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Personas entre 30 y 50 años, las que peor cuidan su salud: Francisco Martínez

Nuestros científicos. Al principio de la carrera uno ve a la muerte como enemigo, pero con el paso del tiempo la experiencia nos enseña, a los médicos, que la muerte es parte de la vida, pero también entendemos que hay muchos modos de prevenir y evitar una muerte prematura, dice el investigador

A través de la medicina rural y medicina familiar en colonias populares, Martínez Reyna ha encontrado nuevas aproximaciones a la epidemiología.

En México, la cultura de la prevención en salud tiene fortalezas y debilidades muy claras: en vacunación somos un país en el que la mayor parte de la población entiende la importancia de vacunarse para evitar enfermedades incapacitantes o mortales, pero en el manejo de enfermedades crónicas, como la hipertensión y la diabetes, hay graves deficiencias en el apego a los tratamientos, principalmente personas entre los 30 y 50 años.

Así lo explicó a Crónica el epidemiólogo mexicano Francisco Martínez Reyna, académico de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza (FES), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Investigador de temas relacionados con la salud familiar, este médico formado en clínicas rurales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), tuvo que aprender conocimientos originarios de parteras; participar en decisiones políticas comunitarias y coordinar grupos de médicos rurales en regiones áridas y carentes de electricidad, en Zacatecas. Actualmente combina la docencia con la investigación en la UNAM y atiende a pacientes en colonias populares de Xalostoc, en el municipio de Ecatepec, Estado de México.  

Ha realizado investigación sobre  el Síndrome de Fragilidad en adultos mayores y también trabaja con niños de 13 y 14 años con diabetes. Su línea de investigación más reciente indaga sobre las causas por las cuales las personas con hipertensión no tienen un buen apego a su tratamiento; dejan de tomar sus medicamentos o siguen sus tratamientos de una manera muy desordenada. Con estos datos busca identificar cuáles son los factores psicológicos que hacen fallar las estrategias de salud preventiva.

“Al principio de la carrera uno ve a la muerte como enemigo, pero con el paso del tiempo la experiencia nos enseña, a los médicos, que la muerte es parte de la vida y en muchos casos es inevitable cuando llegamos a atender a un paciente. Pero también la experiencia enseña que hay muchos modos de prevenir y evitar una muerte prematura. En el caso de los niños, la más clara es la vacunación, que ha evitado millones de muertes en todo el mundo, por diferentes enfermedades. Y en el caso de las personas de más edad, una manera de prevenir una muerte prematura es mantenerse bien controlado cuando hay una enfermedad crónica”, dice Martínez Reyna.

DESCUIDO Y AUTOENGAÑO. Nacido en Azcapotzalco pero con una infancia que transcurrió en Aragón, en la Ciudad de México, el doctor Francisco Martínez Reyna recuerda que su vocación por la medicina nació desde la infancia, con la impresión que le dio visitar a su tío que era estudiante de medicina en la UNAM.

“Tenía yo alrededor de seis años cuando fuimos a visitar a mi tío y lo vi con su bata blanca, en Ciudad Universitaria, y al fondo se veía la Facultad de Medicina. El golpe emocional fue tan fuerte que yo dije: ‘Quiero ser médico’. Luego seguí mis estudios en primaria y  secundaria de gobierno, y el bachillerato en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Vallejo. Al entrar a la carrera me llegó una carta en la que me informaban que había entrado a la UNAM a la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP) Zaragoza. A mí me tocó el periodo en el que ese centro se transformó de ENEP a Facultad de Estudios Superiores (FES)”, detalló el médico.

Cuando se pregunta al doctor Francisco Martínez su opinión sobre el efecto que ha tenido entre la población mexicana la campaña en contra de las vacunas, que enarbolan algunos grupos afirmando que éstas provocan autismo y enfermedades que atacan al sistema nervioso, como el Síndrome de Guillain-Barré, el médico mexicano dice que, según su experiencia clínica diaria, esas ideas no se han implantado en el país.

“Yo, en lo particular, veo que en México aún no tenemos esa influencia del movimiento contra de la vacunación. En los años 70 se hizo un esfuerzo muy grande por llevar  la vacunación a todos los mexicanos en todas las poblaciones de la República y, gracias a todo el trabajo que costó, hoy tenemos una cultura de vacunación muy sólida. La gente sabe que puede evitarle muchos problemas y riesgo a sus hijos gracias a las vacunas y por ello empieza a preguntar por el esquema de vacunación y por la cartilla de vacunación desde el primer o segundo día que ya tienen a su bebé en los brazos”, indica.

“Así como hay esta cultura de la prevención de enfermedades para los más pequeños, también los mexicanos hemos desarrollado una buena cultura de cuidado de la salud entre las personas adultas mayores. Cada vez es más frecuente ver a personas adultas mayores que entienden que tienen que tener mucho cuidado con sus hábitos o tratamientos para tener una buena calidad de vida. Sin embargo, en la franja de la población den la que vemos más problemas es en la edad mediana, principalmente entre quienes tienen enfermedades crónicas”, narra Martínez Reyna.

De acuerdo con la información que él ha recolectado en trabajo clínico e investigación universitaria, las personas de edad media, entre los 30 y 50 años, tienden a descuidarse porque se sienten bien o no tienen síntomas adversos tan marcados aunque les hayan diagnosticado enfermedades crónicas como hipertensión o diabetes.

“Esto provoca que dejen avanzar la enfermedad y después tengan complicaciones terribles como son la ceguera provocada por diabetes o la falla renal que los condena a vivir el resto de su vida sujetos a terapias de diálisis. Los que llegan a tener más suerte reciben un riñón de trasplante, pero aquí también hay que señalar que la cultura de donación de órganos es muy poca en México y por eso hay largas listas de personas esperando una donación”, explica el doctor que a los 26 años ya dirigía las pequeñas unidades rurales de salud en Guanajuatillo y Corrales, Zacatecas.

“Lo que vemos en nuestros estudios sobre causas por las cuales no hay apego al tratamiento es que en la mediana edad, entre los 30 y 50 años, los pacientes todavía están económicamente activos y esto les obliga a desplazarse, estar fuera de sus hogares por largos periodos de tiempo y consumir con frecuencia alimentos rápidos y mucho de lo que nosotros llamamos “garnachas”. Todos sabemos que muchas personas tienen más a la mano una torta de tamal en las mañanas que una ensalada o fruta. Si esto se combina con el bajo consumo de agua, el alto consumo de refrescos y la vida sedentaria, ya tenemos todo un cuadro de malos hábitos higiénico-dietéticos”, concluyó.

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