Educar a los que educan

Ulises Lara López

Recientemente se realizó la reunión sobre la Estrategia de Fortalecimiento y Transformación de las Escuelas Normales. En ese encuentro el titular de la SEP, Otto Granados Roldán, señaló que “uno de los componentes principalísimos de la Reforma y del Nuevo Modelo Educativo es justamente ir avanzando de manera gradual, pero consistente, en este esfuerzo mediante un trabajo muy sistemático, muy organizado de coordinación, de diálogo, de consenso, dados los retos históricos, culturales, pedagógicos y por supuesto en algunos casos, políticos y estructurales, que tiene todo el sistema de educación normal de nuestro país”.
Desde luego, con los que tienen que ver con los contenidos de los aprendizajes clave del Nuevo Modelo Educativo como la construcción, el desarrollo y la evaluación del Servicio Profesional Docente. En suma, dijo “la construcción de la reforma educativa, su ejecución, su consolidación en los próximos años pasa de manera inevitable e indispensable por la transformación y el fortalecimiento de las escuelas normales.”
En la estrategia se consideraron cinco ejes de acción: “El primero de ellos, es el ejercicio laborioso, paciente, de consenso y de participación, el cual además del personal docente, deberá de ir acompañada de los gobiernos y autoridades normales de los estados, para contribuir a la construcción de lo que en la práctica va a ser un nuevo sistema de gobernanza en torno a la educación superior normal de nuestro país.
Una segunda línea es el reconocimiento del entorno, de la pertinencia del desarrollo de las nuevas disciplinas, y que al mismo tiempo constituyan un área de oportunidad para estar innovando y creando permanentemente en las escuelas normales, dependiendo de sus propias características, de su fisonomía, del entorno en el que se mueven, de las vocaciones, de los centros académicos en los que van a seguir trabajando en los próximos años.
Un tercer elemento en la estrategia es la preocupación por la inclusión, por la equidad y por el reconocimiento de la diversidad. Seguimos siendo un país muy heterogéneo, hay asimetrías, hay disfunciones, hay velocidades distintas en la muy variada geografía nacional, hay estados que no son comparables con otros.
Una cuarta línea estratégica es la apertura y la movilidad en el marco del reconocimiento a las nuevas características que reconoce las tendencias actuales, desde los nuevos hallazgos en materia cognitiva ante el uso de las tecnologías de la información y la comunicación en materia educativa. El otro componente es la movilidad de los normalistas, de los docentes, a otros países como Francia, Canadá, España, por la enorme experiencia enriquecedora que están viviendo.
Finalmente, nos dicen, se trata de hacer de las normales un nuevo liderazgo social, un nuevo liderazgo cultural, un nuevo liderazgo en el entorno, pero con nuevos instrumentos: su capacidad de adaptación, de reinvención y de innovación. La estrategia ofrece en su conjunto poner a las Normales a competir por nuevos estándares, por mejoras a lo largo de su práctica docente y su práctica profesional, una de las áreas de oportunidad para esta tarea serán, por una parte, el desarrollo del posgrado y, por otra, el desarrollo de la investigación, particularmente la investigación aplicada.
Todo, rematado por un eje transversal llamada calidad, que dicho por sus autoridades será a partir de la búsqueda de las dimensiones, parámetros, estándares y metas de cada escuela normal.
Sin duda, la educación normal, que desde 1984 forma parte de la educación superior, es uno de los pilares fundamentales para el sistema educativo nacional. Pero más aún, está vinculado a los proyectos estratégicos de la nación que queremos, porque de sus egresados depende la construcción de las futuras generaciones de ciudadanos que generarán riqueza, desarrollo y elegirán o serán electos en sus gobiernos.
Desde el surgimiento de los estados nacionales y en especial en el siglo pasado, las grandes transformaciones de los países desarrollados y en vías de desarrollo estuvieron acompañadas de esfuerzos monumentales en materia educativa, desde abatir el analfabetismo hasta la investigación y el desarrollo especializado de conocimientos.  El México postrevolucionario tiene entre sus grandes logros la cruzada educativa emprendida por Vasconcelos y en el cardenismo la educación socialista que impulsaron una identidad nacional basada en los principios constitucionales de una educación laica y gratuita, ofreciendo formación básica en todos los rincones del país, tarea que fue posible a partir de la movilización masiva de maestros normalistas.
Pero esas masas magisteriales también sirvieron para darle estabilidad y hegemonía a un sistema político. Se nos inculcaron los valores cívicos del respeto a los símbolos patrios y entre ellos a la figura presidencial. Se produjeron contenidos educativos que exaltaban la patria y las leyes emanadas de la revolución pero no las prácticas democráticas. El enorme sindicato de maestros se convirtió en uno de los componentes operativos de la maquinaria electoral del sistema de partido único y durante décadas legitimaron elecciones en municipios, estados y la Presidencia de la República. Tan es así que cuando tuvieron la oportunidad crearon su propio partido y aún están en activo.
Por ello me parece pertinente preguntar: ¿Qué egresados esperamos de las normales? ¿Formados en los contenidos disciplinares para cubrir los espacios que propone la reforma educativa, por ejemplo, maestros de inglés? ¿Con una formación sólida en Pedagogía y didáctica en las diferentes áreas de conocimiento? ¿Con una formación teórica y práctica que les permita acreditar las diferentes evaluaciones a lo largo de su vida profesional? ¿A colaborar en todo momento para la mejora continua de contenidos y recursos pedagógicos para la enseñanza? ¿Para defender la reforma educativa como un baluarte de la transformación del país?
Me preocupa aún más cuando observo al titular de la SEP en una lucha denodada por contribuir a la continuidad del equipo gobernante y sus estrategias, aunque quede poco tiempo de su gestión para realizarlos y cada vez menos posibilidades de triunfo. Recientemente presentó un libro de su autoría en el FCE para argumentar a favor de la reforma educativa. Todos sabemos que Otto Granados es un hombre del sistema y no necesita demostrar su lealtad, si de algo sirven estas líneas sugiero dedique sus esfuerzos a hacer posible que la primera acción de sus estrategias de fortalecimiento de las normales sea una de las tareas más útiles para la transición en cualquier desenlace de las elecciones: Construir consensos.

 

 

 

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