El engaño populista

José Fernández Santillán

Gloria Álvarez se ha dado a conocer en el mundo iberoamericano como una académica y conferencista especializada en el populismo. Surgió a la fama en 2014 en el Parlamento Iberoamericano de la Juventud celebrado en Zaragoza, España. Su intervención se hizo viral en las redes sociales.

Me parece importante que en México, en estos momentos de intenso debate pero también de confusión, conozcamos su manera de abordar el tema del populismo. Por ejemplo, en sentido opuesto a lo que muchos analistas y comentaristas afirman en el sentido de que las ideas han tenido poco que ver en las campañas políticas en curso, ella afirma que la lucha política es ante todo una lucha ideológica.

Ubica al populismo cerca del socialismo marxista y, en especial, echa mano, de Antonio Gramsci (1891-1937), marxista y fundador del Partido Comunista Italiano: la cultura es “organización, disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior conciencia por la cual se llega a comprender el valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus derechos y sus deberes.” (cit. Axel Kaiser/Gloria Álvarez, El engaño populista, México, 2017, p. 82).

El líder del partido español Podemos se refirió a ese intelectual y líder nacido en Cerdeña, en los siguientes términos: “Gramsci comprendió que el poder de las clases dominantes no solo se ejerce mediante instrumentos coercitivos o relaciones económicas derivadas del proceso productivo, sino también a través del control del sistema educativo, de la religión y de los medios de comunicación y que por tanto la cultura es el terreno crucial de la lucha política.” (Disputar la democracia, Madrid, Akal, 2014, p. 47). La estrategia que ha empleado Iglesias y el conjunto de líderes populistas consiste en “nunca asumir el lenguaje del adversario político, sino disputarlo.” Captar cómo piensa la mayoría de la gente. Canalizar los odios y los miedos para cambiar la hegemonía cultural a favor de los partidos populistas. Utilizar las estructuras democráticas para hacerse del poder y después imponer un régimen dictatorial, tal y como sucedió en Venezuela, Bolivia, Rusia, Hungría y Polonia.

La lucha de las ideas es un elemento fundamental del populismo: sus líderes subyugan a las masas con base en la difusión de utopías redentoras. Juegan con la ignorancia de la gente para ofrecer soluciones mágicas, inmediatas que, aparentemente, resolverán sus problemas en un santiamén.

En todo esto, desempeñan un papel fundamental los intelectuales, académicos, periodistas y redes sociales (manipuladas). Un aparato de propaganda bien montado que se parece mucho al que, en su momento, pusieron a funcionar los regímenes nazi-fascistas. El propósito es reducir la capacidad de discernimiento de la persona; que su mundo interior se reduzca lo más posible y que adopte una sola lectura de la realidad para que repita como autómata lo que dicen el líder y el partido.

Así se prepara, por la vía electoral, el asalto al poder para luego poner en acto el proyecto cultural y social populista: el desmantelamiento de la democracia constitucional. La receta es harto conocida: el poder se concentra en el Presidente de la República, el Legislativo pierde su autonomía con base en la mayoría que obtiene el partido populista, el Judicial ve reducida sus funciones, los medios de comunicación y periodistas independientes son silenciados, la libre empresa pierde su seguridad y capacidad creativa. El Estado nacionaliza los sectores estratégicos. Todo en nombre del pueblo encarnado por el líder.

Kaiser y Álvarez citan en su libro al sicólogo y Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, quien ha explicado que nuestro cerebro funciona con dos sistemas. El sistema 1 emite juicios inmediatos e intuitivos; el sistema 2 requiere de esfuerzos mentales y elaboración. El sistema 1, entonces, es el emocional y el 2, el racional. El sistema 1, como dice Kahneman, es “rápido, automático, no requiere esfuerzo, es asociativo y difícil de controlar o modificar”, mientras que las operaciones del sistema 2, son “lentas, seriales, requieren esfuerzo, controladas deliberadamente y son relativamente flexibles y gobernadas por reglas. (Ibidem., p. 175).

Dicen Kaiser y Álvarez: “El discurso populista y socialista ataca fundamentalmente el sistema 1 explotando diversas emociones: la esperanza, el resentimiento, el odio, el deseo de surgir, la sensación de justicia, la empatía con el que sufre, etc. Apela mediante un lenguaje simple y básico a emociones e intuiciones espontáneas.” (Idem) En contraste, la democracia liberal, como lo han señalado todos los autores que han argumentado a su favor, está basada en el individuo pensante (sistema 2), en el sujeto que no se deja dominar por las emociones, sino que pone a funcionar su capacidad de discernimiento.

Al leer el libro El engaño populista, uno entiende el motivo de la confusión en la que han caído algunos dizque analistas y comentaristas políticos, quienes no logran explicar el motivo por el cual López Obrador sigue subiendo en las encuestas. Y es que esos analistas y comentaristas no ven más allá de los números de las encuestas. Un poco de cultura política no les caería mal.

El sistema 1 se está esparciendo como epidemia en nuestro país.  


jfsantillan@itesm.mx
@jfsantillan

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