Mejor urnas que Frankenstein - Fran Ruiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 31 de Mayo, 2018
Mejor urnas  que Frankenstein | La Crónica de Hoy

Mejor urnas que Frankenstein

Fran Ruiz

Si Mariano Rajoy no cambia de idea y no dimite hoy para frenar la moción de censura (aunque esta maniobra desesperada sólo prolongaría su agonía un tiempo más), la democracia española sumará de golpe dos hechos inauditos: Por primera vez, un gobernante es derribado por el Parlamento y, por primera vez, un líder de la oposición es elegido por esos mismos parlamentarios para gobernar España, sin haberlo logrado en las urnas.

A diferencia de Italia, donde la dispersión del voto y la inestabilidad política han ayudado a que los primeros ministros caigan como moscas y a que los últimos cinco mandatarios no hayan salido de las urnas, en España el bipartidismo PP (derecha)-PSOE (izquierda) permitió la estabilidad durante cuatro décadas. Ese “oasis español” acabó en 2008, cuando el estallido de la crisis financiera coincidió en el tiempo con la acumulación de escándalos de corrupción de dirigentes del PP, que se enriquecieron haciendo negocios con esos mismos empresarios y banqueros mafiosos que dejaron a miles de españoles en la calle.

Así nació en 2011 el movimiento de los indignados, que desafió en la calle a Rajoy, pero que no logró echarlo del poder. Ese fracaso no fue en vano, ya que se transformó en votos indignados de los que nacieron en las elecciones de 2015 dos partidos nuevos: Ciudadanos (liberales) y Podemos (izquierda radical). Ése fue el principio del fin del bipartidismo, pero también el comienzo de la inestabilidad parlamentaria, ya que, con cuatro partidos grandes, ninguno ha logrado desde entonces ganar por mayoría absoluta, lo que obligaba al ganador a negociar.

Hace apenas una semana, Rajoy brindaba por haber logrado el apoyo de los nacionalistas vascos a su presupuesto nacional, lo que le daba un año más de vida a su gobierno. Pero al día siguiente, el 24 de mayo, le estallaba una bomba en las manos: la justicia condenaba a dirigentes del PP y al propio partido por el caso Gürtel, el mayor escándalo de corrupción en España. Desde esta columna pedí a Rajoy que dimitiera, como tantos otros exigieron. No lo hizo y su terquedad es la que ha llevado a esta situación insólita del Parlamento, arrebatándole el poder e inyectándolo a alguien que todos daban por muerto: Pedro Sánchez.

El líder socialista es Frankenstein, como ya ha sido bautizado, no sólo porque estaba muerto en las encuestas, sino porque ha sido revivido cosiendo en torno a su candidatura trozos de otros partidos parlamentarios para sumar mayoría absoluta. Y qué partidos: dos quieren directamente destruir España (el vasco Bildu y el catalán PdCat), otros dos no saben o no quieren desprenderse de sus simpatías por el régimen venezolano (Podemos y los comunistas de IU), y los nacionalistas vascos del PNV se venden al mejor postor (pidió dinero a Rajoy ahora Sánchez).

La pregunta del millón es: ¿Serán todos estos órganos compatibles unos con otros para que arranque el nuevo gobierno sin temor a que sufra en breve un infarto?

Tengo serias dudas de su supervivencia y temo que se vuelva crónica la italianización de España. Por eso, las urnas eran el mal menor, porque, si Rajoy hubiese dimitido y luego convocado a elecciones, al menos el futuro gobierno (o la falta de gobierno) sería responsabilidad compartida de todos los españoles y no sólo de una mayoría de parlamentarios que se divierten experimentando con revivir a Frankenstein.

fransink@outlook.com

 

 

 

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