¡Ah, jijos!

Marielena Hoyo Bastien

Leer para creer…

Como suele pasar en los presidios del mundo, aquí en México

los misteriosos ¿suicidios? carcelarios están replicándose, PERO,

en la fauna silvestre cautiva. Sí, leyeron bien. Y es que sin más

explicación, una joven jirafa macho huésped del zoológico de la

ciudad de Colima —instalación ampliamente cuestionable— tuvo a

bien ahorcarse con una cuerda que permanecía instalada en su

 recinto, a fin de cuentas celda, como parte, según, de una

rutina de enriquecimiento ambiental.

Lo anterior sucedió en agosto de 2017, más la resolución

apenas viene consignada en un boletín de la ProFePA fechado

este 28 de mayo, o sea, nueve meses después del suceso, y

todo, para que esa autoridad que supuestamente asume la

consigna de poner “la Ley al servicio de la Naturaleza”, no haya

encontrado bases para sancionar tamaña NEGLIGENCIA, que 

hace muy poco se repitió, aunque poco peor, en el Zoológico de

Chapultepec de CDMX, igualmente, sin mayores consecuencias.

Aquí URGE lo  que tanto se me fustigó:

GUARDIAS 24/7 EN LOS ZOOLÓGICOS

 

Y ya que estoy en esto de los temas sin o con dudosa autoridad, permítaseme compartir que como resultado de mi duda expresada la semana pasada, sobre quién tiene la atribución para sancionar los fraudes científicos; ello, en referencia al pretendido con el “descubrimiento” de una nueva especie de loro, información publicada primeramente en la revista especializada Peerj bajo la firma de un tal Tony Silva (y, curioso, tras reclamo a la publicación por algunas falsedades manifestadas, editado en dos versiones distintas), la respuesta de varios expertos fue que aquí nadie, como no sea el amplio y parejo rechazo de la comunidad científica, tiene dientes para lo correspondiente. En fin…

Que no tuve contestación certera para lo que buscaba, pero a cambio recibí múltiples referencias hacia el autor que en primera instancia difundió el “hallazgo”, remitiéndoseme a links para conocer que aunque con prestigio de ornitólogo particularmente entendido de los psitácidos, TS tiene un historial negro que en fracción quedó consignado por el periódico New York Times, texto por cierto que prácticamente replicó la revista Proceso con la firma de Rosario Manzanos, fiel seguidora del tema tráfico negro de fauna silvestre.

Y es que resulta que el fulano, a finales de los noventa fue consignado a varios años de prisión en los EUA (juicio llevado a cabo en Chicago), precisamente porque recubierto con el aura de experto y conservacionista de aves exóticas, tras severa investigación que incluyó personal infiltrado, el FBI le acreditó vinculación no sólo con el tráfico ilegal de especies protegidas, sino hasta con un capo que a su vez encubría su negocito de drogas con las actividades del traficante de animales, mayormente pericos, loros y guacamayas de Sudamérica, Asia y África. Y el tipo, señores y señoras, caballeros y bolitas, es quien respalda y promueve el “descubrimiento” de una especie de loro inexistente, hecho que aunque enormemente lamentable no ha merecido la atención obligada, más, al tratarse virtualmente de un endemismo yucateco. Así las cosas…

Topamos el sábado pasado con una nota de Blanca Estela Botello, aquí en nuestra querida Crónica, señalando información preocupante puesto que se da cuenta del devenir de un monto económico nada pequeño que no ha tenido destino, y que supuestamente está etiquetado para su aplicación en la protección y conservación del Archipiélago Revillagigedo. Lo más raro es que sólo una porción del amplio presupuesto, pendiente para dedicar a ese proyecto durante el presente año, SeMARNat lo destinará a la ProFePA para actividades de vigilancia, pero del resto se desconoce su acomodo a pesar de que se han negado fondos a proyectos aceptados como viables para EL PROPÓSITO, con el pretexto de ¡carecer de disponibilidad presupuestaria! Mientras, hay en el veremos 75 millones de pesos. No entiendo. Ojalá reciba explicación. Sólo espero que no sea tan tardada como la que extrañamente no he recibido por parte del jefe de Gobierno, José Ramón Amieva, respecto a la también APREMIANTE necesidad de integrar un protocolo que atienda los casos de extrema urgencia que llegan al primer Hospital Veterinario público de CDMX, al ser inaceptable un rechazo porque las personas no cuentan con el dinero suficiente para que su perro o gato sean atendidos. Bastante hacen ya con preocuparse y trasladar a los animales, para que encima…

 

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