“Mamá, no dejes que me lleven”

Concepción Badillo

La sola frase, proveniente de un niño, da escalofrío. Como igual lo dan las noticias sobre inmigración que han invadido a Washington esta semana: Una, que el gobierno federal ha perdido la pista de casi mil 500 menores que cruzaron la frontera sin papeles y de quienes otorgó la custodia a terceros. La otra, igual de terrible, el anuncio de que la administración Trump ha empezado a separar a los hijos de sus padres, si éstos entran a Estados Unidos sin documentos.

Se estima que de octubre a la fecha más de 700 niños han sido separados de sus padres en la frontera con México. De ellos, alrededor de un centenar son menores de cuatro años y se sabe de al menos un caso donde un bebé de sólo 53 semanas de nacido fue llevado solo ante un juez, de acuerdo al Florence Project, una organización civil que en Arizona brinda ayuda legal a inmigrantes y cuya directora, Laura St. John, asegura que la situación humanitaria actual entre quienes intentan venir sin visa es la peor que se ha visto en los últimos 25 años.

The Washington Post habla de un caso en que un infante de 18 meses proveniente de Honduras le fue arrebatado a su madre en el puente internacional de Brownsville, Texas, cuando ella se presentó a solicitar asilo asegurando ser víctima de violencia política en su país. En lugar de obtener asilo, perdió a su hijo y pasaron meses antes de que volviera a verlo.

El procurador general de Justicia, el ultraderechista Jeff Sessions, dice que entiende que algunas personas vienen huyendo de violencia y peligro en su lugar de origen, pero ha dejado claro que “Estados Unidos no puede aceptar a todos los del planeta que huyen de una situación difícil”. Y en una advertencia que tiene como objetivo desalentar la inmigración ilegal, tanto él como la secretaria de Seguridad Interna, Kirstjen Nielsen, han dicho que habrá cero tolerancia y que los padres serán arrestados sin sus hijos, acusados de haber cometido delitos de carácter penal.

Considerar como delito criminal el cruzar la frontera sin documentos, no es nuevo, ha sido la ley aquí desde hace mucho tiempo, sólo que la administración Trump la está ejerciendo a mano dura. Ya durante el gobierno de Barack Obama se enviaba a centros de detención a madres con niños, en arrestos que en casos duraron meses y aun años. Los expertos se preguntan qué es peor, encerrar a menores inocentes por faltas de los padres o separarlos de ellos, causándoles igualmente graves traumas.

En cuanto a los mil 475 niños inmigrantes que el gobierno no sabe a dónde fueron a parar, se trata de menores que llegaron solos a la frontera, muchos de ellos adolescentes, otros niños pequeños procedentes de Centroamérica. Todos ellos parte de un numeroso grupo que no vino con sus padres, sino que fueron encargados con alguien o traídos por coyotes que los dejaron en la frontera.

El gobierno asegura que de siete mil 635 menores indocumentados que había colocado en manos de otras personas entre octubre y diciembre de 2017, cuando checó, seis mil 75 todavía estaban en los hogares donde los dejó; 28 habían huido y se desconoce su paradero; cinco fueron deportados y 52 viven actualmente con otras personas. El paradero del resto se desconoce, admitió ante un comité del Senado, Steve Wagner, subsecretario de Salud y Servicios Sociales.

Se piensa que algunos podrían estar con familiares o aún con sus padres, quienes a su vez carecen de documentos y por lo mismo prefieren no contestar o decirle al gobierno de Trump dónde están. Las autoridades sostienen que no es su obligación encontrar a esos niños o saber qué fue de ellos una vez que se les dejó en manos de personas o familias que voluntariamente ofrecieron tenerlos. Hay quienes debaten este punto y temen que algunos menores estén ahora en manos de traficantes de personas y sexuales. De acuerdo al senador republicano por Ohio, Rob Portman, se sabe de al menos ocho niños que reaparecieron forzados a trabajar en una granja en ese estado.

Sobre el tema, el jefe de gabinete de la Casa Blanca, el general retirado John F. Kelly, ha dicho que “si bien quienes llegan sin papeles no son gente mala, sí son gente de áreas rurales, que si acaso tienen primaria y nunca asimilarán la cultura de este país. Vienen por una razón, pero las leyes son las leyes y el nombre del juego se llama disuasión”. Y están tratando de disuadirlos arrancándoles los hijos.

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