El colapso que viene - Wilfrido Perea Curiel | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 29 de Mayo, 2018
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El colapso que viene

Wilfrido Perea Curiel

Las alternancias de 2000 y de 2012 imponían que, en su momento, los partidos perdedores llevaran a cabo todo un inventario y revisión autocrítica para entender las razones por las cuales la ciudadanía había determinado retirarles su apoyo. Tales derrotas habrían significado que se cimbraran los propios fundamentos del PRI y del PAN, un verdadero parteaguas en sus respectivas historias.

Ésas fueron circunstancias altamente apremiantes para ambos institutos, mismas que demandaban ponerse ante el espejo de la historia, revisar documentos básicos, ideología, posicionamientos ante un mundo más complejo y globalizado, pero, sobre todo, discernir en qué le habían fallado a sus votantes. PRI y PAN le dieron la vuelta a la obligada revisión, se impuso la negación ante el horror de su nueva realidad; cual peatón después de haber sido atropellado violentamente, tuvieron la irresponsabilidad de intentar ponerse de pie y seguir su marcha, sin cuestionarse cuántos huesos llevaban rotos. En lugar de apostar a una reinvención que les diera viabilidad a largo plazo, PRI y PAN optaron por el pragmatismo cortoplacista.

El alicaído tricolor se reagrupó en los considerables espacios de poder que le quedaban: su peso en el Congreso y las gubernaturas. Desde ahí, chantajeó al polémico gobierno de Fox, amplios recursos de la bonanza petrolera a cambio de “acompañamiento”, aunque sin que se concretaran reformas sustanciales que le pudieran dar mucho lucimiento al guanajuatense. Los gobernadores priistas cobraron una nueva dimensión y la hicieron valer en la sucesión de 2006, sabido es que muchos de ellos decidieron apoyar a Felipe Calderón y no a “su” candidato Roberto Madrazo; sus propios intereses se imponían, habían aprendido que ya no tenían jefe político y desde entonces juegan por la libre. 

El peso cobrado por los gobernadores del PRI llegaría a su culminación cuando uno de ellos, el entonces ejecutivo del Estado de México, se encargó de retornar la Presidencia al PRI. El triunfo de Peña Nieto no puede entenderse sin el decidido y organizado apoyo de sus pares gobernadores. El hecho es relevante porque muchos de esos mandatarios estatales hoy están en desgracia, no sólo políticamente hablando, sino también ante la justicia. Otros sencillamente se encuentran distanciados del presidente. Cabe la pregunta: ¿qué incentivo tienen hoy los gobernadores del PRI para apoyar resueltamente a Meade? En los hechos parece que les fue mejor, cuando apuntalaron desde la oposición a Fox o a Calderón. En resumen, el PRI soslayó el problema de fondo que nunca encaró, es decir, su alejamiento con la sociedad, quizá ahí se encuentra la raíz de su actual alta impopularidad.  

Por su parte, en el blanquiazul la pauta a seguir fue muy similar a los pasos adoptados por el priismo. El dirigente en turno, Gustavo Madero, distanciado, tanto de la candidata perdedora Vázquez Mota, como del presidente saliente, Felipe Calderón, encontró en la convocatoria peñista del Pacto por México una inmejorable plataforma para posicionarse. Nunca entró el PAN en un proceso de deliberación para cuestionar su papel como gobierno. Nunca se enfrentó la crisis que llevaba a cuestas, no hubo revisión alguna, la necesaria catarsis se acalló y las traiciones se tornaron cotidianas, hasta que este partido, supuestamente de corte humanista y sustentado en la doctrina social cristiana se convirtió en una caricatura de lo que en algún momento representó. En más de un sentido el PAN adoptó los peores vicios del PRI, su otrora antípoda histórica.

El PRI tiró por la borda una tradición de justicia social y de supuesto apego al programa de la revolución. El blanquiazul ignoró el rol que jugó como fuerza impulsora de la democracia liberal y del estado de derecho. Las circunstancias los orillaron a replantear el camino y actualizar sus respectivos programas, empero reaccionaron a las alternancias con desdén a sus militancias, que mínimamente merecían una explicación. Al final del día PRI y PAN no sólo convergieron en la corrupción del sistema, sino que son artífices de tal colapso. Al parecer hasta aquí les alcanzó la ruta adoptada del corto plazo, ahora no sólo esta en juego la Presidencia, sino su propia viabilidad.

pereawilfrido@me.com

 

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