se encarga de enviar señales contradictorias un día sí y el otro también. Anteayer dijo que si era populista que lo pusieran en la lista; ayer, que el populismo era un invento malévolo, como el del Chupacabras. Anteayer, que había que cancelar la reforma educativa; ayer, que sí habría evaluación de maestros; hoy, que niguas, no va a haber evaluación. Antier, que el TLCAN no era importante; ayer, que había que mantenernos en él. Y así le podemos seguir con un largo etcétera.

Estas contradicciones no son producto, como quisieran pensar algunos inocentes malquerientes de AMLO, de que esté “viejito”. López Obrador está lúcido y es astuto. Las contradicciones son a propósito, para que no sepamos bien a bien sus intenciones. Sobre todo, para que no las sepan sus simpatizantes cercanos.

En otras palabras, no sabemos, en caso de que gane, con qué versión de Andrés Manuel López Obrador nos toparemos. Con el Doctor Jeckyll o con Mister Hyde. O con las dos: una un día y la otra al siguiente.

De eso, precisamente, se trata.

Y de eso trata, también, la creación de una coalición con visiones e intereses tan encontrados unos con otros. Se trata de que no haya un grupo con una visión consistente, con un proyecto definido, sino que todos se amalgamen, cada quien con sus intereses y propósitos contrastantes, alrededor de la figura que decidirá a fin de cuentas.

El otro elemento fundamental es la antipolítica. No se busca generar una negociación dentro de la coalición que maneja Andrés Manuel. Lo que se busca es que él tenga la última palabra, que funja como juez, dándole la razón a unos o a otros, según la circunstancia. 

La antipolítica es una forma de hacer política. Es generar vacíos en los que un agente político puede actuar. La polarización de estas campañas, los ataques contra el INE, la alimentación cotidiana de intolerancia en las redes sociales son elementos que ayudan, todos, a pulverizar la movilización colectiva, a generar una masa de millones de ciudadanos individuales cuya participación se reducirá a unos cuantos gritos en Facebook o Twitter y a depositar el voto en la urna el primero de julio. 

Es en ese vacío, con partidos en crisis, ciudadanos desencantados  con la democracia o encandilados con una figura salvadora, como se allanará el camino para una figura por encima de los partidos y por encima del Congreso. En ese vacío, no importa quién se incorpore a la coalición gobernante o sus partidos, podrá hacerlo todo mundo o nadie, al fin y al cabo que el monopolio del poder político estará sólido y afincado en una sola persona. El modelo económico es lo de menos: puede ser una nueva versión del neoliberalismo, un nacionalismo revolucionario revolcado o una serie de medidas contradictorias.

Por eso tienen mal puesto el objetivo quienes, en su pasión contra López Obrador, pepenan ideas propias de la Guerra Fría de los años 50 o insisten en suponer que México será como Venezuela. Eso quedaba, si acaso y concediendo la exageración, para el Andrés Manuel de hace doce años. El problema central de hoy es político. O antipolítico, si queremos decirlo de otra forma.

fabaez@gmail.com

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Twitter: @franciscobaezr

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