El padre de un elefante que La Romita adoptó | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 05 de Junio, 2018

El padre de un elefante que La Romita adoptó

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Totalmente chilango y noventero, cocinero de profesión y con 38 años, Mauricio Tovar ha decidido quedarse en el camino del arte urbano o street art, como lo llaman algunos.

Aunque desde pequeño mostró gran interés por el dibujo y la pintura, jamás tomó ninguna clase de artes plásticas.

Es el autor (pocos lo saben) de un elefante que La Romita, emblemática plazoleta de la delegación Cuauhtémoc, adoptó una vez que apareció en una de las paredes.

La estufa y el color. La cocina estuvo en el principio de su carrera. Mauricio recuerda la época en la que tenía que cocinar en un hospital para ganarse la vida; los horarios, las jornadas largas y —aun así– la falta de dinero. No le gustaba.

Pero fue en esa cocina de hospital donde tuvo la primera ocasión de concretar un proyecto de diseño: se encargó de hacer unas filipinas para los chefs con un estilo grunge noventero.

Renunció. Ya no quería estar allí y le dio tiempo a la pintura.  “Empecé con la ropa, pero después fuimos evolucionando para llegar a la calle”.

La computadora y el esténcil en las paredes fueron sus primeras armas para hacer arte urbano. Cuya, su compañera inseparable en este viaje, fue quien le enseñó a hacer esténcil (en la foto sobre estas líneas).

Con un poco de nostalgia enuncia sus primeros proyectos “el chef tenedor”, “Michel Myers con unas manzanas”, la “Cabeza de toro con filipinas”.

“Hicimos una pinta donde la foto original era un niño que tenía pegada cucharas y le pusimos cara de cochino, fue muy divertido; mis pintas siempre las trato de hacer caricaturescas”, rememora.

Funkycook se llama hoy en día su proyecto de arte urbano. El mismo adopta ese nombre. Recuerda todo lo que le costó: “Tuve que enseñarme sólo, de ensayo y error, me tardé el doble de años de alguien que ha aprendido por medio de cursos”. Parece que le gusta el reto.

Su otra gran inspiración fue  el grafiti de New York, el estilo cholo y los colores que contrastaban.

“Cuando empecé a explorar mi propio estilo me gustaban de música radihoed, Nirvana o Portihead; copiábamos caras de estos artistas, cosas de la calle, esto me sirvió para ir puliendo mi técnica. Fui experimentando buscar mi estilo. Poco después, comencé hacer algo asociado a lo que yo era,  me gustan las  perforaciones, los tatuajes, el estilo cholo de New York y el grunge. Luego empecé con algo más personal dentro del collage digital. Mis gustos se reflejaron el personajes con pantalonsotes y sudaderotas”.

LA CALLE. Funkycook recuerda los momentos en que pintaba ilegal: “En lugares que estaban abandonados; la primera vez fue por unas casa por donde vivía, pintamos unos puerquitos, pero teníamos que estar atentos a la policía y a los coches que pasaban junto a mí. Me gustaba la adrenalina. Varias veces nos torsieron”. Ríe.

En estos días, todo  es diferente. La complejidad de su obra (la duración de aproximadamente 7 horas para realizar cada mural) el permiso para cualquier obra que quiera hacer es indispensable.

Roma-Iztapalapa. “A mí siempre me ha gustado pintar en Iztapalapa, en San Pedro Mártir o en lugares donde se necesite enchulamiento de la calle”. Mauricio-Funkycook quiere plasmar a personas reales, que voltean a ver su arte y se vean identificada. Piensa en quienes le ofrezcen agua y fruta cuando ven que con su obra está ayudando mejorar con sus obra.

En Tlaxcala, donde esta mucha de su obra de corte más folklórica, mexicana, esto se ha presentado siempre. En la Ciudad es distinto, así que en la capital disfruta más pintar en calles de La Roma.

La Roma actual es un universo con referentes al arte y si alguien quiere ser reconocido —que claramente todos los artistas lo quieren ser, señala— necesita estar presente en estos espacios. “Pintar aquí es garantía que por las redes sociales te siguen y te hagas conocer.”

El paquidermo de todos. En el Barrio de La Romita se ubicó hasta hace poco una de sus obras más conocidas: “El elefante”. Esta obra (la imagen acompaña estas líneas) fue motivo de infinidad de shelfies de quienes pasaban.  Pero más importante, los vecinos adoptaron al paquidermo. Lo convirtieron en parte del barrio.

Pero las obras de Mauricio no están pensadas para la eternnidad. El Elefante perdió color y durante las últimas lluvias recibió baños de barro cuando pasaban los autos. Algunos vecinos procuraron limpiarlo, pero era evidente que El Elefante, como todos los hijos queridos de este barrio, debía marcharse porque su tiempo se había cumplido.

Mauricio-Funkycook lo sustituyó meses más tarde por “La mujer de tres cabezas”... la gente  de La Romita preguntaba por qué les quitaba al paquidermo, aunque todos sabían que el viejo esplendor de la pintura no se recuperaría.

“El Elefante, lo adopto la gente, pero ya estaba muy viejo... Cuando lo pinte, pensé que me lo iban a rayonear luego, luego. pero no pasó y me dio la sorpresa de que cuando comencé el nuevo trabajo, muchos vecinos me pedía que no lo quitara, hasta me dieron ganas de pedir perdón”.

El elefante se ha ido. Es el tiempo de la mujer de tres cabezas (hasta que su tiempo termine también).

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