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"Hoy sí sale para la comida": mamá se ha vuelto apostadora

Afuera de una paletería la Michoacana  hombres y mujeres (algunos de  20, pero destaca una doña de 50 años) juegan en las maquinitas tragamonedas; una ronda de cinco pesos por seis pelotas, que,  según el cálculo o la suerte, les harán ganar hasta 150 pesos. Eso es de lo que se trata aunque se disfrace de un "juego de habilidad": apostar.
“Hoy sí sale para la comida, comenta La Chiva, una mujer cincuentona que platica con otro jugador  y dice ya haber invertido 25 pesos en el Carnaval de Futbol, maquinitas tragamonedas instaladas afuera de negocios particulares, en los límites de la delegación Iztacalco, al oriente la ciudad. Allí La Chiva se quedará durante media hora, manipulando los botones, anhelando que las pelotas caigan en los hoyos correctos para ganar la apuesta. Ganó 40 pesos. Esta tarde ganó 15 pesos.
En otro punto de la capital, en la colonia centro, una bodega sirve de minicasino. En el interior, la música está a todo volumen, 10 máquinas de Pinball o tragamonedas,  todas con letreros que advierten que los cristales están frágiles y piden no se recarguen muy fuerte.
El ambiente es denso, se siente la vibra pesada. Un adolescente es el encargado de este lugar, trae colgando una mochila tipo mariconera en la que guarda las monedas de 5 y 10 pesos que cambia a los jugadores, muchos de ellos comerciantes de la zona del Metro Pino Suárez y que según comentan entre ellos, "con buena mano, sí se arman las chelas el día de hoy".
–¡Cámara, Tony, échale... sí sacas un cincuenta!
–Nel ya me la pelé, ya entraron tres en Brasil y dos en España, ya no la armé (dice en relación a que no lo logró, por lo que perdió la apuesta).
Es lo que comentan dos jugadores del Carnaval de Futbol.
Al intentarlo, el juego consiste en hacer  que pequeñas pelotas entren en orificios con la misma imagen, un sistema de palanca con resorte impulsa las pelotas; "ni muy muy, ni tan tan, dale rico pero suave", es lo que se comentan dos hombre al interior del local, para que las pelotas pasen el límite y puedan rebotar una y otra vez hasta caer en uno de los orificios o bien regresen al punto de partida para que sean lanzadas una vez más.   
El juego dura entre 5 y 10 minutos, depende cien por ciento de lo rápido que saques las pelotas o de lo rápido que éstas entren, al azar, en su lugar.
Los juegos de apuestas están prohibidos por Ley. Estas máquinas intentan disfrazarse como juegos de destreza. En realidad todos van a lo mismo: poner cinco pesos y multiplicarlos en una jornada de suerte.

 

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