Espectáculos

La realidad supera a la ficción en La voz de un sueño

La actriz Iazua Larios interpreta a la cantante Rocío Vega en el filme.

La recién estrenada película La voz de un sueño plantea la lucha interna que se divide entre las tradiciones familiares y los ideales aspiraciones artísticos. Aunque la fotografía de Ramón Orozco logra capturar los escenarios típicos de las provinciales calles de Michoacán, la historia real sobrepasa la ficción y dista mucho de ser una película biográfica como se supone en una primera impresión.

El filme está inspirado en la vida de la cantante Rocío Vega; sin embargo, sólo coinciden tres aspectos dentro de la narrativa de ambas historias: el rechazo familiar por la toma de decisiones individuales; la búsqueda de un sueño artístico y la dificultad para conseguirlo. No obstante, las situaciones son distintas.

En palabras de la directora Analeine Cal y Mayor y del productor y guionista Ignacio Martínez Casares, la cinta pretende ser “una historia inspiradora”; la cual conmueva y motive a la audiencia, a través de contextos y situaciones comunes con las que cualquier persona puede identificarse, independientemente de que se hable de una figura artística.

Rocío Vega, quien tiene una amplia trayectoria como cantante de música regional; es interpretada por Iazua Larios, mientras que los actores Patricia Reyes Spíndola y Salvador Sánchez, dan vida a los padres de la artista.

La historia de la película gira en torno a la relación entre la cantante y su padre; sin embargo, el conflicto expuesto en el filme es meramente ficticio, ya que en conferencia de prensa Rocío Vega compartió que su padre fue quien la impulsó al ambiente artístico fomentando sus dotes como cantante desde muy pequeña; y aunque él falleció cuando Rocío tenía tan solo 14 años de edad, fue la admiración a su memoria lo que la impulsó a continuar en el mundo de la música.

Es así como la cinta toma un rumbo muy distinto al que realmente vivió la artista, quien en entrevista con Crónica habló sobre las dificultades que vivió en la Ciudad de México producto de la discriminación, así como las trabas a las que se enfrentó dentro de la Escuela Nacional de Música, en su deseo por cantar música regional.

Apegada a sus tradiciones y costumbres, La Pajarerita —como la apodaron en Uruapan—, decidió abandonar sus estudios en etnomusicología y canto para regresar a su estado natal, donde, pese al rechazo de su familia, no descansó hasta abrirse las puertas necesarias para impulsar su proyecto de música tradicional mexicana, el cual la ha llevado a poner en alto la cultura y las tradiciones mexicanas en países como España, Portugal, Australia, Cuba, Nicaragua, Chile, Perú y Estados Unidos.

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