Colonia Doctores: Historia del mampi | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 01 de Junio, 2018

Colonia Doctores: Historia del mampi

► Roba a transeúntes y negocios; se le señala en el saqueo de inmuebles afectados por el sismo ► Su afición, la salsa; cada miércoles y jueves, baila y luego asalta en los alrededores ►Su marca particular: robar delante de las cámaras de vigilancia de la SSP ► Su fama crece en la Doctores; su impunidad también, y comienza a elegir blancos mayores

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"¿Cuántas rutas tienen para regresar a casa?”, preguntó el instructor de policía a los agentes de investigación de la PGJDF durante uno de los cursos de formación. Ninguno contaba con una gran cartera de rutas; el que más, dos o tres distintas. “¿Creen que los delincuentes son diferentes? Sus hábitos nos permitirán detenerlos”, concluyó.

 

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Colonia Doctores. El barrio se está calentando, pues desde hace mes y medio ha vivido una ola de atracos. La SSP se vio obligada a reactivar el módulo de Policía del Parque Doctor Ignacio Chávez. Recién llegados, algunos de los uniformados ya escucharon mentar al Mampi (Vampi, le dicen otros por las extremas ojeras que le dejan las noches de baile).

El Mampi es un ladrón de dimensiones pequeñas, hoy día. Si bien crece, aumenta su fama, porque es una figura peculiar que va a disfrutar salsa, o a relajarse con el trago en el garito La Hija de los Apaches. Pero el Mampi rompe un par de códigos de barrio que están llamando la atención. Roba en torno a la calle Dr. Martínez del Río, donde vive, y en las cercanías de Claudio Bernard, por donde baila. Es decir, asalta a sus propios vecinos. Generalmente los trata bien; sólo quiere celulares que mueve rápidamente a través de sus familiares —los llega a vender en un tenderete— o bien mediante compradores ocasionales en esas mismas calles.

Pero lo que más llama la atención es que el Mampi tiene cierto gusto por el hurto justo ante a las cámaras de vigilancia de la SSP… y además ahora comienza a buscar blancos mayores. Está en crecimiento, aunque no por eso cambia sus hábitos.

En las últimas dos semanas, llamó la atención el saqueo en viviendas dañadas por el sismo y en un restaurant en Dr. Lucio. En el caso del negocio, la cortina metálica de su acceso fue palanqueada con calma y luego el delincuente se dio tiempo hasta de sentarse un rato en el WC, a inspeccionar diferentes baratijas que encontró.

Crónica rastrea los puntos de asalto del Mampi en los últimos días de baile y sí, en efecto, suelen ocurrir frente a las cámaras de vigilancia, por donde se acerca a quienes caminan y pide que le entreguen el celular; en ocasiones pide metálico. El de hace una semana, el 24 de mayo, grabado por la cámara ID 10499, a las 22:45 horas (después del baile). Corre, intercepta al vecino, pide el celular, inspecciona un poco las pertenencias, mas no se interesa por tarjetas u otros valores.

 

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Pero algo cambió esta semana, el Mampi, tras bailar, decidió esta vez actuar de modo distinto, dejar de lado los celulares de los vecinos y escalar por un blanco mayor. Conocedor del entorno, sabía qué día estos vecinos restauranteros tendrían dinero guardado allí. El hecho fue denunciado ante el Ministerio Público, aunque sin avances notables,…algo curioso pues también esto quedó grabado en las cámaras de vigilancia de la esquina.

Sorprendidos por tal nuevo actuar, los vecinos siguen en espera de saber qué vendrá ahora, aunque los que hablan con Crónica no creen que salga nada de la acción de las autoridades.

En realidad los hábitos del Mampi (tanto regularidad en su centro y días de operaciones como sus métodos) permiten pensar que un alumno de prepa con 8 de promedio escolar podría resolver este caso.

Control en 6 M2

“Sólo se cuidan de robar aquí, si pasa en la otra cuadra, allá adentro...”, dice el policía señalando con el mentón hacia las calles centrales de la Doctores, “cuando nos piden apoyo llegamos, traemos una patrulla, pero no hay mucho que hacer cuando se comienzan a meter en los callejones”.

El que habla es uno de varios policías que acaban de llegar a la Doctores, son una nueva oleada de vigilancia decidida luego del aumento de reportes de robo en la calle (y ahora a lugares cerrados).

–¿Entonces qué tanto inhibe el robo la presencia de ustedes? ¿Cuántas cuadras a la redonda quedan tranquilas si ustedes están aquí?

–A la siguiente cuadra pueden estar atracando ahorita…

El oficial de policía, que ha permanecido hasta entonces serio y en posición de firme, se muestra a disgusto por primera vez en la plática.

–No es tan fácil, aquí la gente prefiere que los roben a ser chivatos… igual tienen miedo de represalias, pero  no es sólo eso...…

EL BORREGO A LA OLLA

“Hay cosas que no se hacen ni se dicen”, asegura José, nacido y crecido en la Doctores. Lo que se le preguntó es si el Mampi se está convirtiendo en un problema mayor.

Tranquilo a pesar de su talla respetable y de que confiesa que hay que pagar el respaldo del barrio. “El barrio me apoya, si alguien se mete conmigo, sé que me defenderían”.

Pero José debe dejar parte de su dinero, en ocasiones, en manos de pequeños bravucones. En realidad, sus vecinos. Pero se sorprende por el tema de los robos de celulares del Mampi. No lo conoce, pero sabe de ese tipo de movimientos de aparatos telefónicos, aunque supone que generalmente provienen de otras colonias. Un ­código aquí es que “el Barrio te Respalda, que el Barrio no te asalta”. Por eso el Mampi está creando un área de influencia con otra lógica. Con un poco de suerte de su parte, quizás algún día lo presenten en televisión como un gran orquestador de la delincuencia organizada.

—¿No crees que si un ladrón del ­barrio es detenido a tiempo, cuando sus delitos son pequeños, se evitarían delitos mayores? —se le pregunta a otro miembro del barrio, también acostumbrado a moverse a medianoche en estas ­calles que sólo reciben a los locales con buena cara.

—Aquí eso no pasa, toda la vida mis papás han vivido sin problemas.

—¿Si tuviera que afrontar las consecuencia de robar cosas pequeñas no se evitaría que pase a otros delitos? ¿Los vecinos no creen que sería necesario denunciar? —se le pregunta y el no contundente aparece en su voz potente junto con una mirada inquisidora.

Esa mirada, mitad fastidio hacia quien no entiende cosas básicas y mitad muralla entre el “nosotros “ y los “otros”, se ha hecho evidente también con otro de los vecinos consultados; joven, con estudios, que no se atrevería a robar nada, indica que sencillamente evita dejar su auto en las calles de la Doctores, donde sabe que amanecerá sin algunas partes.

“El borrego, cuello y a la olla”, resume el epíteto la suerte que reciben los chivatos, los denunciantes, aquellos que rajan, los que tienen mil nombres entre la sociedad civil de la colonia Doctores, ahí donde el Mampi crece lentamente, los policías tienen una efectividad de 20 metros a la redonda y los asaltaos a transeúntes y negocios ocurren frente a las cámaras de vigilancia callejera. Ésas que tanto fascinan a las autoridades e incluso a los candidatos a la Jefatura de Gobierno capitalino.

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