Violencia y provocación

René Arce

La violencia física y verbal está dominando cada vez más el contexto en que se desenvuelve la campaña electoral que definirá la Presidencia de la República, el Congreso Federal, nueve gubernaturas y miles de cargos locales en todo el país.

Todos los días nos enteramos de terribles hechos sucedidos a lo largo y ancho de la nación. Secuestros, asesinatos, robos, extorsiones y amenazas son una larga lista. Prácticamente todos los mexicanos tenemos un familiar, amigo o conocido que ha sido objeto de algún daño en su integridad física o patrimonial. Decenas de candidatos han sido asesinados y cientos más han renunciado a su candidatura frente al temor de que las amenazas que les han hecho, se cumplan.

El más reciente acto de horror, que ha conmovido a todo México, fue el asesinato de un infante en el estado de Jalisco. El narcoterror que ha impuesto el autodenominado Cártel Jalisco Nueva Generación, quien incendió unidades de transporte público con personas a bordo, ahí una madre y su hijo quedaron atrapados en el fuego, provocando que el niño falleciera y ella quedara con graves quemaduras en su cuerpo que ponen en peligro su existencia.

Los candidatos presidenciales no han podido explicar cómo enfrentar este problema para terminar con la incertidumbre, temor, incluso hasta pánico, en muchas de las regiones del país.

López Obrador ha criticado la estrategia de Calderón y Peña de enfrentar con militares, marinos, policías federales y estatales a las bandas criminales, sus propuestas reiteradas son: hacer un seguimiento diario tempranero, la controversial propuesta de amnistía y su clásica cantaleta de que él sí tiene autoridad moral.

Meade, con su imposibilidad de deslindarse de los gobiernos de Calderón y Peña, sólo le apuesta al continuismo; con ello, a que la sangría de este país seguramente llegaría, en caso de ganar al final de su sexenio, a casi medio millón de asesinatos.

El Bronco, en su incontinencia verbal, sólo ha tenido ocurrencias fascistoides, en ello compite con Mikel Arriola, candidato a la gubernatura de la Ciudad de México.

Anaya, aunque se ha deslindado y criticado la estrategia fracasada de Calderón y Peña, no ha logrado conectar sus propuestas con la población, porque sólo plantea combatir algunos efectos, pero no explica o no entiende las causas multifactoriales de la inseguridad y las respuestas apropiadas para atacarlas.

La inteligencia policial, el combate frontal al lavado de dinero, el castigo a los cómplices, dentro de las organizaciones policiales y de justicia, un trato diferente a la producción, distribución, industrialización y comercialización de las drogas (la mariguana ya ha sido legalizada para su consumo en la mayoría de los estados en Estados Unidos; la amapola vuelve a ser una gran posibilidad de producir morfina para el mercado interno y también el internacional), así como una nueva colaboración internacional en el combate al crimen organizado, principalmente con Estados Unidos, quien generó la estrategia a nivel mundial de la “guerra contra las drogas”, que sumisamente han adoptado muchos gobiernos del mundo, entre ellos el mexicano.

Lo fundamental en una nueva estrategia tiene que ser también cómo la sociedad, con sus diferentes organizaciones civiles, religiosas, culturales y empresariales, entre otras, puede participar dándole seguimiento, evaluación y colaboración a este diseño por la seguridad, la justicia y la no impunidad.

Preocupante es el asesinato y amenazas contra los candidatos. Más preocupante es cuando conocemos las campañas de odio y agresión, sobre todo en las redes sociales, principalmente de los simpatizantes de López Obrador. También hemos escuchado o conocido de quienes simpatizan y apoyan la idea de dañar al candidato de Morena y piensan que es positivo sacarlo de la elección sea como sea.

En la democracia liberal podemos confrontar duramente nuestras opciones ideológicas o políticas, pero debe ser la población, con su voto, la que defina quién la gobierne, aunque esto implique equivocaciones para sus intereses, como ya ha sucedido en diferentes partes del planeta y luego enfrenten terribles decepciones como hoy sucede en Venezuela. Siempre será mejor equivocarse con el voto, que tratar por medio de la violencia y la provocación que un adversario acceda al poder.

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