Lo inaudito y lo infantil. Elecciones y futbol

Carlos Matute González

Una amiga, que además es mi lectora asidua, me reclamó que abordara tanto los temas de las elecciones y el futbol, pero la poca diversidad informativa reduce dramáticamente el espectro de interés y hay hechos que no se pueden soslayar como son: el aburridísimo partido de la selección mexicana contra la galesa (según los expertos el cotejo número 46 del técnico nacional) y la propaganda de Anaya en la que encuesta a ciudadanos sobre el mundial.

Lo primero lo relaciono con lo inaudito. 46 partidos con el mismo número de alineaciones distintas (Univisión, 29-05-18), lo que puede ser un “récord Guinness”, resulta una genialidad o tozudez. Nadie lo sabe hasta ver el resultado de la participación de la selección mexicana en el Mundial. Demasiado tarde para corregir. Lo que puede consolar a los aficionados es que nadie les toma su parecer en la contratación o despido del director técnico.

Lo segundo lo relaciono con el pensamiento infantil, que se caracteriza en el tipo sicológico por su ingenuidad, inmadurez y fantasía. La propaganda comienza con una pregunta dirigida a los mexicanos, que es propia de un programa deportivo de televisión, sin logotipo alguno, “¿Quién piensan que ganará el mundial?” y varios adultos responden selecciones que ya lo ganaron con un gesto de obviedad expresado y luego niños contestan que México, con un gran entusiasmo. Después, sale a cuadr Ricardo Anaya con una bandera ondeando atrás diciendo la frase siguiente: “El México que ven los niños, es el que todos debemos ver”.

Lo inaudito es que alguien piense que con un equipo rotado permanentemente pueda obtener resultados. Sin identidad propia, sólo analizando al adversario y reaccionando. Así puede pasar las primeras etapas, pero el enfrentamiento con los rivales fuertes se antoja desventajoso para quien emplea el oportunismo como estrategia. Eso puede explicar el 7-0 contra Chile, o el 4-1 contra Alemania y el fin de las aspiraciones de levantar la copa de campeón.

Si esto lo trasladamos a las elecciones, la pregunta sería: ¿Puede un candidato ganar sin ideas propias, ni equipo identificable? ¿Bastan las frases huecas y las propuestas genéricas para obtener la mayoría en las urnas? El oportunismo acumula contradicciones que hacen crisis a mitad del camino. Los intereses personales y efímeros no son suficientes para cohesionar un equipo. Si se obtuviera el triunfo, ¿una coalición heterogénea de intereses confrontados ideológica y orgánicamente puede formar un gobierno eficiente? Un día va a acabar la campaña, el ganador deberá gobernar y encontrará un huacal vacío de ideas, pero pletórico de personajes que exigirán su pedazo del triunfo, jalando cada quien para su molino y con algunas cabras que irremediable y literalmente tiran para regresar al monte.

Lo infantil es la visión que tienen del elector los candidatos que ofrecen lo imposible en su campaña. Es inexplicable que alguien crea que con futbolistas que no han jugado dos partidos juntos, ni son titulares en sus equipos, se pueda ganar un mundial. Sólo en la fantasía se puede soñar con levantar la copa en esas condiciones. El pensamiento infantil es más propenso a creer en todo y a ese tipo de razonamiento “más cercano al sentimentalismo —apela el candidato Ricardo Anaya. La pregunta que sigue es: ¿utiliza la misma táctica cuando promete la renta universal o cuando dibuja un futuro mejor que se acerca a lo paradisíaco?

Hay que reconocer que el error de apelar a la parte menos racional del ser humano en una campaña política es lo normal. Los comunicadores políticos pretenden despertar en el elector sensaciones y pasiones “como en el futbol” más que adhesión a propuestas de gobierno razonables. Estas últimas suelen pasar a un segundo plano en la narrativa masiva de los debates y se convierte al chistorete o la diatriba en el actor principal de la contienda.

Sin embargo, la referencia tan directa al pensamiento infantil de Anaya puede resultar contraproducente para su campaña. El discurso político del populismo hunde sus raíces en la fantasía y la inmadurez del individuo que se expresa en un colectivo irracional (véase el caso Trump, Maduro y cía.) y la propuesta de este candidato es alejarse de las posturas que nada proponen en concreto.

Lo inaudito y lo infantil serán imperantes en estos tiempos de futbol y elecciones. Al ciudadano le corresponde mantener la cordura y acudir a la urna a votar conforme a su propia conciencia y raciocinio adulto. Al aficionado lo invito a disfrutar de un juego y divertirse con su equipo favorito. No hay que imaginar o esperar más de lo que la realidad simplemente no puede dar. Vale.  

 


Profesor de posgrado del INAP
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